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Que Caín no se vuelva de nuevo contra su hermano

By Mons. Javier Román Arias / Obispo de Limón Noviembre 06, 2020

Hoy muchos tienen miedo y desesperación porque las ollas de su casa están vacías, y aunque la riqueza haya crecido, no ha crecido para todos; algunos se han aferrado a sus privilegios y han ido desangrando poco a poco las instituciones del Estado y otros, solapados en la consigna de que la gran mayoría roba o bajo el prejuicio que todos son corruptos, justifican sus actos, validando lo que no es correcto y dañando el bien de todos y poniendo en juego el modelo de desarrollo que ha sostenido a nuestra Nación.

Queridos hermanos y hermanas, me dirijo a ustedes fieles católicos de nuestra amada Diócesis de Limón y para todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad, con el propósito de dirigir una palabra de esperanza y una voz de aliento en medio de las dificultades. Antes de que la pandemia llegara ya estábamos mal a nivel social, político, religioso y económico, pero con el pasar de los meses se fue agravando la situación en la que muchos hermanas y hermanos nuestros viven; por eso el dolor, el drama, la preocupación y hasta la desesperación es más que entendible. Hemos caminado por años por un piso de cristal viendo como el desempleo, la delincuencia, la violencia y la inequidad crecen como la espuma; somos testigos de las promesas incumplidas y las buenas intenciones no llevadas a cabo en favor de los más pobres.

Todo tiempo difícil también es una oportunidad para crecer, para ser mejores; por eso no podemos ocultar que la gran mayoría de hombres y mujeres que vivimos en esta porción de tierra luchamos, trabajamos, todo ello honradamente. Cada día con esfuerzo y amor se procura llevar el sustento a nuestros hogares; somos testigos de indígenas, negros, blancos, mulatos, chinos y otros hermanos que han migrado, buscando aportar, crecer, formarse y construir una mejor provincia en una sana convivencia, respetando diferencias sociales, culturales y religiosas, y poniendo sus mejores esfuerzos, tratando de hacer realidad lo que dijo el Papa Francisco en su reciente encíclica “Todos hermanos”:

“Anhelo que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad. Nadie puede pelear la vida aisladamente. […] Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! […] Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos». (FT 8)

Nos duele la violencia con la que algunos han querido manchar las manifestaciones de ciudadanos pacíficos y amantes de la democracia, que haciendo valer su derecho a expresar el pensamiento crítico, tienen claro que este mecanismo es necesario cuando todos los caminos de diálogo han sido agotados; pero sin duda nada, absolutamente nada justifica la violencia o la limitación al libre tránsito de las personas que por diferentes motivos deben movilizarse, porque por encima de todo debe estar siempre el bien común. Citando de nuevo al Papa Francisco:

En varios países una idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales. Lo que nos recuerda que «cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. Es el camino. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos». (FT 11. El resaltado no pertenece al original)

Claro está, que no podemos aplaudir los malos procedimientos de quienes durante años nos han gobernado y no han buscado concertación; el camino más fácil es culpar a los demás, no asumir la responsabilidad. Tampoco podemos aplaudir que, en razón de estos malos procedimientos, se instale la violencia y se incite a la sedición; por eso quiero invitarlos para que recordemos primero que somos hermanos, que oremos juntos sin importar credos, pero también para que soñemos que es posible construir la justicia y la paz, una paz que no es solo ausencia de conflictos, porque no le debemos tener miedo a pensar diferente, pero sí debemos temer a la violencia, porque  nos conduce al odio, a la venganza y al enfrentamiento irracional. Nuestro deber como creyentes es recordar el pasaje del Génesis 4,9 cuando el Señor le pregunta a Caín luego de haber matado a Abel “¿Dónde está tu hermano?”, y señalar el deber y la responsabilidad con nuestros hermanos, principalmente con los que más sufren y menos tienen. El Señor nos pregunta por eso ¿Dónde está tu hermano? Porque él quiere hacernos solidariamente responsables de sus vidas y de su bienestar. Él todo lo puede, pero necesita de nosotros.

Es necesario y urgente promover la cultura del encuentro y aunque estamos distanciados físicamente por la pandemia, no debemos olvidar que todos somos hermanos y podemos buscar juntos la verdad en el diálogo y en la conversación reposada. No hay necesidad de ofender cuando no estamos de acuerdo con el otro, tenemos que buscar la cercanía, la escucha y la capacidad de mirarnos, conocernos, comprendernos y dialogar, sin olvidar que el diálogo no consiste en imponer mi verdad como si fuera la única y verdadera, lo que si impone el diálogo es la escucha sin descalificar al otro, el respeto sin la burla, la tolerancia sin la complicidad.

A los líderes les recuerdo su responsabilidad de ser consecuentes, prudentes y sabios en sus decisiones y palabras, para que tengan muy claro el llamado que el mismo Papa hace:

Hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo, su dinámica cultural y las grandes tendencias de una sociedad. El servicio que prestan, aglutinando y conduciendo, puede ser la base para un proyecto duradero de transformación y crecimiento, que implica también la capacidad de ceder lugar a otros en pos del bien común. (FT 159. El resaltado no pertenece al original).

Pero el mismo Papa Francisco también señala con claridad los riesgos de los liderazgos mal entendidos o mal utilizados, cuando dice:

Pero deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder. Otras veces busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población. Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad. (FT 159).

No tengamos miedo a trabajar juntos, no temamos a defender nuestros principios y a construir una patria más justa y en paz para todos, en unidad sin uniformidad, en paz pero sin violencia, como hermanos todos en una misma barca.

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