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¿Productores agropecuarios versus consumidores de alimentos?

By Pbro. Edwin Aguiluz Milla / Secretario Ejecutivo de Pastoral Social-Caritas Enero 13, 2023

¿Deben escoger el Gobierno de la República y nuestros diputados y diputadas entre apoyar a los consumidores y apoyar a los productores agropecuarios? Haciéndome eco de las palabras de don Guido Vargas, Presidente de UPANACIONAL, no dudo en responder: absolutamente, no. Los consumidores de hoy y los de mañana necesitamos tener acceso seguro a los alimentos. El debilitamiento del sector agropecuario alimentario nacional, en situación de asfixia durante décadas y con áreas en peligro de extinción, como resultado de una esperanza ilusa de un mercado alimentario mundial eternamente estable y barato, nos adentra en el abismo de la inseguridad alimentaria.

La inestabilidad del mercado internacional de alimentos por factores como los que hemos experimentado desde hace tres años no es una mera suposición. A nuestra vista está la posibilidad de crisis de transportes, como la de los contenedores; crisis por pandemias, como la del Covid-19; crisis por guerras entre grandes países productores, como la actual entre Rusia y Ucrania; el fenómeno del acaparamiento de productos de importación, como actualmente el de cereales por China, que concentra más de la mitad del stock mundial de cereales y logra garantizar su autosuficiencia de estos para 10 años.

Ana Swanson, escribió en The York Times el 3 de mayo del presente año: “En un intento por proteger su economía destruida por la guerra, Ucrania ha limitado sus exportaciones de aceite de semilla de girasol, avena y ganado. Rusia ha prohibido la venta de fertilizantes, azúcar y granos a otros países. Indonesia, que produce más de la mitad del aceite de palma del mundo, ha detenido los envíos al extranjero. Turquía ha frenado las exportaciones de mantequilla, carne de res, borrego, cabras, maíz y aceites vegetales. La invasión de Rusia a Ucrania ha desencadenado una nueva oleada de proteccionismo, al tiempo que los gobiernos, preocupados por garantizarles a sus ciudadanos el suministro de alimentos y otros bienes en medio de la escasez y el aumento de los precios, establecen nuevas barreras para detener las exportaciones en sus fronteras”. Escenarios como este, aunque coyunturales, no son para nada improbables en el futuro.

Agreguemos la grave afectación de la producción agrícola y pecuaria por el cambio climático, como ha ocurrido con la gran sequía que golpeó este año las tres economías más grandes del mundo simultáneamente: Estados Unidos, China y Europa. Asimismo, la amenaza permanente de la especulación de los grandes manejadores del comercio internacional de alimentos, como ocurrió en la crisis alimentaria mundial de 2007-2008. La crisis inflacionaria que estamos sufriendo ha dado lugar para que en Estados Unidos se le ponga nombre a una de las grandes inmoralidades en la economía mundial, como explicó BBC News Mundo (1-9-2022): la greeedflation o “inflación de la codicia”, es decir, el aprovechamiento de ciertas empresas para obtener ganancias récord a costa de los consumidores aprovechándose de la excusa de la inflación, como se ha evidenciado en el mercado de la gasolina y el gas, los alimentos, muchos servicios, etc.

El recién publicado informe interorganizacional de las Naciones Unidas sobre El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2022 en sus conclusiones afirma: “El informe de este año debería disipar cualquier duda que quede de que el mundo está retrocediendo en sus esfuerzos por acabar con el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en todas sus formas”. Costa Rica no es la excepción. La pobreza extrema, vale decir, la de la población en situación de subalimentación, aumentó respecto del año pasado: la sufren 393.385 personas (6,4% de la población). El último informe Estado de la Nación explica con precisión las causas de la inseguridad alimentaria en Costa Rica (especialmente, pp. 229-232).

Las serias amenazas a la seguridad y soberanía alimentarias del país han quedado más que claras en la conferencia de prensa de la recién integrada Alianza Nacional Agropecuaria. Se trata de un frente de organizaciones significativas y de amplísima representatividad del sector productor agropecuario nacional: Unión de Pequeños Productores Agropecuarios Costarricenses (UPANACIONAL), Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA), Corporación Hortícola Nacional (CHN), Frente Agroindustrial Cooperativo (FAC) y Unión Nacional de Productores Agropecuarios Costarricenses (UNAG). Sabemos que existen más organizaciones del sector que coinciden con las demandas de este frente.

El señor Presidente de la República y el conjunto de fracciones de la Asamblea Legislativa tienen ante sí este ineludible interlocutor, no solamente para abordar el tema álgido de la adhesión de Costa Rica al Bloque Alianza para el Pacífico, sino, por fin, para delinear una legislación y una política integral agropecuaria alimentaria para el bien presente y futuro de los más de cinco millones de consumidores de alimentos del país, así como como para los miles de agricultores y sus familias que lo pueden asegurar.

No podemos retroceder desempolvando las tesis de los organismos financieros internacionales en los años 80s y 90s que llevaron al desmantelamiento o debilitamiento extremo de la producción agrícola en vastas regiones del mundo, incluidas América Latina y Costa Rica. Hasta una de esas entidades, el Banco Mundial, ya en la crisis alimentaria del 2008 tuvo que revertir sus consignas de antaño. En el día de hoy, podemos leer en su página web dedicada a Agricultura y alimentos: “Los sistemas alimentarios sólidos, sostenibles e inclusivos son fundamentales para alcanzar los objetivos de desarrollo a nivel mundial. El desarrollo agrícola constituye uno de los medios más importantes para poner fin a la pobreza extrema, impulsar la prosperidad compartida y alimentar a una población que se espera llegue a 9.700 millones de habitantes en 2050. El crecimiento de la agricultura es entre dos y cuatro veces más eficaz que el de otros sectores para incrementar los ingresos de los más pobres" (es decir, los que cultivan la tierra y cargan productos agrícolas sobre sus espaldas, me permito añadir). "Asimismo, la agricultura es esencial para el crecimiento económico: en 2018, representó el 4 % del producto interno bruto (PIB) y en algunos países en desarrollo puede representar más del 25 % del PIB”.

El impulso de la producción, tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados, y la inversión en agricultura resiliente al cambio climático figuran entre las medidas de la Declaración conjunta de las máximas autoridades de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el Fondo Monetario Internacional, el Grupo Banco Mundial, el Programa Mundial de Alimentos y la Organización Mundial del Comercio sobre la crisis mundial de la seguridad alimentaria, del recién pasado 15 de julio.

En una segunda declaración, del 21 de setiembre recién pasado, estos mismos organismos intergubernamentales emitieron una segunda declaración, en la que ratifican la necesidad de apoyar la producción y el comercio eficientes. Merece destacarse, en este documento, la afirmación de que “el “apoyo efectivo y sostenible a los pequeños agricultores será vital para garantizar que formen parte de la solución y para localizar las cadenas de suministro”.

Costa Rica no puede -no debe- navegar, en esta materia, a contracorriente.

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