Jessenia Araya Fuentes será consagrada en el Ordo Virginum este sábado 29 de agosto en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Guadalupe de Cartago. La ceremonia iniciará a partir de las 10:00 a.m. y será presidida por Mons. Mario Quirós, obispo de Cartago.
Sobre el ritual
El ritual de consagración de vírgenes es rico en signos. La ceremonia por momentos se asemeja a una boda, de hecho ellas se ponen un anillo en su dedo como símbolo de esa alianza matrimonial con el Señor.
Los orígenes del rito se remontan al Siglo IV, por lo tanto, es considerada como la primera vocación propiamente de la mujer en la Iglesia. En él, ella se ofrece a Dios en desposorio místico.
La consagrada se convierte en Esposa de Cristo e Imagen de la Iglesia. Ella manifiesta de forma concreta el amor esponsal con Cristo y representa a la Iglesia como esposa dedicada enteramente a su Señor (Num 1 - Instrucción Ecclesiae Sponsae Imago).
Básicamente, las vírgenes consagradas son mujeres que han decidido desposarse con Cristo y vivir su vocación en medio del mundo secular, con sus respectivas ocupaciones obligaciones, responsabilidades, pasatiempos y servicios en la iglesia.
Se trata de una vocación como cualquier otra. Es importante aclarar que no son monjas o religiosas ni viven en un convento. Para formar parte del Ordo Virginum únicamente se necesita ser una mujer soltera que sienta el llamado de Dios a una vida consagrada.
Antes de consagrarse, primero hay un proceso de discernimiento, luego un año propedéutico (formación preparatoria) y después 3 o 4 años de formación profunda.
Si usted es una mujer soltera y siente el llamado de Dios a una vida consagrada, pero no religiosa, el Orden de las Vírgenes Consagradas (o el Ordo Virginum) podría ser el camino para responder a ese llamado. Si tiene inquietud puede acercarse a su obispo o con la curia diocesana correspondiente y hacer las consultas sobre el proceso.
Nombre completo: Jessenia Araya Fuentes
Edad: 36 años
Parroquia de origen: Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe
Profesión: Licenciada en Administración de Negocios
¿Cómo se dio ese llamado a vivir como Virgen Consagrada?
Desde muy pequeña sentí una cercanía especial con Dios. Mientras otras niñas jugaban con muñecas, a mí me gustaba jugar a celebrar la Misa; era algo que nacía de manera muy natural en mí, aunque en ese momento, por supuesto, no comprendía lo que podía significar.
Al llegar a la adolescencia, por distintas situaciones familiares y de salud, ese llamado quedó de alguna manera en espera. Sin embargo, con el paso de los años fui comprendiendo que Dios nunca había dejado de acompañarme y que aquella semilla que había puesto desde niña seguía ahí.
En el año 2023 inicié los encuentros vocacionales y fue precisamente durante ese proceso cuando comenzó a hacerse mucho más claro en mí un deseo profundo: quería pertenecer totalmente a Cristo, quería ser esposa de Cristo. Poco a poco fui comprendiendo que no era simplemente una emoción o un deseo pasajero, sino una llamada que necesitaba discernir, acompañar y responder con libertad.
Ha sido muy hermoso mirar hacia atrás y descubrir que Dios fue escribiendo esta historia desde mucho antes de que yo pudiera ponerle un nombre. Hoy entiendo muchas experiencias de mi vida desde una perspectiva diferente y puedo reconocer cómo Él fue preparando mi corazón para esta vocación.
¿Cómo supo acerca de las Vírgenes Consagradas?
Durante los procesos vocacionales de la Diócesis de Cartago nos presentaron las distintas formas de vida consagrada que existen en la Iglesia. Fue allí donde conocí con mayor profundidad la vocación del Ordo Virginum, o de las vírgenes consagradas.
En aquel momento formaba parte de la comisión vocacional una virgen consagrada. Conocerla, escuchar su testimonio y ver concretamente cómo se vive esta vocación fue muy importante para mí. Con el tiempo se ha convertido en una persona sumamente significativa en mi camino y en un maravilloso ejemplo de entrega y fidelidad a Dios.
Descubrir el Ordo Virginum fue también descubrir que existía en la Iglesia una forma de vida que expresaba aquello que comenzaba a crecer con tanta fuerza dentro de mi corazón: permanecer en medio del mundo, inserta en la realidad de mi diócesis, y al mismo tiempo entregar toda mi vida a Cristo como esposa.
¿Cómo ha sido este proceso? ¿Cómo ha sido la reacción de su familia y amigos?
Ha sido un proceso profundamente transformador. Como todo camino vocacional, ha tenido momentos de mucha alegría y claridad, pero también momentos de espera, dudas, dificultades y crecimiento. Sin embargo, al mirar todo el camino recorrido, la palabra que podría resumirlo es gracia.
Dios ha utilizado cada etapa para ir transformando mi corazón, enseñándome a confiar, a esperar sus tiempos y a comprender que la vocación no se trata solamente de aquello que uno entrega, sino, sobre todo, de descubrir cuánto hemos recibido de Él. Ha sido un camino maravilloso hacia la santidad, que apenas comienza y que sé que tendré que seguir recorriendo cada día.
La respuesta de mi familia y de mis amigos ha sido realmente hermosa. Me he sentido muy amada, acompañada y sostenida. Han respetado mi proceso, han estado presentes en los momentos importantes y han compartido conmigo la alegría de este paso.
También ha sido muy especial descubrir cuánto cariño puede despertar una vocación que para muchas personas todavía es desconocida. He recibido palabras, oraciones, gestos y muestras de afecto que han tocado profundamente mi corazón.
Escuché que Carlo Acutis la ha acompañado también es este proceso
Mucho antes de iniciar formalmente los procesos vocacionales y de reconocer con claridad esta vocación, su vida comenzó a llamarme profundamente la atención. De alguna manera siento que él mismo se encargó de ir mostrándome su historia y de acercarme nuevamente a aspectos esenciales de mi vida de fe.
Recuerdo especialmente que, después de ver en el cine un documental sobre su vida, salí con una sed muy grande de acercarme al sacramento de la Reconciliación. Aquello marcó para mí un antes y un después. Desde entonces comprendí de una manera mucho más profunda la importancia de procurar vivir en gracia de Dios, y la confesión frecuente se convirtió en un pilar fundamental de mi vida espiritual.
Con el tiempo tuve también la inmensa alegría de poder ir a visitarlo. Poder celebrar la Eucaristía prácticamente junto a él y, después, acercarme y verlo de cerca fue una experiencia que guardo con muchísimo cariño. Es uno de esos momentos que permanecen en el corazón y que considero un verdadero regalo de Dios.
Por eso, Carlo Acutis no es para mí solamente un santo al que admiro. Ha sido un verdadero compañero de camino. Hoy, mirando todo el camino recorrido, puedo reconocer también su intercesión en esta historia y agradecer que Dios haya utilizado su testimonio para acercarme más a Él y preparar mi corazón para el “sí” que estoy llamada a pronunciar y renovar cada día.
¿Cómo vive estos momentos previos?
Llego a mi consagración con un profundo agradecimiento. No porque considere que he llegado a una meta, sino porque comprendo que estoy pronunciando un “sí” que tendré que renovar todos los días. Mi deseo es que mi vida pueda hablar del amor de Dios y que, desde mi pequeñez y mi humanidad, pueda ser instrumento suyo allí donde Él quiera ponerme.



















