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El Evangelio de la vida

By Mons. José Manuel Garita H. Enero 08, 2021

“El Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas”.

Así fue como San Juan Pablo II dio inicio a la Encíclica Evangelium Vitae, el 25 de marzo de 1995. Al mismo tiempo, advertía: “La aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en la misma ley es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido moral, que es cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida”, (numeral 58).

El Magisterio señala el aborto como un delito abominable. Lamentablemente, esta mentalidad y esta crisis moral llegó hace muchos años a Costa Rica, y ahora se materializa con la aprobación del “Protocolo de Atención Clínica para el procedimiento médico vinculado con el artículo 121 del código penal: Interrupción Terapéutica del Embarazo”.

Ya hace un año el Poder Ejecutivo había aprobado la Norma que facultaba lo que es el mal llamado “aborto terapéutico” en dirección contraria a lo que han sido los valores y la cultura de la vida por la cual abogó siempre nuestra nación.

En este espacio de Fermento, hace escasos días, les hablaba de que 32 países firmaron el pasado 22 de octubre la Declaración de Ginebra: Consenso sobre el fomento de la salud de las mujeres y el fortalecimiento de la familia.

Entonces indicaron estas naciones: “que no existe un derecho internacional al aborto, ni recae sobre los Estados una obligación internacional de financiar o facilitar los abortos, en consonancia con el consenso

internacional de larga data de que cada nación tiene el derecho soberano de implementar programas y actividades coherentes con sus leyes y políticas”. Lamentablemente Costa Rica no figuró en esa lista de países signatarios, y más bien tomó la ruta contraria.

No nos cansaremos de repetir que la vida es sagrada desde el momento de la concepción hasta su fin natural. No nos cansaremos de repetir que los niños no nacidos son seres humanos que merecen protección.

Hace un año también manifesté que la protección del indefenso es inherente a la misión del Redentor de los hombres, pues es su Iglesia la que enseña que el aborto y la eutanasia son siempre desórdenes morales graves que no podrán ser considerados, en forma alguna, como terapias o medidas remediales.

Que quede claro también que la Iglesia defiende la vida de la madre. Al igual que el niño no nacido merece cuidado y protección. Cualquier terapia debe ir en consonancia con la protección de ambas vidas.

Solo en un caso extremo, la teología moral habla del “principio del doble efecto”, que supone la licitud de llevar a cabo un acto en el cual exista una causa proporcionalmente grave para actuar, y la urgencia de la intervención supone un efecto negativo, el cual es el riesgo del aborto. La defensa de la vida estará siempre en el corazón de la Iglesia, más aún en este tiempo de Adviento, en que anunciamos la esperada segunda venida de nuestro Señor Jesucristo y conmemoramos su nacimiento.

Que la esperanza que nos da el Señor, nos permita actuar protegiendo siempre el primero y más sagrado derecho como lo es la vida.

 

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