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¡Laudem Gloriae! Parte I

By Lic. Lisandra Chaves Septiembre 09, 2021

Cada día vemos a una humanidad que corre desbocada hacia el abismo (la muerte sin Dios), angustiada porque no pudo tener éxito en todo, egoísta porque solo piensa en sí misma; sin valores morales que le hacen caer en cualquier acto corrupto y sin fe, lo cual le hace cometer cualquier cosa porque la dominan sus pasiones desordenadas y sus instintos.

Vemos como se impone el aborto, la eutanasia, las ideologías que quieren acabar con la familia, tal como Dios la concibió. Cada vez vemos más drogas, trata de personas, abuso sexual, guerras, hambre, pobreza y eso sin contar el descarte, tantos adultos mayores abandonados por sus familias y personas sin trabajo porque ya no son consideradas valiosas para el mercado.

Ante esta vorágine necesitamos escuchar el grito de esta carmelita descalza del siglo XIX, Santa Isabel de la Trinidad quien nos dice: ¡Laudem Gloriae! Ese grito es el verdadero sentido de esta vida, no el que el mundo nos quiere imponer, y entre más pronto logremos que toda la humanidad comprenda esto, más almas podremos salvar del abismo que implicaría perder el cielo, la eternidad y la vida gloriosa en Dios.

Entre los santos del Carmelo, que son muchos, no es fácil encontrar a Santa Isabel, a veces opacada por las Doctoras de la Iglesia o por la gran filósofa Edith Stein, Santa Teresa Benedicta de la Cruz y tantos otros. Sin embargo, quien se encuentra con Isabel Catez encuentra un gran salvavidas para el mundo convulso de hoy.

Lo primero que esta carmelita descalza nos enseña es la inhabitación trinitaria, algo que muchos católicos no tienen presente, ni meditan en ello. Isabel es la gran maestra de la vida interior, quien nos enseña a descubrir que somos morada de la Trinidad, que tenemos tres huéspedes divinos y que poseemos el cielo en nuestra alma porque Dios habita en nosotros. Si las personas meditaran en este misterio ya esto sería un gran punto de inflexión en la carrera de la vida, un empuje a la conversión.

Algo muy hermoso en muchos de los santos del carmelo, es poder alcanzar la santidad en la vida ordinaria, pues esto toca la vida de la mayoría de las personas que no tienen gracias sobrenaturales. Lo anterior hace que Isabel (como Santa Teresita, sus papás, su hermana Leonia y tantos otros santos similares) se vea cercana y su modelo de santidad alcanzable pues esta santidad se basa sobre todo en una apertura a la gracia de Dios y en una disposición interior.

Así, Isabel se muestra como nosotros, simplemente se sintió amada por Dios. Ella solo se sentía casa de Dios y contó su experiencia de amor con la Trinidad a todos cuantos le rodearon para que pudieran tener una ayuda espiritual. Su madre y su hermana Margarita fueron las grandes herederas de su testamento espiritual, pero gracias a sus escritos y al Carmelo tenemos acceso a esta riqueza espiritual que fue su relación con sus tres huéspedes divinos.

Isabel es la maestra del uso del silencio, porque el silencio mal usado puede herir a otros, pero ella lo utilizó para entrar en comunicación con su Amor. Es también una mujer coraje que dejó su familia para seguir la llamada de Dios al Carmelo. Su prueba mayor no fue la muerte de su padre cuando estaba pequeña, sino que su madre se opusiera a su vocación hasta que cumpliera 21 años, tiempo en el que ella esperó con paz, aceptando la voluntad de Dios. Fue una virgen laica por algún tiempo que también nos enseñó que se puede estar en el mundo sin ser del mundo.

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