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Los pobres y el Reino

By Pbro. Juan Luis Mendoza Agosto 05, 2022

El Reino de Dios (Lucas 6,20) o de los Cielos (Mateo 5,3) se identifica con los pobres en general o de espíritu, a los que se proclama dichosos. Y ese anuncio resume en Mateo y Marcos el mensaje inicial de Jesús en Galilea: “Está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio” (Mt 3,2; Mc 1,5).

¿Y Lucas? Indica el momento preciso en que se cumple la profecía de Isaías 61,1-2: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque Él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor”. Después se inicia con el comentario, que el evangelista, resume así: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír” (Lc 4, 18-19, 21).

Según esto, ¿quiénes son los destinatarios concretos del Reino? Los pobres, los cautivos, los oprimidos, los enfermos. Los pobres se identifican aquí con los que describe la tradición bíblica, especialmente en los Salmos y en los Profetas, las personas de humilde condición social, presa fácil de los poderosos, incapaces de hacerse justicia o de obtenerla, y que consiste en la defensa de los débiles, las viudas y los huérfanos, la que esperan sólo de Dios. En consecuencia, en Nazareth Jesús anuncia una “buena noticia” porque proclama: Dios ha decidido actuar “hoy” en favor de los pobres para cambiar su condición.

En efecto, Jesús asegura que Dios ya está actuando. A los dos discípulos de Juan Bautista que le preguntan en nombre del profeta si Él es el Mesías, les indica algunos hechos que son signos del Reino de Dios: “Id a anunciar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio” (Lc 7,22).

El cambio radical que realizará Dios al final de los tiempos, enjugando toda lágrima y alejando todo luto, llanto y dolor (Ap 21,4) puede vislumbrarse ya en las curaciones de enfermos. En ellas, los “pobres” pueden descubrir que la buena noticia del actuar de Dios se realiza verdaderamente en favor suyo. ¿Y ahora? Nos corresponde a los cristianos proseguir ese “actuar” divino por los medios a nuestro alcance, promoviendo el bien común del alimento, trabajo, vivienda, educación, y cuanto se considere necesario para un vivir digno como criaturas e hijos de Dios.

De este modo se cumple la primera y consoladora bienaventuranza de Jesús: “Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios” (Lc 6,20). Como se ha escrito tan certeramente “Dios está con ellos, a su lado, porque su Reino “es” para ellos”. Y concluyo con lo que se añade: “Los pobres, pues, son los principales destinatarios del Reino; en sus manos se pone el mundo nuevo que va a nacer” (Catecismo para adultos pág. 20-21).

Sigo otro día, Dios mediante.   

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