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¿La Virgen María es parte del Plan de Salvación?

By Mons. Vittorino Girardi S. Febrero 19, 2021

“Leyendo el libro de San Luis María de Montfort, “Tratado de la Verdadera Devoción” me he encontrado con esta afirmación: “Dios quiere revelar a María el plan maestro de la salvación. A través de sus manos podemos ver que en María está la luz de la salvación”. Leyendo esas afirmaciones, me pregunto: ¿Dios revela a María el plan de la salvación o ella misma es parte del plan de salvación que inicia con el misterio de la Encarnación?¿Me puede ofrecer un poco más de luz? Me uno a los lectores del Eco, para agradecerle su ayuda que dura ya desde hace años”.

Amir Sánchez L. - Cartago

 

Estimado Amir, agradezco su pregunta que nos da la oportunidad para aclarar el contenido de términos religiosos que usamos con frecuencia, pero que no siempre nos pueden resultar claros en su contenido.

Cuando hablamos de Plan o Designo de Salvación, nos referimos a todo cuanto Dios ha programado y ha ido realizando en favor de la salvación de los hombres, y que Él mismo ha revelado como promesa en el Antiguo Testamento y como realización o cumplimiento, en el Nuevo.

De su parte, San Pablo, denomina Misterio el mismo Plan divino de Salvación. He aquí un ejemplo entre otros posibles. En su primera carta a los Corintios escribe: “enseñamos como un misterio una sabiduría divina que estaba escondida hasta ahora, que desde un principio destinó Dios para nuestra gloria y que no fue conocida por ninguna de las fuerzas rectoras de este mundo [...] Como está escrito, lo que no vieron ojos, ni escucharon oídos, lo que por mente humana no pasó, lo que Dios preparó para los que le aman, eso lo ha revelado Dios a nosotros mediante el Espíritu” (2, 7-10).

El Designio de salvación ha llegado, pues, a su realización en lo que San Pablo mismo llama la “plenitud de los tiempos” (Gal 4, 4), con el misterio de la Encarnación y con el Misterio Pascual, es decir, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, misterios que se hacen presentes en las celebraciones litúrgicas de nuestra Iglesia.

Ahora bien, si el Plan de Salvación, trazado desde antiguo culminó en su Actor por excelencia que es Cristo, no debemos excluir de él a otros Actores, como ha sido el Pueblo de Israel, destinatario y portador de las promesas, y en él de un modo particular los Profetas y cuantos fueron fieles al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob y a la Ley dada por Dios por medio de Moisés.

Se trata de un camino de siglos que converge en María Santísima, quien acoge el Misterio que es Jesús, Palabra hecha carne (cfr Jn 1, 14), el Hijo del Altísimo (cfr Lc 1, 32).

Como lo ha dejado escrito Miguel de Unamuno (1864-1936): María representa, mejor aún, es la humanidad que por los caminos de la humildad y de la obediencia, “sube” hacia Dios, y en ella, por los caminos de la humildad y de la obediencia “baja” el Hijo de Dios.

Nos resulta clara, pues, la afirmación de San Luis M. Grignon de Montfort cuando escribe que Dios quiere revelar a María el Plan de Salvación. Afirmación que cabe entenderla en dos sentidos. Primero, en el sentido de que el Plan salvífico se manifiesta plenamente o se de-vela, cuando María expresa su plena disponibilidad a ese Plan divino diciendo: “He aquí la esclava del Señor, que se cumpla en mí tu palabra” (Lc 1, 38)… Y el Verbo tomó carne en ella. Y San Luis M. Grignon, apunta a este primer sentido, cuando escribe: “en las manos de María está la Luz de la salvación”, a saber, Jesucristo.

Sin embargo, María, además de ser, en lo que acabamos de evidenciar, actora tan importante en la realización del Plan divino de Salvación, es también destinataria de su misma revelación. En efecto, Dios por medio de la Anunciación y de la ulterior iluminación del Espíritu Santo, le concede a María conocer progresivamente el mismo Plan de Salvación, que consiste en definitiva en un “derramarse” de la misericordia de Dios “de generación en generación” como ella misma lo expresa en su cántico de acción de gracias, el Magnificat (cfr Lc 1, 46-55).

San Luis M. Grignon, expresa todo esto escribiendo: “Dios quiere revelar a María el Plan maestro de la Salvación”.

Naturalmente, se trata de un Plan que también para María, tiene sus sorpresas, como cuando Jesús se queda en el templo en Jerusalén, causándole a ella y a José, una íntima y profunda angustia (cfr Lc 2, 48-50). Sin embargo, ella reacciona frente a estas “sorpresas”, con el abandono propio de la fe, como se lo había expresado su prima Isabel, “dichosa tú que has creído” (Lc 1, 45). Ella es la madre de Jesús, Sabiduría eterna del Padre, pero a la vez su “primera” discípula, no tanto en orden de tiempo, sino, en cuanto que modelo para todo discípulo de Cristo. Ella es por excelencia la “Virgen oyente de la Palabra”, como en su momento la nombró San Pablo VI.

 

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