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¡Mi experiencia como mujer católica!

By Carmen Víquez Valverde - Facilitadora para el Desarrollo Humano - Catequista para el sacramento del matrimonio Abril 07, 2021

La primera imagen que me vino a la mente fue la de un gráfico con muchas variables en completo movimiento… porque así siento que ha sido y es actualmente mi experiencia de vida como mujer católica.

Nací y crecí en una familia Católica que gracias a Dios se preocupó porque yo siempre recibiera información y formación. Tuve grandes y muy buenos modelos de mujeres que practicaban el amor, el servicio y la caridad, maestras de religión como “Doña Cecilia”, Catequistas como la “Niña Emilce”, formadoras de juventud como “Sor Eli” y “Sor Elena”, mi mamá que apoyó mi petición de ser formada en un carisma completamente mariano y sin lugar a dudas las más importantes transmisoras de la fe en la vida de los seres humanos… las Abuelitas, si mis Abuelitas, que, con su ejemplo de amor y piedad, testimoniaban a Cristo y sobre todo, aseguraban un gran legado.

Entonces, es para mí necesario mencionar lo anterior para hablar de una realidad actual y de cómo me desenvuelvo como mujer católica, ya que no puedo ignorar los cimientos que sostienen este caminar. 

Hoy soy consciente de que esas mujeres de mi vida y de mi historia, me enseñaron… (desde su propia historia) el siguiente paso que debía dar.

Para ese “siguiente paso” yo diría que veía la teoría muy sencilla… paso uno buscar a Dios, paso dos escucharlo, paso tres amarlo y paso cuatro seguirlo… pero con lo que yo no contaba, era con  el paso cinco que era “obedecerlo”… la práctica de la fe no tenía ni la s de sencilla.

Mi niña católica recibió de todo, fe, esperanza, amor… (como todas las niñas bautizadas) una familia, una comunidad, una parroquia, una experiencia de fe propia de su edad. Me llevaban religiosamente a misa, rezábamos el Rosario en familia, recibía catequesis en el salón parroquial que quedaba justo al frente de mi casa (para mi total suerte y la de mis papás), muchas alegrías y la verdad una total felicidad. La cereza en el pastel sin duda fue mi Primera Comunión, aún recuerdo la emoción que significó aquel momento ¡que encuentro! … aunque no era lo suficientemente consiente de lo que eso significaba, y menos de lo que más adelante significaría en mi vida.

Mi adolescente católica también recibió de todo, pero ahora no todo se lo dejaba… la rebeldía propia de su edad y un poco de “noche oscura” por una enfermedad cercana, hacían que se filtraran una que otra cosa por ahí. Este tramo del camino no fue fácil, creía que no contaba con las herramientas y recursos para cruzarlo, me resistía a seguir caminando, pero la tierra firme por la que caminaba, hacía que no pudiera dejar de dar pasos. Si, esa tierra firme eran esos cimientos que había recibido de mis mujeres y que me seguían acompañando en el camino.
Luego llegó mi mayor de edad católica, y con ella la idea firme de que ya no recibiría nada, excepto la visita de la muerte, una muerte que hasta después comprendería significaba salvación, pero no consciente de eso, decidí entonces seleccionar que iba a llevar para el resto del camino y que iba a guardar. Por dicha guardé y no boté, ya que más adelante necesité de todo aquello para sostener mis pasos.

En este tiempo, cada vez me hacían falta más cosas (oración, comunión, Iglesia) que no cargaba conmigo, ya que como el hijo pródigo me había ido a un “país lejano”… y a pesar de saber que las necesitaba y que las podía tener, decidía no hacerlo.

No recuerdo en que momento decidí no tomar en cuenta a Dios para nada, aunque la realidad era que Él me tomaba en cuenta para todo… pero tampoco recuerdo en que momento decidí tomarlo en cuenta para todo, porque me di cuenta que siempre había estado conmigo, siempre.

Hoy soy una Mujer Católica que dice presente, que desea poder imitar a María y decirle a Dios cada día aquí estoy para hacer tu voluntad, cargo todo conmigo, porque todo me sirve, cargo con amor las virtudes que Dios me dio y también las limitaciones, tengo por tesoro lo que mis mujeres me enseñaron, porque hoy son el referente en muchas de mis situaciones.

Mis cimientos permiten que viva todos los días un matrimonio sacramental que tiene a Cristo como cabeza, puedo compartir esto con parejas de novios que deciden dar el paso, cuidar el tesoro de la fe que se deposita en sus manos. Sirvo a jóvenes de Pastoral Juvenil comprendiendo que su rebeldía no es más que la semilla dando frutos, porque sienten a Dios, y lo escuchan… y eso causa lío.

En mi ejercicio profesional y consiente del papel que tenemos las mujeres como líderes en el mundo actual, honro la memoria de todas aquellas que cimentaron el camino, facilitando procesos que nos ayuden a conocernos mejor, identificar cuáles son nuestros dones y talentos, para aceptarlos con amor, potenciarlos y ponerlos al servicio de los demás, sentirnos satisfechas y disfrutar del logro con la dignidad de las hijas de Dios.

Mi mejor experiencia como Mujer Católica, es comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no sólo en la Eucaristía, sino cuando recibo de Dios en los que me rodean su sonrisa, su aceptación, su comprensión y su perdón.

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