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Llena tu corazón de valor y tu valor de confianza en Dios

By Yenier Antonio Salazar H. / Seminarista Septiembre 09, 2021

Soy de Santa Marta de Río Nuevo, Pérez Zeledón. Pertenezco a la Parroquia San Ramón Nonato de la Diócesis de San Isidro. Provengo de una familia católica practicante. Crecí con mis padres, cursé la escuela y el colegio con normalidad, así como la universidad, soy Ingeniero Agrónomo, Licenciado del TEC y Licenciado en Docencia de la UCC.

Mi fe se desarrolló al lado de mi familia, pero más específico con mi abuela materna, Adita Elizondo Calderón, que de la paz goce. Con ella me enamoré de Jesús y de María, por medio del servicio en el canto, la Legión de María y el ser catequista. Nunca había pasado por mi mente la opción de ser sacerdote, ni siquiera la intención. Siempre he sentido mucha admiración por los sacerdotes, a tal punto que consideraba que eso era de valientes, y lo sigo pensando. Recuerdo que siento el llamado cuando estaba en la Universidad, tenía entre 20 y 21 años. Servía como catequista y cantor en una filial de una parroquia de la Diócesis de Ciudad Quesada, y una vez salí de la capilla y en mi mente tuve un pensamiento, una sensación, una voz que no puedo explicar, sobre el sacerdocio, pero solo dije “son loqueras mías, debo dejar eso”, recuerdo que algo le había contado a mi mamá, y tomé la decisión de “no hacerle mente”, ya que mis proyectos eran otros.

Finalizando la universidad, gano una beca para una pasantía en USA durante mes y medio, luego empiezo a buscar trabajo y rápidamente me contratan, inicio con mucho entusiasmo, pero aquel pensamiento, la sensación, la voz sobre el llamado en mi corazón volvió.

Empiezo a buscar excusas. Luego surge una oportunidad de estudiar en el extranjero, pero no hubo frutos. Yo cambio de trabajo, me propongo nuevos objetivos, sigo estudiando, pero la inquietud vocacional aumenta hasta que no aguanto más, y un día frente al Santísimo en Catedral le dije al Señor: “aquí estoy, si esto es lo que quieres para mí, haz todo para que pueda serlo, por voluntad propia no puedo y tú ayuda a mi familia”. Y así fue, todo lo dejé en manos de Dios, ahí surgió el valor de hablar con un sacerdote.

Fue espontáneo, ya que me animé a hablar con el Padre Édgar Orozco porque él antes de celebrar la misa de 4 p.m. en Catedral sale al atrio a recibir a las personas y ese día pasé y lo saludé, me alenté a conversar con él. Me escuchaba y acogía mis inquietudes, existía un temor grande de contarlo, de gritarlo, sentí paz al decirlo y al recibir su acogida, de él escuché las palabras del título de este testimonio.

Me dominaba el miedo. Sentía incertidumbre y duda, ¿por qué a mí?, si “yo ya tenía todo”. Era irreal. Recuerdo mi temor de realizar los procesos vocacionales, pero encontré la paz y la alegría cuando le dije sí al Señor en la carta para entrar a mi primer año, le dije: aquí estoy para seguirte y amarte, para hacer tu voluntad.

No existen palabras para expresar el gozo que siente mi corazón sobre como el Señor actúa en mi vida, para que yo haya tenido el valor de dar una respuesta; respuesta a un llamado que el Señor me había hecho hace muchos años. A mis 26 años me encuentro en el Seminario Nacional cursando el II semestre de la etapa Iniciando el Camino de Discipulado, contento y con mucho entusiasmo de escuchar al Señor y seguir su Palabra.

Recuerda llenar tu corazón de valor y ese valor de confianza en Dios, para que puedas decirle con entrega y paz al Señor, aquí estoy para hacer tu voluntad, porque como dice el Papa Francisco, no tengas miedo, lo pide el Señor, y sin duda, vale la pena decir que sí.

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