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Un presbítero que también decidió ser historiador

By José Aurelio Sandí Morales / Escuela de Historia / UNA Enero 13, 2023

El pasado 28 de setiembre, en una conversación entre amigos, el Pbro. Manuel Benavides Barquero me comunicaba que había sido nuevamente galardonado por parte de la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica con el Premio Nacional de Historia Cleto González Víquez, por su libro titulado: “El proceso de independencia de las provincias de Reino de Guatemala (1786-1824)”. Premio que comparte para el año 2021 con Lloyd Anglin Fonseca quien escribió “Humor gráfico y nación en Costa Rica”.

Un adagio popular dice que uno no solo debe ser lo quiere ser, sino también aparentarlo. El Padre Manuel Benavides combina a la perfección ambas cosas, pues aparenta ser y, además, es un excelente historiador. No argumento esto solamente porque haya ganado el premio por segunda vez, -la primera en el 2010, con su libro sobre Florencio Castillo en las Cortes de Cádiz -, tampoco por la relación de amistad que nos une, menos por afinidades temáticas, sino por lo que ha realizado durante su carrera como académico e investigador.

Al Padre Manuel Benavides lo conocí primero por sus libros, aquellos publicados en el 2005. Textos sobre la identidad de dos pueblos en particular: Paraíso-Ujarrás y San Isidro del Guarco. Los títulos de dichas obras son: “La Romería a Ujarrás: Reducto de la identidad cultural de Paraíso” -fruto de su tesis de Licenciatura en Historia presentada en la UCR- y el segundo denominado: “San Isidro de la Cucaracha. Historia del distrito segundo del cantón del Guarco”.

Con el tiempo, y por cosas de la vida y hasta de la historia, nos empezamos a encontrar en archivos tanto nacionales como extranjeros. Ahí comprobé la sensación que me habían dejado la lectura de los libros ya mencionados: Benavides Barquero es un ratón de bibliotecas y archivos. Pude constatar en eso encuentros que le encanta la consulta asidua de la fuente primaria que se resguardan en diversos acervos documentales del mundo.

Luego de leer sus dos obras sobre el presbítero Florencio Castillo, terminé de entender su proceder metodológico y de trabajo. Es un historiador que “aprovechándose” de su condición de sacerdote, pero en especial de ser excelente persona e investigador, logra conseguir mecenas que de una u otra manera patrocinan sus prolongadas estancias en diferentes partes de América y Europa para consultar archivos y bibliotecas que son útiles para sus investigaciones.

El observar las consultas realizadas en los Archivos Históricos Arquidiocesanos de San José, México, Guatemala, Guadalajara, Oaxaca, Sevilla, en el Archivo Nacional de Costa Rica, los Archivos Diocesanos de León y Comayagua, el Archivo parroquial de San Jerónimo de Tlacochahuaya, el Archivo General de la Nación de México, el Archivo General de Indias, el Archivo Municipal de Quetzaltenango, entre otros tanto más, son muestra de su inagotable deseo por escudriñar hasta lo más mínimo para darle la respuesta más precisa al tema que investiga. Lo anterior sea para redactar un libro o un artículo. Por ejemplo, de estos últimos es recomendada la lectura de los siguientes: Afuera los muertos. A 200 años de un decreto sobre cementerios, El negocio de los diezmos en el Reino de Guatemala. Estudio de caso de los partidos de Los Esclavos (1754-1813) y Defensa de los afrodescendientes y ciudadanía en las Cortes de Cádiz. Entre la esclavitud y la libertad. Todos estos se encuentran gratis en el sitio Web del Archivo Histórico Arquidiocesano Mons. Bernardo Augusto Thiel.

Ahora bien, sobre el último libro publicado por el Padre Benavides, con el cual ganó el premio ya mencionado, tengo que decir que es una excelente obra por dos aspectos. En primer lugar, por su carácter empírico, pues consulta más de 15 archivos tanto en América como Europa; en segunda instancia, por su amplia y bastante variada bibliografía leída. Pero lo más importante de todo es la propuesta que presenta el libro.

El texto de Benavides Barquero desde el principio deja claro que la independencia del antiguo Reino de Guatemala no debe ser entendida como algo que sucedió en un tiempo breve, ni tampoco de forma individual por cada una de sus provincias o partidos que conformaban el Reino. Por ello, su periodo de estudio lo inició en 1786 y lo concluyó en 1824. Lo cual deja claro que la fecha del 15 de setiembre para toda la región, la del 28 de setiembre para Nicaragua o la 29 de octubre para Costa Rica no puede ser tomadas como fecha de la independencia por sí solas, porque dicho proceso abarcó más tiempo que solo esas fechas y que involucró a más personas de las que firmaron un papel en un momento determinado.

A la vez, fue lo bastante cuidadoso para demostrar que la independencia debe ser entendida como un proceso regional y no solo local. Que las determinaciones que tomó cada unidad política respondieron si bien a una realidad propia, también a un texto global y regional que ejercía su presión.

Por último, dedica un capítulo, el cual él denominó: “La transición pacífica de la provincia de Costa Rica”. En mismo explica las características “particulares” que tuvo Costa Rica en torno a la independencia en relación con el resto de las unidades políticas que conformaban el antiguo Reino. Dato curioso es que muchos de los elementos “propios” de Costa Rica en la independencia solo se explican si se hace un análisis regional y de larga data. Lo que consolida la hipótesis de que la independencia no se fraguó en un día ni mucho menos en un solo sitio.

Como conclusión, basta decir que el premio es muy bien merecido, por el trabajo arduo, meticuloso y serio que realiza el padre Benavides, pues y como dice una historiadora de la UCR, “el padrecito es bastante bueno y su trabajo empírico lo demuestra”. Tal afirmación encuentra justificación en que sus investigaciones además de cruzar fronteras, regionales y hasta continentales son un aporte muy valioso a la historiografía costarricense. Por ende, me surge una duda, ¿si “el padrecito es bastante bueno”, que hasta lo nota alguien de “afuera”, sus conocimientos y publicaciones sobre Historia del cristianismo, de América y en particular de Centroamérica en general son bien utilizados y “explotados” por los que debería ver en él además de un muy buen investigador un excelente profesor? Un premio recibido una vez, puede ser casualidad, dos veces ya no, por ende, ¡felicidades, Padre!

 

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