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El beato Germán Caballero, misionero en la bajura

By Pbro. Luis Paulino González H. / gonzalezluispa@gmail.com Enero 13, 2023
Partida de bautismo firmada por el beato Germán Caballero Atienza (Filadelfia, 1915). Partida de bautismo firmada por el beato Germán Caballero Atienza (Filadelfia, 1915).

A inicios del siglo XX se nota una preocupación del tercer obispo de Costa Rica, Mons. Juan Gaspar Stork (1904-1920), por proveer el adecuado cuidado pastoral de las parroquias de la Península de Nicoya: Filadelfia, Santa Cruz, Nicoya y Carmona. Con ese fin buscaba que la orden de predicadores atendiera esas comunidades. Ellos no pudieron asumirlas debido a la falta de personal, sólo se hicieron cargo de la primera.

Los dominicos estuvieron al frente de la parroquia de Filadelfia entre diciembre de 1914 y agosto de 1916 (un año y ocho meses). Ahí estuvieron sirviendo los padres Raimundo Martín, German Caballero y Manuel Diez Tascón. Junto con ellos, los hermanos José Abril y Esteban Morán quien, como dijimos en el artículo anterior, murió y fue sepultado en esa tierra.

La parroquia, fundada por monseñor Thiel en 1894 y puesta bajo el patrocinio del apóstol Santiago, en ese momento cubría todo el territorio del cantón de Carrillo (577 kilómetros cuadrados). Tendría a la sazón alrededor de 4500 habitantes, según nuestra propia y modesta proyección.

Este es, entonces, el contexto eclesial inmediato en que llegó el beato Germán Caballero a servir en aquel pequeño poblado que, al año siguiente recibió el título de Villa y hoy se conoce como ciudad arqueológica de Costa Rica.

Primero llegó acompañando al padre Raimundo Martín, luego éste es trasladado a La Dolorosa (San José) y se envía al padre Manuel Diez, pero el padre Caballero permaneció durante todo el periodo antes indicado. Además, es muy probable que entre abril de 1915 y junio de 1916 fuera él quien hizo las veces de párroco de la comunidad. Esto se puede afirmar con base en los registros de bautismos y de matrimonios, en los cuales nuestro beato firma en calidad de cura encargado de dicha parroquia. En aquel tiempo el término “cura encargado” parece ser equivalente a lo que hoy se denomina “administrador parroquial”, es decir, una suerte de “párroco interino”.

En los libros sacramentales de la parroquia encontramos registro de 107 bautismos y 12 matrimonios celebrados por el padre Germán.

Quizás no tenemos muchos datos concretos relativos al paso del futuro mártir por esta parroquia. No obstante, podríamos hacer algunas sencillas deducciones que nos permitan esbozar cuál fue el legado de este santo sacerdote. Tales deducciones parten de tres presupuestos: (1) existe un conjunto de tareas típicas de un párroco, (2) dos rasgos típicos del apostolado de los dominicos son la predicación y la promoción del rosario y (3) lo cotidiano no se pone por escrito.

Sabemos que lo propio de un párroco es la cura de almas: celebrar la santa Misa, escuchar confesiones, dar dirección espiritual, visitar a los enfermos y administrarles la unción, bautizar, celebrar los funerales, etc.

Por lo tanto, podríamos imaginar al padre German, vestido con su hábito blanco, recorriendo a pie o a caballo los caminos polvorientos bajo el candente sol de la bajura para cumplir con estas tareas apostólicas. No debemos olvidar que, como sabiamente dice nuestro querido padre Munguía: celebrar los sacramentos también es evangelizar.

Podemos imaginar al padre Germán acercándose a las gentes sencillas y compartiendo con ellas, conociendo su idiosincrasia y su cultura. Quizás, disfrutando de la música de la marimba, del grito del sabanero y de las recetas a base de maíz. En fin, por un corto tiempo Filadelfia, Palmira, Sardinal y Belén vieron con sus propios ojos a un castellano llevando a Cristo a la cotidianidad de la bajura.

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