

“Descubrir el Ordo Virginum -dice- fue también descubrir que existía en la Iglesia una forma de vida que expresaba aquello que comenzaba a crecer con tanta fuerza dentro de mi corazón: permanecer en medio del mundo, inserta en la realidad de mi diócesis, y al mismo tiempo entregar toda mi vida a Cristo como esposa”.
Tras finalizar sus estudios universitarios, siguieron escuchando el llamado del Señor y tomaron una decisión crucial. “Él quería proponerme una felicidad que definitivamente era mayor”, dice uno de ellos.
Desde antes de ser obispo, se caracterizó por su preocupación por los problemas sociales, familiares, religiosos y económicos de los guanacastecos. La falta de vivienda, la tenencia y mala distribución de la tierra, la falta de solidaridad de los que más tienen con los que menos tienen, las dificultades de agricultores y arroceros, por los bajos precios y la importación de granos, entre otros.