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Derechos y deberes de los gobernantes

By Pbro. Juan Luis Mendoza Junio 10, 2022

Contando con Dios y su poder, hay no obstante que contar con los representantes de ese poder y sus facultades para gobernar. Y es el pueblo el que ha de designar por elección a los que ostenten el poder estatal y exigirles que se ajusten al cumplimiento de la correspondiente Constitución y leyes. A propósito, la doctrina de la Iglesia no está fijada en ninguna forma de gobierno, sino que admite como lícitas diversas formas con la sola condición de que respeten los derechos fundamentales de la persona humana y de la familia y estén al servicio del bien común, aunque estima por sus ventajas en general el sistema democrático, es decir, el poder y gobierno por el pueblo.

Obviamente, que para que los representantes del poder político puedan cumplir los deberes que les corresponden deben contar con los derechos que les habiliten para ello. Entre esos deberes, y muy principal, está el de velar por el bien común y consecuentemente el ordenar y vigilar en cuanto al mismo la actividad de los individuos y sus asociaciones y, en caso de necesidad, completarla. Tienen también y por lo mismo, el derecho de exigir de los ciudadanos todo lo que sea necesario para el logro de ese fin: la observancia de las leyes en general y, en particular, el ejemplo, los impuestos o cualquier otra decisión del momento que se crea justa y necesaria.

Correspondiente a su función y su derecho, los representantes del poder estatal, que por buenas razones se dividen en judicial, administrativo y legislativo, tienen también el deber de cuidar prudentemente del bien común y, más en concreto, de la justicia social. A propósito, leemos en Sabiduría 6,1-11: “Oid, pues, reyes, y entended. Aprended jueces de los confines de la tierra. Estad atentos los que gobernáis multitudes y estáis orgullosos de la muchedumbre de vuestros pueblos. Porque del Señor habéis recibido el poder, del Altísimo, la soberanía ¡él examinará vuestras obras y sondeará vuestras intenciones. Sí, como ministros que sois de su reino, no habéis juzgado rectamente, ni observado la ley, ni caminado según la voluntad de Dios, terrible y repentino se presentará ante vosotros. Porque su juicio implacable espera a los que están en lo alto; al pequeño, por piedad, se le perdona, pero los poderosos serán poderosamente examinados. Que el Señor de todos ante nadie retrocede, no hay grandeza que se le imponga; al pequeño como al grande él mismo los hizo y de todos tiene igual cuidado, pero una investigación severa aguarda a los que están en el poder. A vosotros, pues, soberanos se dirigen mis palabras para que aprendáis sabiduría y no faltéis; porque los que guarden santamente las cosas santas, serán reconocidos santos, y los que se dejen instruir en ellas encontrarán defensa. Desead, pues, mis palabras, ansiadlas, que ellas os instruirán”.

Palabra de Dios, palabra de verdad para tenerla en cuenta gobernantes y súbditos. Los unos para conducirse según ellas en su ejercicio del poder político y los otros para elegirlos según su sabiduría, para orar por ellos y serles obedientes colaborando lo más que podamos en la promoción del bien común, el orden y la justicia.

Prosigo otro día, Dios mediante.

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