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Miércoles, 02 Septiembre 2026
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“La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla.”

Gaudium et Spes, 16

La conciencia es el ámbito íntimo en el que cada persona reconoce su deber de hacer el bien y evitar el mal. No es una preferencia pasajera ni una autorización para actuar arbitrariamente: exige una búsqueda sincera de la verdad, una adecuada formación moral y la disposición de asumir responsablemente las consecuencias de las propias decisiones.

La Iglesia enseña que nadie debe ser obligado a actuar contra una conciencia rectamente formada. Al mismo tiempo, recuerda que toda persona tiene el deber de formar su conciencia a la luz de la verdad, la razón, la ley moral y el Evangelio. Un principio permanece firme: nunca es lícito realizar un mal para obtener un bien, evitar una dificultad o responder a una presión.

Por ello, cuando una persona considera que se le exige participar directamente en un acto gravemente contrario a la dignidad humana y a sus deberes morales, puede -y en determinados casos debe- invocar la objeción de conciencia. En este sentido, san Juan Pablo II enseña que el rechazo a participar en una injusticia constituye no solo un deber moral, sino también un derecho humano fundamental que debe ser protegido por la ley civil (cf. Evangelium vitae, 74). Esta consiste en negarse, de manera personal, pacífica, responsable y respetuosa, a realizar ese acto. No equivale a abandonar las responsabilidades profesionales ni a negar la dignidad de quienes tienen convicciones distintas; exige, por el contrario, buscar alternativas compatibles con el bien común y el respeto debido a todas las personas.

En este sentido, valoramos la resolución n.° 2026-031948 de la Sala Constitucional, que declaró inconstitucional prohibir de manera absoluta el ejercicio de la objeción de conciencia en las actividades clínicas y académicas de una especialidad médica. La decisión anuló actuaciones que habían rechazado la solicitud de una médica residente.

“Descubrir el Ordo Virginum -dice- fue también descubrir que existía en la Iglesia una forma de vida que expresaba aquello que comenzaba a crecer con tanta fuerza dentro de mi corazón: permanecer en medio del mundo, inserta en la realidad de mi diócesis, y al mismo tiempo entregar toda mi vida a Cristo como esposa”.

Con motivo del Centenario de la Coronación Pontificia de la imagen de La Negrita, el Santuario Nacional Basílica Nuestra Señora de los Ángeles y Teatro La Palabra presentaron una obra de teatro acerca de los hechos que rodearon a ese gran acontecimiento. 

De pequeño iba a coger café y a jugar en el campo. Pero cuando era adolescente, comenzó a notar a unos frailes franciscanos, le llamaba la atención la manera cómo vivían, sobre todo la fraternidad que tenían entre sí.  

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