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El especial presente al Supremo Rey

By Guadalupe Ma. Araya Monge Noviembre 06, 2020

Es el Supremo Rey; cuyo reino no conoce fronteras, de mares o de tierras. Amaba a sus súbditos como a hijos y para cuidarlos les dio unos mandatos para así velar que ellos no complicaran sus vidas. Para asegurarles el sustento creó las semillas con un poder infinito de producción y reproducción y que podían disfrutar, tanto los que se acogen a sus mandatos como los que se rebelan a ellos. Y en su querer, los dotó a unos y otros de talentos que les aseguraran el sustento y alegraran sus vidas.

Un día, sus súbditos, organizaron un evento en el cual podrían presentarle al Supremo Rey las obras de los dones con que los había dotado. Aparece primero el tejedor, con una bellísima alfombra bordada con un hermoso paisaje, rematado con hilos de oro. Luego, una joven con voz de cielo, lo deleita con su canto magistral. El maestro al piano, interpreta con genialidad una de sus mejores composiciones. Llega luego el pintor a unirse al grupo de quienes, agasajan al Supremo Rey, con su pintura de la Creación. Obra genial de sus manos prodigiosas. No queriendo quedarse atrás, se presenta el orfebre. Con una amplia sonrisa llevando en alto una hermosa corona de oro con pedrerías de gran valor. Sin sentirse a menos, aparece el panadero y muestra orgulloso su genialidad de creación culinaria. La gran modista se suma al homenaje con el hermoso traje que pretende dar mayor majestuosidad al Supremo Rey.

Pasando desapercibido, se encuentra el hortelano. Su huerta es su gran orgullo. Cuida con gran celo sus cosechas pero tiene fama de avaro… un reconocido tacaño.

El Supremo Rey le pregunta: “¿qué me traes?”

El hortelano le responde: “nada”. Se escucha el susurro de sonrisas burlonas pero el Rey, dirigiéndose a él, le revela: “Sé lo que has hecho con la mayor parte de la cosecha de tu huerta. Cuando una desgracia se hizo presente en tu pueblo, lograste dominar tu egoísmo y tacañería y les repartiste gran parte de la cosecha, guardando sólo lo necesario para alimentar a tu familia. En tu debilidad, no te has resistido a mi gracia. Todos los ofrecimientos los recibo complacido, pero tú… me has traído el especial presente… a ti mismo. Con el desprendimiento de tu debilidad, me has permitido hacerme presente ante la tragedia que afligía a ese pueblo.”

A Dios; Supremo Rey; nada le complace y al mismo tiempo, le honra más, que disfrutar de la superación personal y fraternal de sus hijos, quienes así recibirán las recompensas de una vida sin ataduras, que esclavicen su libertad.

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