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Santa Rafqa: el sufrimiento como camino de santidad

By Padre Charbel EL ALAM / Orden Libanesa Maronita Costa Rica Septiembre 11, 2020

Al canonizarla San Juan Pablo II, el 10 de junio de 2001, Rafqa aportó a la Iglesia un nuevo brillo al esplendor de la santidad y derramó una exquisita fragancia de perfección divina.

Rafqa Choboq Al-Rayés nació el 29 de junio de 1832 en Himlaia, pueblo cerca de Bikfaya en Líbano. Era hija única, y fue bautizada días después, recibiendo el nombre de Pierrette. Rafqa poseía belleza, dignidad y gentileza extraordinarias. Desde la más tierna infancia, Rafqa, demostraba cualidades excepcionales; docilidad, rectitud de conciencia, inclinación hacia las virtudes y atracción por las cosas eminentes y espirituales.

La muerte de su madre en su primera infancia le ocasionó un inmenso dolor. Ella misma narra: «Cuando tenía 7 años, mi madre murió y mi padre se casó de nuevo. Cuando llegué a la edad de 14, mi madrastra quiso arreglar mi casamiento con el hermano de ella, y mi tía materna quería que lo hiciera con su hijo. Eso me impresionó mucho... y pedí a Dios que me liberara de estos malos pasos. Rápidamente me inspiró el Espíritu Santo de hacerme monja y me dirigí al convento».

 

En la Congregación de Mariamettes (1859-1871)

 

Rafqa pidió a Dios que la ayudara a realizar su deseo y se dirigió al convento para unirse a los Mariamettes. Al entrar en la iglesia, sintió una alegría interior indescriptible, y mientras rezaba, escuchó una voz que le anunciaba: «Serás monja». Es en esta Congregación que llevó a cabo su postulantado, noviciado y votos temporales. Seguidamente, la nueva profesa fue enviada al Seminario Ghazir, donde estuvo a cargo de la cocina y aprovechó sus momentos libres para profundizar en conocimientos de la lengua árabe, la caligrafía y aritmética. En 1864 fue trasladada a Maad, donde pasó siete años, y fundó una escuela para la educación de las niñas. 

 

En la orden libanesa maronita (1871-1914)

 

Hacia 1871, la Congregación de Mariamettes fue disuelta. Ante tal preocupación, Rafqa oró al Señor para pedirle que le mostrara el camino correcto. Esa misma tarde, vio en un sueño a tres santos: San Jorge, San Simeón el Estilita y San Antonio el Grande; quienes repitieron dos veces: «Entra en la Orden Maronita Libanesa». Se facilitó su traslado hacia el monasterio maronita, en el norte del Líbano, donde fue aceptada de inmediato. Allí recibió el hábito de novicia, bajo el nombre de pila de su madre: Rafqa. Después de su profesión solemne en 1872, vivió 26 años en aquel monasterio, siendo ejemplo vivo por su observancia de las Reglas.

Durante la fiesta de la Virgen del Rosario en 1885, Rafqa pidió al Señor que la hiciera participar de Su Pasión Redentora. Su oración fue respondida al instante: esa misma noche, sintió un dolor insoportable en la cabeza que luego lo llegó a los ojos. Se consultó a un médico estadounidense que decidió operarla. Ella rechazó la anestesia y durante la operación, el médico le arrancó accidentalmente un ojo. Rafqa no se quejó y por el contrario exclamó: «Por la Pasión de Cristo, que Dios bendiga tus manos y te recompense». Luego el dolor pasó al ojo izquierdo.

 

En el monasterio de San José al-Dahr Jrabta (1897-1914)

 

En 1897, seis monjas fueron trasladadas a un nuevo monasterio en Jrabta-Batroun, entre ellas Rafqa. Estando en ese sitio, otra enorme prueba le sobrevino dos años después: quedó completamente ciega y posteriormente paralizada. Según el juicio médico, padecía tuberculosis ósea y articular. Su cuerpo se volvió árido y seco: un esqueleto demacrándose poco a poco. Aunque pasó los últimos siete años de su vida recostada sobre el lado derecho de su cuerpo, en su rostro radiante y pacífico permanecía una sonrisa celestial.

Una hermosa anécdota tuvo lugar durante la fiesta del Corpus Christi. Una mañana estando Rafqa en su celda, externó a su Superiora: «¡Oh!, si yo pudiera asistir a la Misa en esta honorable conmemoración!». A lo que la Madre le respondió: «¿Crees poder sentarte para ser llevada a la Iglesia?». Dos hermanas trataron, no pudiendo tan siquiera incorporarla o moverla. Le fue recomendado quedarse en cama. Mientras el sacerdote iniciaba la solemne celebración en la iglesia, vieron a la hermana Rafqa repentinamente en el umbral de la puerta del templo, arrastrándose con mucha dificultad pero firme y decidida a estar presente. Muchos lloraron al verla, preguntándose cómo pudo esta monja bajar de su cama y trasladarse sola hasta la Iglesia.  Al terminar la Misa, la interpelaron, a lo que ella únicamente respondió: «No lo sé, solo pedí ayuda a mi Señor, y sentí mis pies caer, bajé de la cama y me arrastré hacia la Iglesia».

 

Su partida a la casa del Padre

 

Al cabo de 82 años de existencia, 29 de ellos en sufrimientos que soportó por amor a Cristo; con alegría, paciencia y oración; el 23 de marzo de 1914 Rafqa pidió la Eucaristía y entregó su espíritu; repitiendo los nombres de Jesús, José y María. Una espléndida luz apareció en su tumba durante dos noches consecutivas. En 1927, sus restos fueron trasladados a la iglesia del monasterio.

 

Canonización y riqueza espiritual

 

Rakqa manifestó un amor generoso y apasionado por la salvación de sus hermanos. Procedente de su unión con Cristo, obtuvo la fuerza para aceptar y amar voluntariamente el sufrimiento: auténtico camino de santidad. Ella vela por aquellos que sufren e intercede por los pueblos de Oriente que afrontan la espiral destructora y estéril de la violencia. Al canonizarla San Juan Pablo II, el 10 de junio de 2001, Rafqa aportó a la Iglesia un nuevo brillo al esplendor de la santidad y derramó una exquisita fragancia de perfección divina.

Last modified on Viernes, 11 Septiembre 2020 09:22

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