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“Diego, nuestro pequeño gigante maestro”

By Septiembre 11, 2020

El 6 de octubre del 2014 Priscilla celebraba sus 29 años al lado de su esposo, su hija de apenas cuatro meses de nacida y su familia. Entre los regalos y la celebración, Dios les envió una gran noticia: esperaban un nuevo bebé.

“La primera frase que salió de mi boca fue, mi amor, estás aquí y te amamos”, recuerda Priscilla. Entonces todavía no dimensionaba algunos aspectos que poco a poco fueron parte de sus pensamientos: podía que fuera muy pronto, su otra hija estaba muy pequeña, el tema económico, que ella venía saliendo de la cesárea…

Pasaron dos meses y fueron dando la noticia del embarazo poco a poco, primero a los familiares más cercanos y a los amigos. Su plan era hacerlo público por las redes sociales en diciembre cuando supieran el sexo del bebé. Entonces llegó el día del ultrasonido y todo dio un giro de 180 grados.

Las noticias no eran buenas y apareció la frase “incompatible con la vida”, aunque el pensamiento de la pareja de inmediato fue “¡ya hay vida, no fue incompatible!”.

La situación se complicó porque la pancita del bebé estaba abultada con líquido porque no podía orinar lo suficiente, el proceso haría que se presionaran los demás órganos hasta que dejarían de funcionar y finalmente moriría.

De frente a esta situación, la primera doctora que vio a Priscilla le dejó entrever la posibilidad del aborto, una opción que jamás ellos hubieran considerado.

Fue entonces cuando comenzaron los ultrasonidos semanales con otro médico para saber si aún bebé estaba con vida o había regresado al cielo con Dios.

Priscilla y su esposo entonces tuvieron la oportunidad de asimilar un poco mejor la situación y ponerle nombre a su hijo, si, era un varón: se llamaría Diego Francisco.

Un día cuando su hija estaba en el kínder la pareja salió a caminar con su hijo en el vientre de Priscilla, en medio de llantos, sobre una lomita y consolados por el viento celebraban la vida ese día que la tenían, que la sentían y que estaba con ellos. “¿Quién tiene asegurado que mañana sus seres queridos estarán allí?”, reflexiona Priscilla.

“El dolor siempre tiene un fin bueno, aunque al inicio cueste creerlo”, afirma Priscilla, quien, motivada por sus convicciones y su propia experiencia, se involucró de lleno en la lucha a favor de la vida en nuestro país. En la imagen durante la despedida de su pequeño Diego Francisco.

Obviamente se trata de un proceso muy doloroso, como nada que se pueda experimentar, perder un hijo es una herida profunda que, sin embargo, puede convertirse en una gran escuela si quien lo sufre así lo quiere.

“El dolor siempre tiene un fin bueno, aunque al inicio cueste creerlo”, afirma Priscilla, quien, motivada por sus convicciones y su propia experiencia, se involucraría de lleno en la lucha a favor de la vida en nuestro país, llegando a ser la directora del Instituto Femenino de Salud Integral, IFEMSI, una organización que da acompañamiento integral a las mujeres con embarazos inesperados.

Ante aquella realidad que enfrentaba, la familia clamó a Dios pidiendo que si era posible, apartara de ellos aquel cáliz, pero siembre abandonados a su voluntad.

“Sin embargo, reconocemos que el milagro de la vida es el mayor de los milagros y ese ya nos lo ha otorgado el creador”, afirma la madre.

Ahora, visto a la distancia, para ellos aquel momento de dificultad fue un punto de llegada para el cual Dios los venía preparando mediante las historias de sus propias familias, luego en los pasos dados en la Pastoral Juvenil donde conocieron las historias de santos y santas que marcaron sus vidas, entre ellas, Santa Teresita de Jesús, quien enseña que “la vida es un instante entre dos eternidades”, la experiencia de tener y criar a sus hijas, de conocer personas que pasaron por situaciones similares, de estudiar autores como Victor Frankl quien recuerda que “siempre se puede escoger la actitud con la cual afrontar el sufrimiento”, y finalmente su propio camino como familia a favor de la vida que les enseñó a disfrutar los minutos que tenemos y no restar los que nos quedan.

“Diego, nuestro pequeño gigante maestro, no parará de enseñarnos”, concluye Priscilla, agradecida con Dios por todo lo que le ha permitido vivir.

 

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Last modified on Viernes, 11 Septiembre 2020 11:44
Laura Ávila Chacón

Periodista, especializada en fotoperiodismo y comunicación de masas, trabaja en el Eco Católico desde el año 2007.

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