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Sábado, 13 Abril 2024
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Desde hace casi 60 años, don Mario Soto, anima Rezos del Niño. Este conocido cantautor y folclorista de San Rafael de Alajuela, comenzó a tocar en rosarios desde muy joven, tenía unos 18 años cuando conoció a un señor español que era rezador y le pidió cantar.

Esta persona le enseñó muchos cantos que don Mario todavía conserva y que interpreta todos los años, acompañado del acordeón, la guitarra (un requinto) y su voz. Son Rezos del Niño muy alegres y llenos de devoción.

Don Mario usualmente es acompañado por Fernando “Toro” Monge, en la música, y por su esposa, Ligia Cambronero, la rezadora. “No me gusta solo, me gusta que haya variedad”, dijo.

Manuel Eduardo Zamora Salazar se convierte a partir de este sábado 30 de diciembre en nuevo presbítero de la Diócesis de Limón. Este día, en el que su Iglesia particular celebra 29 años de erigida, recibe la ordenación presbiteral en una solemne eucaristía presidida por Monseñor Javier Román Arias, obispo diocesano.

Manuel ha tomado como lema de ordenación el versículo 16 de 1 Jn, 4: “He conocido al Amor y he creído en Él”. Su primera misa será el lunes 8 de enero, fiesta del Bautismo del Señor, en su parroquia de origen, Sagrado Corazón de Jesús, en Guápiles.

MENSAJE
DE SU SANTIDAD
FRANCISCO
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA
57 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 DE ENERO DE 2024

Inteligencia artificial y paz

Al iniciar el año nuevo, tiempo de gracia que el Señor nos da a cada uno de nosotros, quisiera dirigirme al Pueblo de Dios, a las naciones, a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los Representantes de las distintas religiones y de la sociedad civil, y a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo para expresarles mis mejores deseos de paz.

  1. El progreso de la ciencia y de la tecnología como camino hacia la paz

La Sagrada Escritura atestigua que Dios ha dado a los hombres su Espíritu para que tengan «habilidad, talento y experiencia en la ejecución de toda clase de trabajos» (Ex 35,31). La inteligencia es expresión de la dignidad que nos ha dado el Creador al hacernos a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26) y nos ha hecho capaces de responder a su amor a través de la libertad y del conocimiento. La ciencia y la tecnología manifiestan de modo particular esta cualidad fundamentalmente relacional de la inteligencia humana, ambas son producto extraordinario de su potencial creativo.

En la Constitución pastoral Gaudium et spes, el Concilio Vaticano II ha insistido en esta verdad, declarando que «siempre se ha esforzado el hombre con su trabajo y con su ingenio en perfeccionar su vida». [1] Cuando los seres humanos, «con ayuda de los recursos técnicos», se esfuerzan para que la tierra «llegue a ser morada digna de toda la familia humana», [2] actúan según el designio de Dios y cooperan con su voluntad de llevar a cumplimiento la creación y difundir la paz entre los pueblos. Asimismo, el progreso de la ciencia y de la técnica, en la medida en que contribuye a un mejor orden de la sociedad humana y a acrecentar la libertad y la comunión fraterna, lleva al perfeccionamiento del hombre y a la transformación del mundo.

Nos alegramos justamente y agradecemos las extraordinarias conquistas de la ciencia y de la tecnología, gracias a las cuales se ha podido poner remedio a innumerables males que afectaban a la vida humana y causaban grandes sufrimientos. Al mismo tiempo, los progresos técnico-científicos, haciendo posible el ejercicio de un control sobre la realidad, nunca visto hasta ahora, están poniendo en las manos del hombre una vasta gama de posibilidades, algunas de las cuales representan un riesgo para la supervivencia humana y un peligro para la casa común. [3]

El Padre Víctor Hugo Munguía parafrasea la canción “Cuando Salí de Cuba” de Luis Aguilé y canta: “Nunca podré morirme, mi corazón no lo tengo aquí, allí me está esperando, me está aguardando que vuelva (…) cuando salí del Seminario dejé mi corazón enterrado”.

“Ser sacerdote es bonito”, es una de sus consignas. Como presbítero ha tenido experiencias de todo tipo: bellas, tristes, profundamente espirituales, y hasta se ha “jalado tortas”, como aquella vez cuando le preguntó a una señora cómo seguía la mamá, a lo que ella contestó: “¡Pero Padre si usted le hizo el funeral!”.

Bruce Callow es un tico-canadiense radicado en nuestro país desde hace 30 años. Nació en Edmonton, pero creció principalmente en Calgary. Su provincia natal, Alberta, tiene una de las poblaciones de inmigrantes ucranianos más grandes del mundo, por lo que de alguna forma, cuando era niño, absorbió algo de esa cultura gracias a actividades culturales a las que le llevaban sus padres.

La comunidad de Santa Ana ha sido su hogar durante la mayor parte de las últimas tres décadas. Aquí trabajó como profesor de inglés, música y hockey y durante nueve años sirvió en la Embajada Británica gestionando proyectos y comunicaciones.

En los últimos años desarrolló su faceta como escritor, siendo coautor de libros sobre los costarricenses en la NASA y sobre las mujeres en la ciencia y la tecnología. Está casado, tiene dos hijos y un nieto.

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