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Seminario: experiencia formativa más que un lugar físico

By Michael Ricardo Varela Quesada / Seminarista de III Formando Pastores al Estilo de Jesús Septiembre 27, 2021

Es inevitable mencionar el tema de la pandemia cuando nos queremos referir a la experiencia vivida en estos dos últimos años (2019-2021). Sobre todo para quienes nos ha cambiado significativamente el modo de vida.

El ser de los seminaristas en Costa Rica, usualmente se pensó únicamente desde la estructura; aunque la Providencia divina, venía dándonos ya una nueva configuración, capaz de sostener la formación integral en medio de la coyuntura histórica.

El deseo por una formación integral, hizo que por muchos años, los formadores fueran elaborando un sistema capaz de garantizar que los seminaristas pudiesen formarse en todas las dimensiones (Humana-Espiritual-Intelectual-Pastoral) y este sistema, fue el que logró, a pesar de la contingencia pandémica, que al día de hoy, desde muy diversos lugares del país, podamos seguirnos formando.

En mi caso, soy seminarista de la diócesis de San Isidro y estoy designado, durante este año formativo, en la Parroquia San Juan Pablo II de Palmar Norte, a cargo del Pbro. Gerardo Fernández, quien, como dato interesante, es oriundo del mismo pueblo en el que nací, Bolivia de Platanares en Pérez Zeledón.

Esta nueva experiencia formativa, con todas sus especificidades, se ha llegado a convertir en un elemento valioso a la hora de abordar la formación, ya que he podido combinar la formación integral, que por varios años he venido recibiendo, con la experiencia pastoral “encarnada”, o sea, poder hacer el enlace de la teología “teórica” con la teología “práctica” que solo se va haciendo por medio de la experiencia y el contacto personal con los fieles cristianos en sus muy diversas realidades. 

Un ejemplo muy claro de esto, ha sido la experiencia de la acogida de migrantes y de nómadas, o sea, tanto personas que por motivos políticos o económicos han tenido que salir de sus países, tanto como de personas que por simple gusto, se dedican a recorrer el mundo, unos lo hacen en bicicletas, otros caminando, etc. Y esto me ha dado perspectivas nuevas y preguntas nuevas, incluso en el ámbito vocacional. Por ejemplo me he preguntado ¿Cuáles son las convicciones que les sostienen en sus travesías durante tanto tiempo?, algunos llevan meses, otros llevan años; algunos pretenden volver a sus casas, otros no saben si algún día lo podrán hacer, etc.

Del mismo modo me cuestiona en mi ser pastoral las otras realidades fuertes a las que nos enfrentamos en esta porción de tierra, tales como el narcotráfico violento y creciente, la corrupción de los entes policiales, la desintegración familiar, las adicciones, el hurto, la indiferencia (dicho sea de paso, uno de los elementos más dañinos para la sociedad), entre otras muchas problemáticas.

De tal modo que, en referencia a la “nueva formación” que estamos viviendo como seminaristas, y en mi caso concreto, como seminarista del séptimo año de la formación, creo que ha sido de  una riqueza invaluable. Aunque no puedo dejar de decir que el aprovechamiento de esta experiencia va a variar mucho, dependiendo las  circunstancias en las que cada seminarista se encuentre, tanto su nivel formativo, como su edad, como la parroquia en la que haya sido designado o el equipo sacerdotal que le acompañe, y esto podría llegar a ser determinante en su eventual ejercicio ministerial.

Es por ello que aprovecho para invitar a todos cuantos leen este artículo, a que sean solidarios también con los seminaristas a quienes conocen, sobre todo solidarios en la invitación a la labor social que tanto bien nos hace y solidarios en la oración que tanto necesitamos. Dios les bendiga.

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