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Pervivencia de la tentación del superhombre

By Pbro. Manuel de Jesús Benavides Barquero Noviembre 12, 2021

No recuerdo si se lo leí a Chesterton o a Nicolás Berdiaeff, pero, en todo caso, es una verdad con la que el católico no tiene problemas porque la profesa como algo esencial: “Quítenle al hombre lo sobrenatural y lo que queda es lo antinatural”. Es evidente, también, que por mis limitaciones humanas la idea no es mía a todas luces.

Curiosamente alguien podría pensar que si se le quita al hombre lo sobrenatural lo que queda es lo natural, pero no es así, con solo observar el mundo de hoy en muchas de sus tendencias, la frase indicada está bien respaldada tanto por la teología como por la realidad del mundo.

Me animé a escribir sobre esta idea asaltado por la preocupación de si los miembros de la Iglesia son conscientes de esa situación en su diario vivir, porque la intención de eliminar lo sobrenatural no solo se da por “principios declarados” ateos o materialistas a la luz del día, sino también, y más peligrosamente, a través de formas solapadas, cotidianas y complacientes. La idea me asaltó cuando perdía el tiempo viendo una película moderna sobre la antigua mitología grecorromana, donde se comprueba una falsedad intencionada entre la moderna manipulando la antigua, con fines interesados por parte de aquellos que producen esas películas sin darse cuenta que son hijos de su tiempo, esa “vergonzosa y destructiva esclavitud”. Esta última idea sí estoy seguro que es de Gilbert Chesterton y queda probado, una vez más, que yo no llego a esas profundidades.

Esas películas se producen para servir a intereses mezquinos del presente, y como dice el citado autor, cambiando tesoros que tienen milenios de respaldo por otros que si tuvieran 100 años ya tienen fallas, pero mucho más cuando tienen la edad de 20, 10 o 5 años, producidos por este mundo velozmente cambiante, y que afecta todas las áreas, incluso a la misma Iglesia, por ejemplo, en planes y actividades pastorales en los que se sustituyen las expresiones director espiritual, agente de pastoral o cristiano comprometido por coach, líder, manager, todos de la “fe”. Muchas veces, con el afán de que el mundo nos entienda nos amoldamos tanto a sus formas que facilitamos que los laicos entiendan el mundo, y el mundo no entienda a la Iglesia, además de que algunos laicos se cansan de escuchar en la Iglesia lo que escuchan de lunes a viernes en sus trabajos.

La preocupación me la provocó las palabras de uno de los personajes al final de la película, quien dijo que no sabía si Hércules era hijo de un dios o un simple hombre, pero que él mismo Hércules no lo sabía, lo que hizo fue creer en sí mismo, en su fuerza y así triunfó. La intención de esas palabras es despojar a ese personaje mitológico de lo sobrenatural y dejarlo solo con lo supuestamente “natural”, con tendencias a fortalecer el culto al “yo” que en el presente cabalga campante en todos los espacios aprovechando los “medios” modernos de la publicidad que llegan a todos los rincones.

Creo no tener que explicar que lo que hacen con la mitología griega o latina lo están haciendo con la propuesta salvífica de Dios en Jesucristo desde tiempos antiguos, y me preocupa si el miembro de la Iglesia se da cuenta, con toda claridad, que eso se lo están diciendo en su día a día, y si tiene la formación para desarmar ya no solo películas como la mencionada, sino también frases más cotidianas, como “sos tu mejor inversión”, “sí se puede”, “el que se lo propone lo logra”, “sos un guerrero”, “estás empoderado”, “invierte en tu autoestima”, “todo es cuestión de actitud”, “siempre lo vas a lograr”, “sos tu propio límite”, “los límites son solo espejismos” y un largo etcétera. En esa propuesta, hasta el que tiene éxito ha fracasado, porque para lograrlo ha tenido que sacrificar lo natural de su humanidad para quedarse con lo antinatural, claro está, porque dejó que lo despojaran de lo sobrenatural. Porque por no ser consciente de la pervivencia de la teoría del superhombre que dio como fruto personajes como Hitler, entre tantos ejemplos hasta hoy día, les enseñan a tener miedo de gloriarse en la hermosa debilidad de la cruz de Cristo, a pesar de decir que creen en él, razón por la cual, tampoco son conscientes del sacrilegio de ponerlo al servicio de esas teorías. Si buscáramos de forma más cristiana y más profunda, descubriríamos el tesoro que creyentes como Dostoievski, escritor ruso que cumple en octubre 200 años de nacido, han expresado de manera muy hermosa, como cuando en su novela “El príncipe idiota” indicó que “la mansedumbre es una fuerza asombrosa”.

Tratemos de ser más conscientes del regalo que Dios nos ha hecho en Cristo de lo sobrenatural, agradezcámoslo, cuidémoslo y no lo cambiemos nunca por un plato de lentejas.

 

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