

De pequeño iba a coger café y a jugar en el campo. Pero cuando era adolescente, comenzó a notar a unos frailes franciscanos, le llamaba la atención la manera cómo vivían, sobre todo la fraternidad que tenían entre sí.
Durante la homilía, el sacerdote logró hacer que la asamblea profundizara en el Misterio Pascual, pudo captar la atención de los presentes, enlazar las lecturas y las oraciones con el mensaje, y por último motivó a las personas a salir con un corazón renovado.
Lo anterior podría describirse como una “homilía ideal”. Sin embargo, hay ocasiones en las cuales los fieles lanzan críticas como: “Que el padre habla mucho, que parece un regaño, que es aburrida, que repite la misma idea una y otra vez, que parece un discurso político o una conferencia teológica”...