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Editorial: Pandemia de violencia

By Redacción Abril 19, 2021

Las perturbadoras imágenes de un hombre agrediendo a otro en plena autopista, a punta de puñetazos, fueron ampliamente vistas y compartidas a través de las redes sociales hace unos días.

Como es de esperar, algunos las vieron y compartieron morbosamente casi gozando de aquel espectáculo decadente, otros lo hicieron preguntándose e imaginándose qué hecho pudo haber desencadenado aquello y otros, los menos por cierto, se preocuparon por la situación de creciente violencia que es palpable en las calles de nuestro país.

Argumentan, desde su propia experiencia, que los ticos somos mucho menos tolerantes y corteses que antes con quienes compartimos las carreteras. Y eso que nunca hemos sido, sin dudarlo, los más pacíficos al volante.

¿Tiene sustento científico esta percepción que algunos han expresado luego de este y otros episodios tristes de violencia que han sido captados en video y compartidos masivamente?

La respuesta parece ser sí, y uno de los factores desencadenantes es sin duda la pandemia que hemos sufrido desde hace un año, con sus consecuencias a todo nivel en nuestra sociedad.

René Jiménez, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, explica en un artículo de agosto del año pasado que aunque no ocupe titulares, la violencia no ha desaparecido y que por el contrario, a causa de la pandemia más bien ha incursionado en nuevos ámbitos sociales.

Recordemos que al inicio de la enfermedad los trabajadores sanitarios denunciaban discriminación en el transporte público, luego vino la lucha, a veces campal, por los productos de higiene como el alcohol y el papel higiénico, y más tarde las abiertas muestras de rechazo y desacreditación pública a quienes se enfermaban de Covid-19 y sus familias.

Llegó entonces el confinamiento, el distanciamiento social, la prohibición de actividades masivas, el cierre de los templos, la restricción de la movilidad y la clausura de los espacios públicos.

El ambiente se precipitó cuando las consecuencias en el campo económico fueron -y siguen siendo- una realidad: cierre de negocios, desempleo, disminución del salario, suspensión de contratos, imposibilidad de pagar las deudas, desalojos, conflictos legales y familiares en un largo etcétera de problemas del que todavía no salimos como sociedad.

¿El resultado? Altísimos niveles de violencia acumulada, cargada a lo largo meses muy difíciles a en todos los ámbitos de la vida personal, laboral y social. Ni se diga de las agresiones desatadas en el interior de los hogares, especialmente contra las mujeres y los niños en estos meses, y cuyas consecuencias lamentablemente también conocemos.

Con esto no se justifican actos como los que lamentablemente hemos visto en las últimas semanas, para nada, pero sí los pueden explicar, y la comprensión de un fenómeno es el primer paso para su solución.

A un problema multifactorial corresponde una respuesta igualmente amplia: la reactivación económica es urgente y tiene que verse reflejada en acciones contundentes de parte de las autoridades políticas, es necesario que el sistema educativo se vuelque a una campaña por la paz, a la que deben de sumarse los medios de comunicación y los creadores de opinión, y por lo que más quieran, la vivencia espiritual de las personas no puede limitarse más.

Hay que volver a los templos, hay que sentirnos de nuevo amados por Dios y confortados en los sacramentos, vividos y celebrados en comunidad, como asamblea creyente.

La Semana Santa será sin duda un escenario propicio para ello. No son días de vacaciones como se dejó decir un alto funcionario público hace unos días, no, son una oportunidad para reencontrarnos en el recogimiento y la oración, para calmar las ansias, para llevar paz al alma y para reconstruir la vida a pesar de todo lo sufrido en el último año.

La falta de Dios en el corazón de las personas tiene consecuencias negativas en todos los campos de la vida social y es, en el fondo, el germen de la violencia que nos está carcomiendo.

Que lo comprendamos de una vez por todas y hagamos lo propio por darle a la fe el lugar que nunca debió perder en nuestra sociedad.

Last modified on Lunes, 19 Abril 2021 14:20

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