La vida es un largo peregrinar de vuelta a casa. En medio de contratiempos y dificultades, Odiseo busca regresar a Ítaca; los cristianos, a la Casa del Padre. Recientemente se estrenó la película La Odisea (The Odyssey), basada en la obra de Homero y dirigida por el aclamado director Christopher Nolan.
El éxito de la producción es una oportunidad para reflexionar sobre una historia, escrita unos ocho siglos antes del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, pero que contiene enseñanzas y elementos valorados por el cristianismo, como la resistencia a las tentaciones, la lucha constante frente a las adversidades, la fidelidad conyugal (especialmente de Penélope), entre otros.
La tradición cristiana, además, desempeñó un papel importante en la conservación de numerosas obras de la Antigüedad, como las de Homero. Monasterios y monjes cristianos fueron algunos de los encargados de copiar, proteger y conservar manuscritos.
El poema homérico cuenta el viaje de Odiseo, rey de Ítaca, tras la Guerra de Troya y 10 años de intentos por regresar a su patria. En su casa lo espera su esposa, Penélope, y su hijo, Telémaco. Es un trayecto lleno de vicisitudes y peligros, que también puede verse como un camino interior de pruebas, aprendizaje y reflexión sobre el sufrimiento.
Aunque se trata de una epopeya escrita en un contexto pagano, con todo tipo de mitos, dioses y diosas, hubo autores y pensadores cristianos que supieron valorar la cultura clásica y reconocer en ella los destellos de verdad y de belleza.
“¿Quién soy?, ¿de dónde vengo y a dónde voy?, ¿por qué existe el mal?, ¿qué hay después de esta vida? Estas mismas preguntas las encontramos (...) en los poemas de Homero”. San Juan Pablo II, Fides et Ratio, 1.
Una perspectiva cristiana
Según la obra, Odiseo pide que lo amarren al mástil y que no lo desaten, aunque lo ordene y pida auxilio, para así poder escuchar el atrayente canto de las sirenas, mientras sus compañeros se tapaban los oídos. Esto puede leerse como una manera de resistir a la tentación.
Cuando está en una isla con la ninfa Calipso se le ofrece inmortalidad y un paraíso donde quedarse. Sin embargo, en su recorrido recuerda una y otra vez que lucha por reencontrarse con su esposa y su hijo.
Por su parte, Penélope aguarda la llegada de su marido, a pesar de los años que han pasado y de no tener ninguna noticia de su paradero. Ella rechaza a sus pretendientes, soporta las presiones y propuestas que le hacen.
Aunque el Odiseo de la película de Nolan no es en absoluto religioso y se centra más en la culpa que siente, sobre todo por lo vivido en Troya, presenta algunas ideas interesantes, como el precepto griego de la hospitalidad o xenia, llamado la “ley de Zeus” en el filme, el cual promueve tratar a los extranjeros y a otros como “te gustaría que te trataran”.
Lo anterior, en cierta forma, puede evocar las palabras de Jesús en Mateo 7, 12 (“Todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos”) y Lucas 6, 31 (“Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente”).
Los papas y la Odisea
El Papa Benedicto XVI recordó en una ocasión que la palabra “evangelio” (evangelium) aparece en La Odisea de Homero. El término en griego sirve para anunciar una gran victoria. De ahí que luego los cristianos lo utilicen para referirse al anuncio y al gozo de la Buena Nueva y la victoria sobre el pecado.
De acuerdo con un artículo de Vatican News, el viaje de Ulises se desarrolla, ante todo, en torno a las preguntas fundamentales que caracterizan el curso de la existencia humana: ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, y ¿adónde voy?
“En los poemas de Homero, como leemos en la encíclica Fides et Ratio del Papa Juan Pablo II, estas preguntas tienen “su origen común en el anhelo de sentido que siempre ha permanecido en el corazón humano: la dirección que damos a nuestra existencia depende de las respuestas a estas preguntas” (FER, Num. 1).
Emprender un viaje se convierte en una fuente de conocimiento para enmarcar, a través de la experiencia, las diversas secuencias de la vida. Incluso la búsqueda de la verdad no debe ser una espera pasiva.
El Papa Francisco, durante su viaje apostólico a Grecia en 2021, explicó que “el viaje por un mar tempestuoso, como enseña la gran epopeya homérica, suele ser el único camino”.
Durante su visita al Parlamento Helénico, el 6 de diciembre de 2021, Francisco explicó que no podemos permanecer inmóviles ante los momentos cruciales y las tormentas de la vida.
En la Odisea de Homero, recordó el pontífice argentino, el primer héroe que aparece no es Ulises, sino un joven, Telémaco, su hijo: “No había conocido a su padre y está angustiado, desanimado porque no sabe dónde está ni siquiera si existe”.
Y añade: “(A Telémaco) varias voces, incluida la divina, lo instan a tener valor y emprender el viaje”. “Y así lo hace: se levanta, zarpa en secreto y, al amanecer, se lanza a su aventura”, para tratar de averiguar, ante Menelao, el paradero de su padre.
“La salvación -agrega Francisco- se encuentra en alta mar, en el ímpetu, en la búsqueda, en perseguir los sueños: los verdaderos, los que se viven con los ojos bien abiertos, que implican esfuerzo, lucha, vientos contrarios y tormentas repentinas”.
Recientemente, el Papa León XIV, durante su viaje apostólico a España, específicamente en el Encuentro con Migrantes, no mencionó La Odisea, pero dijo que todos somos peregrinos “en camino hacia la patria celestial”. El sentido del viaje -añadió-, reside en hacerlo “más humano para todos, ofreciendo lo que está al alcance de cada uno”.

















