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Editorial: Los eufemismos del aborto

By Redacción Enero 08, 2021

Un eufemismo es una palabra o expresión más suave o decorosa con que se sustituye otra considerada tabú, de mal gusto, grosera o demasiado franca.

Últimamente, alrededor de asuntos graves sobre la vida en sociedad, viene siendo común su uso como una forma de enmascarar realidades que, se sabe de antemano, podrían ser rechazadas si se presentan tal cual son.

Se trata, como explica Manuel Casado, catedrático de la Universidas de Navarra, de cuestiones de enorme trascendencia y que están profundamente implicadas en las vidas de las personas, pues afectan cómo gestionamos temas como la enfermedad, la vejez y la muerte, el comienzo de la vida, el respeto a ella debido, la libertad y la autonomía personales, los derechos y deberes ciudadanos, la identidad misma de la persona. 

El debate público de estos temas, presentados a través de eufemismos, es engañoso y superficial, pues normalmente apunta a las emociones para desviar el sentido de lo que es justo, ético, científico y verdadero.

Se trata de un verdadero secuestro del lenguaje con fines ideológicos, una ingeniería lingüística al servicio de intereses que buscan renombrar la realidad para resignificarla y finalmente, cambiarla.

No es de extrañar que sea un arma a la que han recurrido a lo largo de la historia los sistemas totalitaristas, que a punta de camuflar el lenguaje han cometido los actos más atroces de que se tenga memoria.

La retórica nazi por ejemplo fue la que acuñó la despreciable frase “vida indigna de ser vivida”, para referirse a los sectores de la población a los cuales, según su perversa visión racial, se les negaba el derecho a la vida y por tanto justificaba para ellos horrores como los sufridos en los campos de concentración.

No es casualidad tampoco que eugenesia y eutanasia tengan una misma raíz etimológica, y finalmente el mismo resultado de exterminio.

Los eufemismos manipuladores no son entonces giros neutros del lenguaje, ni inocentes palabras teñidas de modernidad, se trata de una nueva visión solapada de las cosas, acorde con la ideología que los acuña.

Un eufemismo es la expresión “muerte digna”, que sin duda alguna será la próxima bandera de batalla ideológica en nuestro país para buscar acabar con los enfermos, los ancianos y quienes, desde la torcida visión de sus defensores, no significan nada más que un lastre para la sociedad de la productividad y del placer.

Llamar al aborto “interrupción del embarazo” también es un eufemismo, porque si se acaba con la vida del feto el embarazo no se interrumpe, sino que se acaba, se cancela definitivamente.

Igualmente denominar al feto abortado el “producto de la concepción”, o agregar la palabra “terapéutico” al aborto, cuando se sabe que ningún aborto es “terapéutico”, porque no cura ni resuelve la enfermedad de fondo que ha llevado a un punto crítico la gestación de la paciente.

Pero parece que se necesita usar esa palabra cuando hay que hablar de métodos inhumanos y salvajes para acabar con la existencia del feto, a punta de químicos o procedimientos como el aspirado, el curetaje o la cirugía, incluso en momentos en que ese ser humano en gestación podría vivir si se le dan los cuidados necesarios.

Es sencillo cargar, a punta de palabras rebuscadas y términos resignificados, contra el que no puede defenderse, contra el que no tiene voz, contra el más pequeño, contra el que tiene necesidad de ser protegido y justificar la barbarie en nombre de los derechos humanos.

Y esto no significa desentenderse de la vida y de la salud de la madre, sino tener una visión equilibrada en una situación tan compleja, donde la gran mayoría de médicos y personal sanitario en nuestro país, a lo largo de muchísimos años, han tenido muy claro como actuar incluso sin decreto de norma técnica o protocolo.

Llevan razón los obispos del país cuando denuncian que el protocolo aprobado por el Ministerio de Salud deja abierto un peligroso portillo para obligar a médicos ginecólogos a realizar abortos por causas emocionales o mentales. Parece, pues, ser ésta la intención, y no otra, la que anima esta nueva ofensiva contra la vida en Costa Rica.

¿Qué queda? Bueno, hacer lo propio evidenciando todas estas estrategias, no cayendo en las trampas políticas ni creyendo de buenas a primeras todo lo que se dice, no bajándole el tono a la gravedad del asunto, como pretendió alguna legisladora esta semana, formar, crear conciencia, comentar y manifestarse, y desde el campo político, en el momento en que de los laicos defensores de la vida dependa, desmontar todo este engañoso andamiaje contra la vida y restablecer la justicia, el bien y la verdad.

Sin miedo. La victoria, en Cristo, está asegurada.

 

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Last modified on Viernes, 08 Enero 2021 09:26

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