

Los 40 Días por la Vida, la vigilia pacífica de oración y ayuno por el fin del aborto vuelve este año a realizarse frente a seis hospitales del país. En concreto, se realiza desde el pasado 27 de setiembre y se extenderá hasta el 5 de noviembre próximo.
Según han comunicado sus organizadores, la vigilia se realiza frente a los siguientes centros médicos: Hospital San Rafael de Alajuela, Hospital San Francisco de Asís en Grecia, Hospital de Guápiles, Hospital San Vicente de Paúl en Heredia, Hospital San Juan de Dios en San José y Hospital Dr. Carlos Luis Valverde Vega, en San Ramón.
“Nos sentimos muy alegres que ha nacido una campaña en Guápiles, organizada por jóvenes interesados en llevar un mensaje positivo provida a su ciudad. Esta campaña es fruto del Día Nacional de la Juventud realizado en julio. También nos sentimos muy agradecidos con Dios por la perseverancia a través del tiempo de los voluntarios de las otras cinco campañas que año con año salen a las calles para dar testimonio del amor y la misericordia de nuestro Señor Dios de Vida”, explican en la comunicación.
Su voz es inconfundible y en el escenario su presencia cautiva. Hablamos del pequeño Lucas Guerrero Chavarría, quien gracias a su talento se mantiene en el programa “Nace una Estrella”.
Muchos se deleitan cada semana con sus canciones, especialmente cuando interpreta música de mariachi, uno de sus géneros favoritos, pero lo que pocos saben es que Lucas comenzó cantando en el coro Ministerio Nueva Alianza, en la Parroquia Nuestra Señora de los Desamparados, en San José, comunidad en la que también sirve como lector.
A sus ocho años, sorprende la naturalidad de Lucas frente a las cámaras, misma que lo llevó a audicionar con éxito en el conocido programa televisivo.
Este pequeño gran artista cursa el tercer grado de la escuela, donde se esfuerza porque quiere llegar a ser especialista en robótica, profesión que sueña con seguir combinando con sus otras pasiones: la música y el dibujo. Es hijo de Jazmín Chavarría Monge y nieto de Bernardita Monge y Warner Chavarría, desamparadeños de toda la vida muy conocidos y queridos en la parroquia.
“Monseñor: Hace poco hemos celebrado la fiesta de los santos Pedro y Pablo. Como siempre, en la homilía, el sacerdote ha hecho referencia a san Pablo como al Apóstol de las gentes y a sus numerosos viajes misioneros… Creo que no he sido el único en preguntarme, ¿y cuáles han sido esos viajes misioneros? Es frecuente escuchar a los sacerdotes predicándonos como si nosotros conociéramos lo que ellos, por sus largos años de estudio, conocen. Mucho le agradezco, Monseñor, si tiene la bondad de satisfacer mi curiosidad”.
Esteban Vega L. – Cartago
Estimado Esteban, comprendo su inquietud que nos hace constatar, otra vez más, que no es nada fácil preparar y ofrecer una adecuada homilía. Nuestro Papa Francisco, en varias ocasiones, nos ha hablado del deber de prepararla con esmero y llegó a decir que algunas homilías son “un desastre”.
Por otra parte, nos ha dicho que las homilías no deben ser… largas. ¿Cómo pues, en pocos minutos, poder ofrecer a nuestros fieles un mensaje “sustancioso”, claro, que refleje los intereses de los oyentes y que alcance la mente y el corazón de nuestros fieles?
Si a todos los que presiden nuestras liturgias, les animamos pues, a que acojan con humildad y compromiso, las exhortaciones del Papa Francisco, a nuestros fieles, les decimos que no se conformen sólo con las homilías para conocer y profundizar en el conocimiento y en la práctica de nuestra doctrina cristiana.
Y volvamos ahora a san Pablo y sus viajes. Las necesarias informaciones acerca de la vida y de la actividad misionera de este gran Apóstol, están contenidas en los Hechos de los Apóstoles y en las Cartas por él escritas.
La comunicación ha desempeñado un papel vital para promover la vida eclesial y para mantener una conexión significativa entre sus miembros. Su análisis y comprensión son fundamentales para discernir la dinámica de la Iglesia en el mundo. “La comunicación debe ser una gran ayuda para la Iglesia, para vivir concretamente en la realidad, favoreciendo la escucha e interceptando los grandes interrogantes de los hombres y mujeres de hoy”.[1]
Quienes han seguido este humilde aporte constatarán que hemos establecido algunos aspectos que nos permiten vislumbrar las motivaciones, los contextos y el manejo de la comunicación en la Iglesia naciente.
Primeramente, trazamos una ruta a partir de los Evangelios, el libro de los Hechos de los Apóstoles y de algunas cartas neo testamentarias que, junto a otros autores claves en los primeros siglos de la Iglesia, nos permiten entender tanto la comunicación en las primeras generaciones cristianas, como los procesos de instauración de las Iglesias y algunos atisbos sobre la vivencia de su fe y el orden “institucional” en las mismas.
Un acercamiento comunicacional, de orden técnico, enfrenta la particularidad de que, en ese camino recorrido reconocemos a Dios actuando en la historia: “Nuestra salvación, la que Dios quiso para nosotros, no es una salvación ascética, de laboratorio sino histórica y Dios, hizo un camino en la historia con su pueblo”[2]. La Iglesia es “pueblo de Dios” y no una simple sociedad de personas que coinciden en un proyecto común.
Al considerar a Dios como la variante fundamental de nuestro proceso, no olvidamos que la Iglesia “es católica incluso en el sentido de que nada de lo que es humano le puede ser extraño”[3], antes bien ella lo constata, y a veces con dolor, en carne propia.