Tenía 19 años de edad y había decidido convertirse en religiosa. Sabía que su padre se opondría, así que no habló con él del tema. De camino al convento pasó a la oficina donde trabajaba su papá y le dijo que iba unos días al Colegio Sión para aprender a bordar… Una mentira por supuesto.
Dos semanas después, llegó su hermano, con dos policías, enviados por su papá. Si aceptaba volver por las buenas, la llevarían a la casa; pero si no, la iban a meter a un reformatorio. La Maestra de Novicias intervino y convenció a los oficiales de que la decisión de la joven era consciente.
“A mi queridísimo papá le duró el resentimiento tres años. Cuando pronuncié mis primeros votos le envié una cartita muy cariñosa y ese día hicimos las paces”, escribió en su autobiografía titulada: “Una monja hiperactiva”.
Aquella muchacha era Sor Emilce Vargas, religiosa de Nuestra Señora de Sión, quien partió a la Casa del Padre el pasado 15 de marzo. Fue una mujer entregada al servicio y al amor al prójimo.
Entró al Convento de las Religiosas de Sión en 1950. “Yo iba enviada por el Espíritu Santo a cumplir lo que Dios me pedía”, cuenta en su autobiografía. Empezó su servicio en el Colegio Sión, cuando aun estaba ubicado en el actual Edificio Sión de la Asamblea Legislativa. Luego fue enviada a Puntarenas para fundar la Escuela Sión.
También servía en Turrialba. Justo en ese cantón tuvo una experiencia inusual. Se encontró a un joven que lloraba en la calle porque no pudo tomar el autobús y necesitaba ir a pedir ayuda, pues su esposa estaba apunto de dar a luz.
La joven religiosa lo acompañó a la casa, se encomendó al Espíritu Santo, como acostumbraba hacer siempre, y atendió el parto. Gracias a Dios todo salió bien.
Pero también hubo momentos más duros. Como aquella niña que trataba de llamar su atención y, en un momento dado, la religiosa decidió dejar todo lo que estaba haciendo para dedicarse por completo a la pequeña. Fue entonces cuando la chiquita le contó que era víctima de abusos sexuales por parte de su padrastro.
Sor Emilce se la llevó al Reformatorio de Guadalupe e hizo la denuncia a las autoridades. El padrastro llegó a encarar a la religiosa, pero ella lo esperaba con dos oficiales de la policía para que se lo llevaran. Según cuenta, ella solía ir a visitar a la niña los domingos y se aseguraba de que no le faltara nada.
Vivió los horrores de la guerra
En 1970, partió a Israel para servir en la Basílica del Ecce Homo de las Religiosas de Sión. Allí vivió momentos difíciles debido a los conflictos militares. Entre sus memorias están los días en que, a pesar del peligro, salía de madrugada con un chofer a recoger heridos y muertos.
A los primeros los llevaban al Ecce Homo, a los segundos había que amontonarlos, orar por ellos y prenderles fuego por motivos sanitarios, para evitar la propagación de enfermedades.
Cuando regresó a Costa Rica fue directora de la primaria del Colegio de Sión de Moravia durante 20 años. Trabajó en la Escuela de Alfabetización, donde enseñaba a adultos a leer y a escribir. También estuvo a cargo de los Talleres de Promoción de la Mujer, que consisten en enseñar manualidades a mujeres para que puedan generar ingresos para sus familias.
Sor Emilce pasó sus últimos días en la Casa de Sión de Moravia. Falleció en paz y rodeada de sus hermanas religiosas. Dejó una huella imborrable entre muchas personas, quienes la conocieron y compartieron con ella.
Una mujer valiente
Laura Jiménez Abarca trabajó con ella en el Colegió Sión, cuando la religiosa era directora de primaria. Describió a Sor Emilce como una mujer muy valiente, fuerte, decidida, disciplinada, incansable y puntual.
Mencionó además que era estricta y exigente, pero también se preocupaba por los estudiantes y por el personal. “Fue una religiosa enamorada de la educación y de la comunidad de Sion”, apuntó Laura.
Ileana Álvarez fue estudiante del Colegio Sión y, como le ocurre a muchas, quedó impregnada con el carisma de la congregación. Participó en los Talleres de Formación para Mujeres, primero como estudiante y luego como instructora. Ahí conoció a Sor Emilce.
Comentó que la religiosa siempre aprovechaba al inicio para dar una breve reflexión bíblica o catequesis. Recordó que visitaron muchas comunidades para impartir los talleres y así muchas mujeres pudieron aprender un oficio y dar sustento a sus familias.
Además, una vez que aprendían algunas mujeres también se convertían en instructoras, así que el grupo buscaba otra comunidad. “Sor Emilce se alegraba mucho, tenía un espíritu muy animado. Uno podía estar desanimado que con solo verla ya se animaba”, añadió.
Ileana aún es instructora y forma parte de la Pastoral Vocacional de la Congregación de Nuestra Señora de Sión.















