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Acoger al peregrino

By Mons. José Manuel Garita H. Septiembre 27, 2021

El pasado 12 de agosto, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y la Red Eclesial Latinoamericana y Caribeña de Migración, Desplazamiento, Refugio y Trata de Personas (CLAMOR) manifestaron su honda preocupación por la situación de emergencia sanitaria presente en la frontera colombo-panameña, donde más de 40.000 migrantes -según datos de las autoridades de Panamá- se encuentran en tránsito hacia los Estados Unidos, muchos de ellos en situación de extrema vulnerabilidad y expuestos a redes delincuenciales. 

Destacaban en un mensaje que la situación se agrava por lo que ocurre en Necoclí, en el Urabá antioqueño (Colombia), a donde han llegado miles de migrantes, principalmente de Haití, como también de Cuba, Venezuela, Senegal, India, Pakistán, Congo, Bangladés, Burkina Faso, Ghana y Eritrea. 

Tanto dolor de cientos de miles de hermanos se repite en todo el mundo; son cientos de miles los que buscan mejores condiciones de vida. 

Precisamente, el próximo 26 de setiembre la Iglesia dedica la 107 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado para hacer conciencia sobre la realidad que ellos viven y, lo más importante, sobre las acciones que en el mundo realizan las distintas autoridades y por supuesto, aquellas acciones que también debemos realizar todos nosotros. 

“Todos estamos en la misma barca y estamos llamados a comprometernos para que no haya más muros que nos separen, que no haya más otros, sino sólo un nosotros, grande como toda la humanidad. Por eso, aprovecho la ocasión de esta Jornada para hacer un doble llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, dirigiéndome ante todo a los fieles católicos y luego a todos los hombres y mujeres del mundo”, señala el Papa Francisco en su mensaje con motivo de este día. 

El Santo Padre hace un especial llamado al católico, al bautizado, ante una realidad de la cual no escapa ningún país. “En el encuentro con la diversidad de los extranjeros, de los migrantes, de los refugiados y en el diálogo intercultural que puede surgir, se nos da la oportunidad de crecer como Iglesia, de enriquecernos mutuamente. Por eso, todo bautizado, dondequiera que se encuentre, es miembro de pleno derecho de la comunidad eclesial local, miembro de la única Iglesia, residente en la única casa, componente de la única familia”, manifestó en su mensaje. 

Ni las autoridades ni los habitantes de ningún país podemos voltear el rostro a otro lado y hacer como si nada de esto ocurriera. No podemos tener sentimientos que rechacen a ningún ser humano, pues todos somos iguales, todos somos hermanos. 

Como bien lo señalaron el CELAM y CLAMOR, se requieren soluciones integrales que garanticen la vida y la dignidad de las personas, sobre todo de las más vulnerables. Es urgente el diálogo entre naciones para alcanzar acuerdos que garanticen un flujo migratorio que no ponga en peligro la vida de nadie. 

Hay tantos riesgos que afrontan estas personas, que se ilusionan por un mejor mañana, como lo son la trata, la delincuencia, los mismos embates de la naturaleza que se topan en el camino. 

Hagamos de nuestros países sociedades más humanas y más fraternas; actuemos en consecuencia con aquella obra de misericordia que nos pide acoger al peregrino. Imploremos al Señor que nos ayude en medio de esta dramática realidad. 

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