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No perdonar, es tener un carbón encendido en la mano

By José Rivera Varela / jose.pacayas@gmail.com Septiembre 27, 2021

Con razón y sabiduría Cristo distinguió el perdón de los pecados -ἁμαρτία, dice Lucas- y las ofensas (ὀφειλέω), pero a la vez, en el Padrenuestro, condicionó la remisión de los primeros a las segundas. Porque el amor al prójimo ha de ser característico de los cristianos: el que diga que ama a Dios a quien no ve y odia a los que sí ve e interactúa a cada instante, es un mentiroso (Cfr. I Jn 4, 20-21).

Adrede o no en nuestras relaciones sociales, incluso en el matrimonio; se da la ofensa y hasta el agravio. Mas ante Dios y la convivencia social nos conviene el perdón.

 

Refrendo del perdón

 

La sicología social y la siquiatría; han venido a ratificar científicamente la importancia del perdón como nos lo manda Cristo-Dios al pedirnos ir más allá de amarle sobre todas las cosas y a los demás como así mismo: amar a los enemigos, rezar por ellos (Mt 5,44) y devolverles bien por mal. Nadie ha dicho que esto sea fácil: “No devolver mal por mal, insulto por insulto” “procurar siempre el bien mutuo”, pues “hacer bien a los que me aman ¿qué mérito tiene? (Cfr. Rom 12,17; I Tes 5,15; I Pe 3,9; Lc 6,33; entre otros).

La lista de experiencias crueles, que roen el alma es interminable: divorcios, violar y/o matar, infidelidad, traición, heridas físicas o emocionales, insultos, reclamos, decepciones, violencia doméstica, murmuración, estafas, agresión, secuestro, abandono de hijos por sus padres o viceversa, en el ocaso de su vida. Ah, la reacción instintiva es: venganza, represalia, rencor, “me las va a pagar”, ignorar o la evasión mutua. Lo cual produce infelicidad en ambos y el perdón “es la única cura para el cáncer del rencor” señala bien James Dobson, (Cuando lo que Dios hace no tiene sentido, Edit. Unilit, Miami, 1993, p.261; si bien tenemos varias objeciones teológicas, empezando por ese título herético). En la historia la actitud vengativa ha generado: asesinatos, guerras, terrorismo, genocidios, secuestros, etc.

“Perdonar -en criterio de la experta en felicidad, Sonja Lyubomirsky- es la clave para romper el círculo de la venganza defendida por las religiones del mundo con base en que Dios nos ha perdonado.” - (La ciencia de la felicidad: un método probado para conseguir bienestar, Edit. Peguin, N.Y. 2007, p. 170). Pero es un proceso; el cual conlleva la intención firme de suprimir o mitigar el impulso de la: ira, hostilidad, el desquite; cuando lo ideal es reemplazarlos por: actos y sentimientos positivos, benéficos o sorprender al hacer bien al agresor.

Algunos dicen: yo perdono, pero no olvido; desde la neurología eso sería borrar de la memoria cerebral el ultraje o deshonra, lo cual resulta casi imposible.

En sicología perdonar no significa: reconciliación, condonar o tolerar el daño, tampoco es excusar o justificar lo que se hizo drogado, fuera de sí, negar el daño o vejamen.

Entonces, ¿Cómo saber si Ud. ya perdonó a alguien? “Cuando disminuya su mala intención de perjudicar al ofensor y la balanza se incline hacia hacerle bien.” (afirma la sicóloga social Sonja, Op. Cit. p. 171). En términos bíblicos: “devolver bien por mal.” Prv 25,21-22; Rom 12,20: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber así lo pondrás colorado y Yahvé te recompensará.”

Pero entre más se identifique Ud. con esta escala: haré que pague, quiero verle herido, miserable, para mi él/ella no existe, le quiero tan lejos como sea posible; son señales obvias que se ha de trabajar más para lograr el perdón.

Ocurre un efecto liberador, de descarga, alivio y satisfacción en la conciencia al perdonar, pues es un acto que uno hace más en beneficio personal que del agraviante.

La investigación científica confirma el adagio de Buddha: “Aferrarse a la ira es como sostener en la mano un carbón encendido, con la intención de tirárselo al otro, porque Ud. es quien se quema.” (citado por Mc Cullough: La sicología del perdón, confer Sonja, Op. Cit. p.172).

Sin duda, la gente que perdona es menos propensa a: odiar, deprimirse, desquitarse, ser hostil, ansioso o neurótico; ya que desaparece el enojo, la amargura y la culpa; que muerden, carcomen, roen y desasosiegan.

Si nuestra máxima aspiración acá y en ultratumba es la felicidad, a ello contribuye mucho condonar, pues nos da: salud mental, empatía, serenidad, el bienestar; mejora así la autoestima y nos hace más espirituales y religiosos.

Los hermanos separados y otros arguyen 3 tesis, en contra de la reconciliación (confesión católica), que no son de recibo: 1- No hay base bíblica para que un sacerdote absuelva, 2- “Maldito el hombre que confía en el hombre” (Jer 17,5) y 3-La Biblia no dice que hay que confesarse con un hombre.

 

Base bíblica de la confesión y su delegación

 

Abundan los textos vetero y neotestamentarios, traigamos algunos: Lev 5,5; 5,10; 5,17: “el que cometió el delito confesará primero su pecado…el sacerdote hará la expiación por dicho pecado y persona. Y será perdonado.” Idem 16,30 y 32: “En ese día se hará expiación…así serán purificados y quedarán limpios de todos sus pecados ante Yahvé.” “El sacerdote al que hayan ungido y consagrado para ser sacerdote… hará la expiación.” Prv 28,13: “Ocultar sus faltas no conduce a nada, el que las reconoce y renuncia a ellas se hace perdonar.”

En el N.T. iniciemos con Cristo . Mt 9,2-8: “En esto le trajeron un paralítico…Viendo Jesús la fe de ellos dijo “Ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados.” Los escribas le llamaron blasfemo, Cristo les replicó: “para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados… Al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.” Notemos cómo esa facultad Jesús la traspasa a sus seguidores inmediatos y a los sacerdotes, Jn 20,21-23: “Como el Padre me envió, así los envío yo también. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo: a quienes perdonen sus pecados, serán perdonados y a quienes se los retengan, les serán retenidos.” “A ti (Pedro) te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.” He aquí el poder de la remisión delegado por Dios a quien sería la cabeza de la Iglesia, en primera instancia. Y en Mt 18,18 hallamos la delegación en sus discípulos y sus sucesores.

En consonancia Pablo afirma en II Cor 5, 19-21: “Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación…poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación. Somos, pues, embajadores de Cristo… en nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios ¡”

Con respecto a la segunda tesis aclaramos: 1-En la Biblia no está todo lo que creemos los cristianos, 2-Tampoco cabe la literalidad en ella (II Pe 1,20-21 y 3,16): “ninguna profecía puede interpretarse por cuenta propia…” refiriéndose a las cartas de Pablo “hay cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente -como también las Escrituras- para su propia perdición.” 3- De ahí la gran ventaja de contar los católicos con el Magisterio de la Iglesia que nos interpreta y actualiza el mensaje bíblico. 4- Claro que no creemos en Cristo y seguimos sus mandatos porque creemos en los sacerdotes, quienes tienen sus virtudes y son muchos, pero también debilidades, por ello nuestra fe en Dios no la ponemos en ellos, pero al ser investidos y consagrados para ministrar los sacramentos, son los depositarios de ese poder delegado. 5-Muchos hermanos no católicos lo fueron antes, pero se han pasado a otras religiones cristianas por una prédica o conversación con un pastor, un hombre, pocos por una experiencia mística con Dios y menos porque un ángel les trajo el mensaje de Dios como lo hizo con María Santísima y otros.

 

Conclusiones

 

El perdón da paz y salud mental, alivia la conciencia y mejora nuestra convivencia. Ese hermano reformado es quien cae en su propia trampa: “maldito el hombre que confía en el hombre”.

Por otro lado, la fórmula sacramental, doxológica y ritual aprobada y establecida por la Iglesia, que utiliza el sacerdote en la Reconciliación no es: Yo te absuelvo de tus pecados en nombre mío. Sino: “Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.” Pues el sacerdote es un instrumento, que actúa por orden y cuenta de Dios. No es él quien perdona los pecados, sino que ostenta un poder delegado, es un agente de Dios, con efectos en la tierra y la eternidad.

 

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