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Beato Estefan: una semilla que germinó para el Cielo

By Padre Charbel EL ALAM, Orden Libanesa Maronita Noviembre 06, 2020

En el pueblo de Lehfed, el 8 de marzo de 1889, nació Estefan. Fue el hijo de unos padres muy piadosos: Estefan Bu Haykal Nehme y Cristiana Al-Badawi Hanna Khaled; quienes jubilosos lo presentaron ante el sacerdote Jirjis Fadel para gozar del Sacramento Bautismal, el 15 de marzo de 1889, en la Iglesia de Nuestra Señora en Lehfed, recibiendo el nombre de Youssef (José).

Youssef era el benjamín de una prole compuesta por cinco hermanos. Fue la alegría de la casa, la consolación de la familia  y su ángel guardián. Anhelaba una vida retirada en la soledad. Cuando niño, se alejaba de la casa para rezar en parajes donde no se escucharan ruidos o distracciones que pudieran turbar su oración y meditación. Aprendió los fundamentos de la lectura, la escritura y de la catequesis cristiana mientras jugaba con los niños del pueblo bajo los árboles, cerca de la bella Iglesia de San Esteban.

El virtuoso joven no disfrutaba de ninguna expresión del ambiente social, como veladas o festejos, ni siquiera en casa de sus parientes. Se quedaba en casa, rezando largo tiempo hasta quedarse dormido repitiendo: «Dios me ve, Dios me ve, Jesús, María y San José; ayúdenme en la hora de la muerte». Youssef amaba profundamente a la Virgen María, y al mencionar el nombre de la Santa Madre, un fuego ardía en su corazón y alcanzaba la plenitud llenándose de gozo, especialmente cuando rezaba los misterios del Santo Rosario; los que recitaba despacio, con atención y devoción. Cabe mencionar que los libaneses tienen la hermosa costumbre de meditar el Santo Rosario en cada hogar, lo que hace de las casas cristianas una esquina del paraíso celestial, por la gracia del Espíritu Santo.

 

Nace un monje

 

En 1905, cuando Youssef Nehme tenía 16 años, dejó la casa paternal para ingresar en el monasterio de los Santos Cipriano y Justina, en Kfifan. Empezó su noviciado y después de ocho días, tomó el hábito de los novicios escogiendo el nombre «Estefanos» (Estefan).  Dos años más tarde, el 23 de agosto de 1907, profesó sus votos monásticos ante el Padre Superior Yuasaf Sakr de El-Kfoun. Después de su profesión, vivió treinta y un años en la Orden: doce de ellos en el monasterio de la Señora de Mayfouq, aproximadamente diez en el monasterio de Nuestra Señora de Socorro en Biblos, tres años en el monasterio de San Antonio en Houb y en el monasterio de Kfifan, seis o siete meses antes de su muerte. Había pasado algunas épocas también en los monasterios de San Chalita en El-Kattara y en el de San Marón en Annaya.

Estefan se desempeñaba como “monje-agricultor” y a la vez administraba los bienes del monasterio. Desarrolló magníficamente destrezas en la carpintería mientras vivía en el monasterio de Mayfouq. Allí también, conociendo muy bien los límites de los campos, los que había señalado anteriormente con marcas, ayudó a delimitar los terrenos. Era conocido por su físico robusto y por la fuerza de sus brazos. Su tarea predilecta era cultivar y embellecer los jardines de los diferentes monasterios a donde era enviado.

 

En aroma de santidad parte a la casa del Padre

 

Después de haber regresado al monasterio de Kfifan, su salud comenzó a deteriorarse y  a mostrarse sumamente cansado.  Una tarde, mientras se encontraba sentado con los monjes en el atrio, el monje Charbel Nehme le preguntó si quería que le llenara la jarra de agua antes de dormir. Respondió: «Haz como gustes». El monje Charbel fue a buscarle el agua entonces y al regresar a la celda de Estefan, lo encontró muerto.  Así falleció, repentinamente, el 30 de agosto de 1938 a la edad de cuarenta y nueve años, en olor de santidad. Tiempo después, mientras los monjes enterraban a otro sacerdote difunto, encontraron el cuerpo de Estefan incorrupto. Posteriormente trasladaron su cuerpo a una nueva tumba, donde se encuentra en la actualidad, la cual es visitada por cientos de peregrinos que piden su ayuda en alguna necesidad, para obtener una gracia o la curación de una enfermedad.

Han transcurrido ya más de ochenta años desde el fallecimiento de beato Estefan Nehme y su memoria se encuentra aún fulgurante y viva, puesto que Dios ha hecho prodigios maravillosos por medio de su intercesión. El 27 de junio del 2010 fue elevado a los altares como beato en el monasterio de los Santos Cipriano y Justina en Kfifan, por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato.

El beato Estefan había dejado una enorme huella en cada campo en el que había trabajado y en cada monasterio por el que había pasado, marcando a sus hermanos con la bondad de su espíritu impregnado de valores humanitarios, cristianos y monásticos. Su remembranza permanece viva y brillante hasta nuestros días, pues la fama de su santidad se ha propagado a los pueblos vecinos al monasterio y a muchos otros lugares dentro y fuera del Líbano. 

 

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