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Domingo, 24 Enero 2021
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San Charbel vivió bajo un itinerario ascético, tanto corporal como espiritual, acorde a las reglas y normas de la Orden Libanesa Maronita. El llamado “amigo de Dios”, solía trabajar en el campo exhaustivas horas labrando la tierra y cultivando la viña; dormía solamente seis horas, aunque su corazón se mantenía siempre despierto repitiendo sin cesar: “En tus manos entrego mi espíritu”. La oración poseía la vida del anacoreta, pues tenía muy claro que la fe se presenta como un acto de confianza motivada por la autoridad divina. 

Los santos inocentes

Enero 22, 2021

Memoria: 28 de diciembre. 

El mismo evangelista San Mateo afirmará que en ese día se cumplió lo que había avisado el profeta Jeremías: “Un griterío se oye en Ramá (cerca de Belén), es Raquel (la esposa de Israel) que llora a sus hijos, y no se quiere consolar, porque ya no existen” (Jer. 31, 15).

 

Herodes quiere saber…

Según señala el Evangelio de San Mateo, Herodes llamó a los Sumos Sacerdotes para preguntarles en qué sitio exacto iba a nacer el rey de Israel, al que habían anunciado los profetas. Ellos le contestaron: Tiene que ser en Belén, porque así lo anunció el profeta Miqueas diciendo: “Y tú, Belén, no eres la menor entre las ciudades de Judá, porque de ti saldrá el jefe que será el pastor de mi pueblo de Israel” (Miq. 5, 1).

 

Su verdadera intención

Herodes se propuso averiguar exactamente dónde estaba el niño, para después mandar a sus soldados a que lo mataran. Y fingiendo dijo a los Reyes Magos: - “Vayan y averiguen acerca de ese niño, cuando lo encuentren regresan y me lo informan, para ir yo también a adorarlo”. 

 

Aviso en sueños

Los magos se fueron a Belén guiados por la estrella que se les apareció otra vez, al salir de Jerusalén, y llenos de alegría encontraron al Divino Niño Jesús junto a la Virgen María y San José; lo adoraron y le ofrecieron sus regalos. En sueños recibieron el aviso divino de que no volvieran a Jerusalén y regresaron a sus países por otros caminos. 

 

La ira de Herodes

Esto enfureció a Herodes hasta el extremo, por lo que rodeó con su ejército la pequeña ciudad de Belén, y dio la orden de matar a todos los niños menores de dos años, en la ciudad y alrededores.

 

 

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Los cristianos estamos acostumbrados a identificar a los doce apóstoles de Jesús, pues los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas así nos presentan a este pequeño grupo de varones (Mc 3,13-19; Mt 10,1-4 y Lc 6,12-16). La palabra griega “apostolos” significa “enviado”. Los judíos acostumbraban decir que el enviado de un hombre es como si fuera él mismo. Por eso el apóstol o enviado tiene especialmente la función de hacer presente a quien lo envía.

En estos tres Evangelios mencionados, reciben el nombre de apóstoles los discípulos más cercanos de Jesús, a quienes él envió como mensajeros de la Buena Noticia. Pero resulta que en el Evangelio de San Juan esta distinción no aparece, tampoco su elección y envío correspondiente. Más bien, cuando se habla de algunos de ellos y no de todos, a San Juan le interesa presentarlos como discípulos, palabra que significa “el que aprende”. De forma que esta denominación en Juan, aparece en singular 16 veces y en plural 63 veces. Hay una elevada presencia de discípulos, pero de los doce apóstoles se dice muy poco.

Ejemplos. En Jn 9,28 se presenta al discípulo de forma irónica, al hablar del ciego de nacimiento. En Jn 18,15-16 se menciona por tres veces, a un discípulo anónimo de Jesús. En Jn 19,36 se dice de José de Arimatea que es discípulo de Jesús.  Finalmente, en Jn 19,26-27; 20,3.4.8; 21,7.20.23-24 se dice por once veces, del enigmático y protagónico discípulo amado del Señor, al que hemos identificado, de manera insegura, con el apóstol San Juan.

En plural (discípulos), el término aparece mejor representado en San Juan. En Jn 1,35.37 aparecen dos discípulos de Juan el Bautista. En Jn 3,25 también. En Jn 9,28 se refiere a los judíos como seguidores de Moisés y en Jn 6, 60.61.66; 8,31 se refiere a los seguidores de Jesús en sentido amplio. Y finalmente, en 55 ocasiones, se refiere al grupo de los seguidores de Jesús, especialmente cuando se refiere a los Doce que aparecen en Juan cuatro veces solamente, tres de ellas en el llamado “discurso eucarístico” del Pan de vida y en una de las manifestaciones de Jesús resucitado:

 

  • Jn 6,67: Jesús preguntó entonces a los Doce: “¿También ustedes quieren irse?”.
  • Jn 6,70-71: “Jesús continuó: ¿No soy yo, acaso, el que los eligió a ustedes, los Doce? Sin embargo, uno de ustedes es un demonio”. Jesús hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, que era uno de los Doce, el que lo iba a entregar.
  • Jn 20,24: Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.

 

En Juan, por consiguiente, tiene más relevancia el término discípulos tiene más importancia cuando se trata del grupo de estos seguidores cercanos que son los doce apóstoles, equiparándose con ellos. Hemos de reconocer, sin embargo, que no está del todo claro en este Evangelio, si se trata de los Doce o de los discípulos en general o probablemente de discípulos ideales. La abundancia de textos que tratan de ellos, intenta explicar lo que significa ser discípulos de Jesús, así como el discípulo amado y lo que él representa como discípulo ideal.

De forma que en el evangelio de San Juan los discípulos se identifican prácticamente con los creyentes. La distinción que hacen los Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), entre diversos grupos de seguidores de Jesús (los Doce, otros discípulos, la gente) no es tan clara en Juan. El grupo de los Doce sólo aparece en un pasaje a lo largo de todo el evangelio (Jn 6,70-71), y no es representativo de la visión joánica del discipulado. El discípulo ideal no es Pedro, sino el Discípulo Amado, que es presentado como modelo de fe en Jesús (Jn 20,3-9.20-21).

“Monseñor: hace algún tiempo que me ha surgido un cierto interés por las Almas del Purgatorio. ¿Nos puede hablar de ellas? Se lo agradezco mucho.”

 Katherine J.M. - Aurora de Heredia.

 

Estimada Katherine, entre 1545 y 1565 tuvo lugar un Concilio ecuménico muy importante, el de Trento (Italia), en que se trataron prácticamente todos los grandes temas de nuestra fe cristiana. En su sesión 25, entre el 3 y el 4 de diciembre 1563, se trató del Purgatorio, llegando a formular el siguiente texto: “La Iglesia Católica instruida por el Espíritu Santo, habiendo enseñado en los santos Concilios y recientemente en este sínodo ecuménico (Concilio), conforme a las Sagradas Escrituras y a la antigua tradición de los Padres, que existe un Purgatorio, y que las almas retenidas en él son ayudadas por los sufragios de los fieles, en especial por el sacrificio propiciatorio del altar( la S. Eucaristía). El Santo Concilio manda a los Obispos que procuren diligentemente que la sana doctrina sobre el Purgatorio, transmitida por los santos Padres y sagrados Concilios, sea creída por los fieles cristianos, mantenida, enseñada y predicada en todas partes”.

Se trata de dos propuestas expositivas: la primera, en torno a la historia de la Diócesis de Alajuela; la segunda, una muestra de arte sacro del escultor e imaginero alajuelense Manuel “Lico” Rodríguez Cruz. 

 

El 16 de febrero de 1921, con la creación de la Provincia Eclesiástica de Costa Rica, el Papa Benedicto XV erigió como tal a la Diócesis de Alajuela, la Arquidiócesis de San José y el Vicariato Apostólico de Limón.

Por eso, dentro del marco del Año Jubilar decretado por los obispos, estamos a las puertas de la gran celebración del Centenario de existencia de estas Iglesias particulares.

En el caso de la Diócesis de Alajuela, dichas celebraciones comenzarán con la apertura de dos exposiciones conmemorativas en el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría (MHCJS), a partir del próximo 19 de enero y hasta el 14 de marzo.

La primera muestra ofrecerá una síntesis histórica de la Diócesis de Alajuela. Se mostrarán retratos de los siete obispos, entre 1921 y 2021; atuendos, reliquias y otros elementos de interés.  

La segunda exposición consiste en una minuciosa selección de obras de arte religioso, elaboradas por el escultor e imaginero alajuelense, Manuel “Lico” Rodríguez Cruz (1833-1901), que han sido prestadas por los distintos templos y parroquias de la diócesis que las custodian para la veneración de los fieles.

La iniciativa es apoyada por la Comisión de Cultura y Educación (CONACE) de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

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