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“Cada uno de nosotros somos esperanza para Costa Rica”

By Agosto 02, 2020

Aun en los momentos de más dolor, “en la oscuridad más densa de su vida”, María, Madre de la Esperanza, estuvo a los pies de la Cruz, junto a su hijo, “confiada, en medio de los sufrimientos, que debe vivir haciendo la voluntad de Dios”, al igual que entonces, hoy “no será el mal el que tenga la última palabra”.

Así se expresó este 2 de Agosto, Mons. Mario Quirós, obispo de Cartago, durante la celebración de la Solemne Eucaristía en honor a Nuestra Señora de los Ángeles.

Concelebraron el resto de los obispos de la Conferencia Episcopal y el Nuncio Apostólico, Bruno Musaró, quien transmitió el saludo con el mensaje y la bendición del Papa Francisco.

Los obispos diocesanos renovaron la consagración del país a Nuestra Señora de los Ángeles. Asimismo, colocaron la Bandera de Costa Rica a los pies de la Sagrada Imagen y se entonó el Himno Nacional, así como el Himno a la Reina de los Ángeles.

Mons. Mario tuvo a su cargo la predicación y reflexionó especialmente sobre María al pie de la cruz: “Al contemplar a María en la escena con su Hijo en la cruz, ella "no es aquella que protesta con violencia, que injuria contra el destino de la vida que se nos revela muchas veces un rostro hostil", (palabras del Papa Francisco).

“Ella -continuó Monseñor- permanece en una comunión profunda con el misterio de Dios, meditándolo en sus silencios más" profundos y fecundos junto a su Hijo”.

El obispo cartaginés enfatizó cómo en el momento de la crucifixión, cuando el Señor está agonizando, María permanece a sus pies. “Como madre, sigue creyendo contra toda esperanza, sigue confiando en la obra que se le anunció, sigue meditando todas las cosas en su corazón”.

“Ella en esa hora decisiva sigue dándolo todo por la fe, sigue diciéndonos que, en los momentos duros de la vida, de dolor y sufrimiento, pongamos nuestra mirada en Aquel que es capaz de dar esperanza donde no la hay, en el Señor capaz de transformar el llanto y sufrimiento en posibilidades de vida y nuevas experiencias de gozo y fortaleza ".

En ese sentido, el prelado añadió: “Tengamos esa confianza que no será el mal presente en el mundo quien tenga su última palabra, sino la confianza en el Señor”.

Procedió entonces a recordar también las palabras de María a san Juan Diego: “No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia ¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud?  ¿No estás por ventura en mí?”

El obispo cartaginés pidió a María acompañar al país en estos momentos, así como lo ha hecho a lo largo de la historia de la nación. “Y hoy no es la excepción”, exclamó.

El pastor diocesano también quiso reconocer el esfuerzo hecho en el país para contrarrestar la pandemia por el covid-19, “el valioso aporte de nuestras instituciones en bien de la salud pública”, el aporte del sector privado que “aporta para el bien de del país”, y aprovechó para valorar nuevamente el trabajo y compromiso del personal sanitario.

Asimismo, reconoció a aquellos hogares donde se ha acogido el llamado a la prevención, protegiéndose a sí mismos y a los demás, según mencionó.

“La Iglesia ha querido sumarse a esta normativa sanitaria importante, por lo que animo a que sigamos acogiendo este tipo de protocolos en función de nuestro bienestar sanitario", expresó.

Monseñor se refirió a la difícil situación que pasan los diferentes sectores productivos, entre ellos, los agricultores, pescadores, sector turismo, empresarial e industrial, y llamó al diálogo nacional.

"Urge en estos tiempos una propuesta de escucha y diálogo atento entre estos sectores, la mejor decisión es aquella que se toma bajo la escucha y reflexión de los distintos puntos de vista", expresó.

También manifestó su preocupación por la incidencia en el desempleo. “Hermanos y hermanas que claman por su trabajo digno para asumir sus responsabilidades. El desafío: ¿cómo abrir nuevas oportunidades para los desempleados? Será una reflexión de todos para solventar esta situación que empobrece más al costarricense” dijo.

De igual forma, habló sobre el fenómeno de “las cuarterías”, e invitó a pensar en cómo “ofrecer condiciones más dignas, más humanas, a muchos que viven en estas condiciones, expuestos a innumerables situaciones de peligro”.

Habló de las personas en situación de calle, y expuso que urgen respuestas efectivas y comprometidas de parte de todos para ayudarles y a la vez evitar que el virus haga estragos en esta población. En este punto, agradeció el esfuerzo de la Pastoral Social por atender a estos hermanos.

Hacia el final de su prédica, Monseñor hizo un llamado a la unidad y comunión, “se trata de atravesar este fuerte oleaje solidariamente”, “no solos ni indiferentes (…) sino de la misma manera en que hemos sido conformados como nación, unidos, y solidarios”.

E hizo hincapié: “No sin Dios, pues necesitamos de Él, de lo contrario quedamos sin esperanza, y perdemos el rumbo de nuestra barca Lo que estamos viviendo, nos ha puesto a volver nuestra mirada al Dios Creador y Salvador. Quien no conoce a Dios, en el fondo está sin la gran esperanza que sostiene toda la vida (cf E/2,12), o sea desespera”.

“La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, solo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo “hasta el total cumplimiento” (cf. Jn 13,1; 19,30) (Spe salvi, 27)".

Al cierre de la homilía, Monseñor expresó: “Cada costarricense, en la responsabilidad y consciencia de lo que debemos asumir en estos tiempos, es aporte, respuesta, solución; cada uno de nosotros somos esperanza para Costa Rica”.

Last modified on Domingo, 02 Agosto 2020 13:17
Danny Solano Gómez

Periodista, licenciado en Producción de Medios, especializado en temas de fe católica, trabaja en el Eco Católico desde el año 2009.

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