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No es juzgar, es amar

By Licda. Priscilla Díaz García - Instituto Femenino de Salud Integral, IFEMSI Abril 07, 2021

Para mí es un regalo poder compartir con ustedes la experiencia que Dios me ha permitido obtener. Tengo más de 10 años acompañando a mujeres que viven un embarazo inesperado, la pérdida de este o la frustración de ese hijo que no llega y tanto se anhela. A través de sus historias estoy segura que podremos identificarnos, encontrar un sentido a nuestras vivencias y quizá ser una luz para quien pueda estar en medio de esta situación.

Hoy les quiero compartir la historia de Sofía, mi primer caso en este caminar a favor de las dos vidas. Sofía* era una joven de 24 años, estudiante de Ingeniería en Sistemas que cursaba su tercer año, sus padres trabajan fuera de casa y estaban muy activos en la iglesia en la que se congregaban.

La razón por la que recibimos el caso fue porque la joven presentaba un cuadro de adicción a diversas sustancias y se encontraba en su décima semana de gestación.

Cuando recibí a Sofi me hizo una confesión: si bien ese bebé se encontraba en su vientre, cuatro más estaban en el cielo. ¿La razón? había abortado en cuatro ocasiones, puesto que, temía enormemente decepcionar a sus padres.

Después de recuperar el aire ante esta revelación y mostrarme lo más profesional que mi inexperiencia me permitió, continué con nuestro diálogo.

Me relató cómo, tras terminar su primer embarazo, inició el consumo de sustancias. Inicialmente marihuana y luego llegaron otras drogas. Me compartió que después de esa primera experiencia de aborto, dentro de su corazón se encontraba el vacío por ese hijo que ya no estaba, y cómo de alguna manera comenzó a mantener relaciones con distintos hombres, en búsqueda de otro bebé.

Sin embargo, al recibir la noticia de que se encontraba nuevamente embarazada, una voz en su cabeza le resonaba diciendo: “sos mala y no merecés ser mamá”, “no merecés que te amen”.

Como resultado de esto, optó una vez más por el aborto y después se refugió en las drogas y la promiscuidad. Estas acciones concuerdan con lo que IRMA (instituto mexicano especializado en el acompañamiento en pérdidas gestacionales), mencionó en su investigación del 2011, que cerca del 75% de las mujeres que viven un aborto provocado caen en depresión mayor y un 40% aumentan el consumo de sustancias.

En ella se encontraba una chispa de alegría por este bebé, a pesar de no estar muy segura de quién era el padre. El fantasma de no poder ser mamá nunca más rondaba su cabeza desde su último aborto, el cual se había realizado tres años antes.

Parte de su alegría se generaba porque por primera vez se encontraba ante personas que deseaban ayudarle para salir adelante con su hijo.

En sus ojos se encontraba un grito de auxilio y arrepentimiento, un deseo profundo de cambiar su vida. Un largo camino iniciaba para ella. Fue necesario que ingresara a un centro de desintoxicación por varios meses.

El apoyo de su familia fue fundamental y el acompañamiento de una organización que creyera en ella, marcó la diferencia.

De esta historia nació una hermosa y sana niña. Sofía concluyó sus estudios y conoció a un joven con el que formó un hogar y ahora tienen otra pequeña. Su proceso no ha sido sencillo, abandonar malos hábitos es un trabajo duro por el que aún se sigue esforzando. El dolor por la muerte de sus primeros hijos marcó su vida y la mía.

Además, dejó en evidencia otra misión que se concretaría años más tarde con la incorporación de procesos de sanación postaborto para esas mujeres que hoy se arrepienten de esa decisión tomada. 

Tel. IFEMSI: 2290-3127/8936-1251

*El nombre es modificado para efectos de confidencialidad.

 

 

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