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Editorial: Todos hermanos

By Redacción Noviembre 01, 2020

El sábado 3 de octubre, en la fiesta del gran santo de Asís, San Francisco, el Papa que ha elegido su nombre como una señal inequívoca de su pontificado, firmó su nueva Carta Encíclica que lleva por nombre “Todos hermanos” (Fratelli tutti).

El documento surge, por un lado, como voluntad del Santo Padre para afianzar el rumbo que desea imprimir a la vida de la Iglesia en los albores del trecer milenio de la Redención, y por el otro, en medio de una crisis mundial sin precedentes a causa de la pandemia de Covid-19, que ha cobrado ya un millón de vidas y ha dejado a su paso la destrucción de las economías y la transformación de prácticamente todos los campos de la vida humana en sociedad.

“Todos hermanos” el título que el Papa ha establecido para su nueva encíclica dedicada, como leemos en el subtítulo, a la “fraternidad” y a la “amistad social”.

Francisco, explica Andrea Tornielli, director del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, eligió las palabras del santo de Asís para inaugurar una reflexión que le interesa mucho sobre la fraternidad y la amistad social y, por lo tanto, tiene la intención de dirigirse a todas sus hermanas y hermanos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que pueblan la tierra. A todos, de una manera inclusiva y nunca exclusiva, superando con ello alguna polémica espúrea a propósito del título, que apunta a una inexistente intención de dejar a las mujeres fuera de la reflexión.

El nombre, por el contrario, apunta a un valor central del Magisterio de Francisco, que en la noche de su elección, el 13 de marzo de 2013, se presenta al mundo con la palabra “hermanos”. Y hermanos son los invisibles que abraza en Lampedusa, los inmigrantes, en su primera salida del Pontificado.

Shimon Peres y Abu Mazen que dan la mano al Papa en 2014 son también un ejemplo de esa fraternidad que tiene como objetivo la paz. Hasta la Declaración de Abu Dhabi del año pasado, también en este caso un documento sobre la “hermandad humana” que, según Francisco, “nace de la fe en Dios que es Padre de todos y Padre de la paz”.

Vivimos en una época marcada por la guerra, la pobreza, la migración, el cambio climático, la crisis económica, la pandemia: reconocernos a nosotros mismos como hermanos y hermanas, reconocer en quiénes nos encontramos un hermano y una hermana; y para los cristianos, reconocer en el otro quién sufre el rostro de Jesús; es una forma de reafirmar la irreductible dignidad de todo ser humano creado a imagen de Dios.

Y es también una manera de recordarnos que de las dificultades actuales nunca podremos salir solos, uno contra otro, Norte contra Sur, ricos contra pobres. O separados por cualquier otra diferencia de exclusión.

Con esta, serán cuatro visitas del Papa a Asís, después de las etapas del 4 de octubre de 2013 y la doble visita de 2016, 4 de agosto y 20 de setiembre. Un regreso que el obispo de la ciudad, Monseñor Domenico Sorrentino, espera con “emoción y gratitud”, consciente de que mientras el mundo sufre una pandemia que pone en dificultades a tantos pueblos y nos hace sentir hermanos en el dolor, no podemos dejar de sentir la necesidad de convertirnos sobre todo en hermanos en el amor”.

“Este gesto del Papa Francisco -como concluye el obispo de Asís- nos da nuevo valor y fuerza para 'recomenzar' en nombre de la fraternidad que nos une a todos”.

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