

En este 2023, el predicador católico Salvador Gómez está celebrando 50 años de compartir un mensaje de paz y de amor fundamentado en la Palabra de Dios. Son miles y miles las personas que lo escuchan a diario o que se encuentran con él en los diferentes eventos y lugares donde es llamado a compartir sus reflexiones. Solo el anuncio de su presencia llena templos y estadios, un don que afirma ser parte de su misión de evangelizar y catequizar a todo aquel que escuche sus mensajes. Conversamos con él y este es un extracto del diálogo:
Es uno de los laicos más conocidos en Latinoamérica por su don de la predicación ¿Siente que ha abierto camino para que otros laicos se animen a poner sus dones al servicio de Dios?
Sí. A mí me toco ser pionero en la evangelización sobre todo en los medios de comunicación. Sí, había laicos trabajando en la Iglesia, en la Acción Católica había laicos, ya estaba Cursillos de Cristiandad, estaba incluso la Renovación Carismática, pero trabajando en sus parroquias, en sus grupos, en retiros, pero a mí me tocó aparecer con una biblia en la mano con saco y corbata en la televisión, eso era algo diferente, algo nuevo, algo que no se había visto. Me tocó abrir camino en la evangelización en los medios de comunicación y así me conocieron y eso, sí, animó a muchos a tal grado que ahora hay estaciones de televisión católicas, hay muchos canales, predicadores laicos, pero a mí me tocó abrir camino con la gracia de Dios y sí reconozco que fui un pionero.
¿Qué dificultades ha encontrado en estos 50 años y cómo las ha sobrellevado?
La primera dificultad era la desconfianza, como te digo, yo estaba con una biblia, un saco, una corbata, se decía “este hombre es protestante”, o sea, todo mundo pensaba que yo no era católico que yo quería incluso hacer mi Iglesia, muchos creían que yo lo que quería era buscar gente que me siguiera, etc. Pero, gracias a Dios cuando me escucharon yo siempre me mantuve fiel al magisterio citando los documentos del Papa, a los obispos, y manteniendo mi predicación sobre la doctrina católica se fue desvaneciendo ese temor. Luego, otro temor que era el asunto del dinero, estos andan predicando para que les den dinero, para tener dinero. Mira, la Palabra de Dios es gratis, pero verla en la televisión es caro, tener los equipos, los técnicos, todos esos recursos para filmar, editar y poner… eso es caro, y entonces cuando la gente me invitaba, yo les decía voy pero ayúdenme para que yo no tenga que gastar y pagar boletos de avión, todo ese tema también fue un poquito difícil, pero gracias a Dios hemos ido ganando confianza y credibilidad.
¿Cuál es el reto más grande que tuvo que enfrentar en estos 50 años?
Fue cuando tuve que pasar por la nulidad de mi matrimonio. Y esto espero que no los escandalice, pero la que era mi esposa me dijo: “ya me cansé de ser la esposa de Salvador Gómez, yo quiero la nulidad del matrimonio, yo quiero separarme, divorciarme”. Le dije, yo no me voy a divorciar, esto hay que ponerlo en manos de la Iglesia y si la Iglesia declara que hay nulidad te doy el divorcio. Tanto que el Tribunal Eclesiástico de Guatemala no me quería aceptar mi solicitud de trámite, porque no tenía divorcio civil y ellos decían que primero me tenía que divorciar y después presentar el trámite de nulidad y yo les decía que si no me dicen que esto va a terminar en una nulidad no me voy a divorciar y eso fue un círculo. Entonces, estudiaron la causa, Monseñor Aguirre era el presidente del Tribunal, me dijo sí, hay causas de nulidad, se decretó la nulidad, me dieron la nulidad y ese episodio hizo que muchos sacerdotes y, fíjense ustedes, muchos laicos más que sacerdotes, me rechazaran, pues no manejaron el tema de nulidad sino de divorcio, pero gracias a Dios tuve el apoyo de obispos y cardenales, ellos fueron más comprensivos. Eso pasó ya hace 25 años y he seguido la mitad de mis años de predicador, predicando gracias a la aceptación, apoyo, tolerancia de obispos y sacerdotes que fueron después abriendo la puerta.
¿Cuál es el tema que más le piden?, ¿Tiene usted alguno preferido?
El tema que más me piden es sobre la familia, sobre el matrimonio, los hijos, sobre la participación de la familia en la Iglesia. Ahora, a mí me interesa hablar sobre la participación activa de los laicos dentro de la Iglesia y también sobre todo lo que más me apasiona es explicar cómo más allá de la Iglesia, me gusta mucho hablar con empresarios, en los colegios, con políticos, con gente diciéndole, ustedes son laicos y deben trabajar con los valores cristianos en el mundo. Siempre digo que la mejor manera de evangelizar es brillar, que la gente vea tu vida como testimonio, empresario, te vea como maestro, médico y vean la diferencia entre un hombre cristiano católico y otro que solo trabaja por lucro. Nosotros buscamos el bien, el servicio a los hermanos, esos son mis temas que me apasionan, la participación de los laicos en la familia, en la iglesia y en el mundo.
¿Qué piensa del deseo del Papa de una Iglesia que camine junta, humilde, pobre y abierta?
Bueno, ese fue el sueño de Jesús, es el sueño de todos los que queremos seguir a Jesús. El Papa Francisco es un hombre, un pastor con olor a oveja como él dice, es un hombre más pastoral algunas veces incomprendido, a veces deja opiniones personales y todo lo que un Papa dice todo el mundo lo toma como doctrina, no conocen bien la diferencia entre hablar cátedra a hablar de la doctrina y sus opiniones, pero me parece excelente, la Iglesia ésta en camino, vamos a las periferias, debemos abrirle la oportunidad a todos los que quieran con un corazón bueno y recto aceptar el llamado a la conversión. Esa es mi opinión, hay que abrir la puerta a todos, pero para que todos acepten el llamado a la conversión y caminen hacia la santidad.
¿Qué anécdota recuerda y que no haya podido olvidar?
Sobre todo en la televisión, para mí ha sido increíble que yo estoy dando un tema , estoy predicando y alguien te está escuchando y dice -está hablando para mí- tengo muchas anécdotas, por ejemplo un día un hombre dijo: “hoy si voy a matar a mis vecinos”, sacó la pistola y pasó por la sala y su esposa estaba viendo el programa en ese momento miró a la esposa, miró el televisión y yo estaba diciendo no mates a tu enemigo, al enemigo se le destruye de dos maneras, una es matándolo y la otra es haciéndolo amigo, si lo matas vas a multiplicar tus enemigos, si lo haces amigo vas a multiplicar tus amigos, él dice que se sentó y empezó a escuchar, y dice, eso cambió mi vida, por usted no soy asesino, o sea, así te puedo contar millones de anécdotas de la gente que oyó una palabra en el momento preciso a través de la televisión.
¿Piensa retirarse algún día?
“Tengo una compañera que en varias ocasiones me ha comentado que ella cree en Dios, que le pide perdón cuando ha fallado en algo y que pide su ayuda y su protección para ella misma y su familia. Me dice que ha llegado a esa conclusión después de haber visto que también en Costa Rica hay varias religiones, varias sectas, que se dicen cristianas y que todos sus jefes o responsables buscan sus intereses, sobre todo de tipo económico. Es por eso que ella prefiere no pertenecer a ninguna religión, pero sin renunciar jamás de pedir a Dios y a ser justa con el prójimo. Algo le comento a esa amiga mía y le animo a que pida luz al Señor para encontrar el camino correcto, sin embargo, Monseñor, me será de mucha utilidad lo que usted me quiera decir y se lo agradezco de corazón”.
Grettel Martínez V. - San José
Estimada Grettel, leyendo su correo, afloró a mi mente aquella antigua afirmación: “no pocos errores se mantienen y se difunden por la parte de verdad que poseen”. Es lo que, una vez más, constatamos en lo que afirma y repite, su compañera. En efecto, en cualquier circunstancia y, entonces, en cualquier religión a la que uno pertenezca, lo que más cuenta, lo realmente determinante es la responsabilidad personal. Quiero evidenciar, que no es la pertenencia a tal o cual religión lo que nos asegura la salvación, sino cómo, cada cual de nosotros da respuesta a esa voz que resuena -como lo afirma el Concilio Vaticano II- en lo profundo de nuestra conciencia y que es la voz de Dios que nos repite, haz esto y evita aquello (cfr. Gaudium et Spes 16).
Concretamente: no es suficiente pertenecer a la religión cristiana católica, para asegurarnos la salvación.
Sin embargo, un vez afirmado esto, hay que tener bien presente que es precisamente, la voz de la propia conciencia la que nos impulsa a buscar la verdad (para eso, el Señor nos ha dado la inteligencia), y así, poder descubrir la verdadera religión en que se nos aseguran los medios más aptos para conocer a Dios y su santa voluntad, para que así podamos libremente adherirnos a Él, con gratitud, confianza y esperanza.
El documento que recoge las razones por las cuales se puede impulsar un doctorado eclesial para Edith Stein o Santa Teresa Benedicta de la Cruz, OCD, establece lo siguiente:
“Dentro del Pueblo de Dios, existe hoy un amplio conocimiento de Edith Stein, sobre todo
por su experiencia como judía, filósofa y carmelita, su espiritualidad centrada en la Cruz y su martirio, elementos que también han sido señalados a menudo por los pastores de la Iglesia, en particular por los papas de las últimas décadas.
En su Encíclica Evangelium Vitae, San Juan Pablo II habla del heroísmo cotidiano, hecho de pequeños o grandes gestos de solidaridad, entre ellos, “merece especial reconocimiento la donación de órganos, realizada según criterios éticamente aceptables, para ofrecer una posibilidad de curación e incluso de vida, a enfermos tal vez sin esperanzas”.
Padres de la Iglesia llamamos a aquellos que, con la fuerza de la fe, con la profundidad y la riqueza de sus enseñanzas, “la engendraron y formaron en el transcurso de los primeros siglos”.[1] Estos eslabones vivos de la transmisión de la fe apostólica iluminan a la Iglesia no sólo por la excelencia de su doctrina sino con su testimonio “porque la primera y mayor enseñanza de los santos es siempre su propia vida”.[2]
Los Padres comunican el evangelio de Cristo en situaciones adversas, luchando contra toda adulteración de la Palabra de Dios, contra toda falsificación de la verdad, contra toda tergiversación del depósito de la fe. Su solidez doctrinal y moral queda plasmada en la firmeza contra las herejías y contra los equívocos y abusos, incluso, dentro de la propia Iglesia.
En clave general, vemos como la comunicación del Evangelio debe enfrentar los ataques de los herejes, las propuestas gnósticas y las persecuciones de paganos por un lado y los judíos por el otro. Otro factor determinante será la nueva era cristiana introducida por el Edicto de Tolerancia de Constantino y la interacción de los cristianos en los nuevos ámbitos que esta “indulgencia” sugieren.
El papa Benedicto XVI, en los años 2007 y 2008, elaboró una profunda reflexión sobre los Padres de la Iglesia que permiten plantear, individualmente y en conjunto, algunos aspectos importantes del camino y, por ende, de la comunicación de la Iglesia en la historia. Analizando cada una de sus propuestas presento, bajo riesgo de omisión, cuatro hombres de Iglesia, innovadores y agudos en el arte de comunicar: San Clemente Romano, San Ignacio de Antioquia, San Justino Mártir y San Juan Crisóstomo.
San Clemente Romano[3]
San Clemente, obispo de Roma en los últimos años del siglo I, es el tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Anacleto. El testimonio más importante sobre su vida es el de san Ireneo, obispo de Lyon hasta el año 202, el cual atestigua que san Clemente "había visto a los Apóstoles", "se había relacionado con ellos" y "tenía todavía la predicación apostólica en sus oídos y su tradición ante sus ojos" (Adversus haereses, III, 3, 3).
Se le atribuye la Carta a los Corintios. Al inicio de este texto, san Clemente se lamenta de “las repentinas y sucesivas calamidades y tribulaciones". Estas "adversidades" se identifican con la persecución de Domiciano: por eso, la fecha de composición de la carta se debe remontar a un tiempo inmediatamente posterior a la muerte del emperador y al final de la persecución, es decir, inmediatamente después del año 96.
La ocasión inmediata de la carta permite al Obispo de Roma explicar con amplitud la identidad de la Iglesia y su misión. Si en Corinto ha habido abusos, observa san Clemente, el motivo hay que buscarlo en el debilitamiento de la caridad y de otras virtudes cristianas indispensables.