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Sólo hay una tristeza en la vida: no ser santos

By Julio 29, 2022

Existe la idea incorrecta de que para ser santo se necesita algún poder sobrenatural y que por lo tanto no se trata de algo a lo que todas las personas puedan aspirar o luchar por alcanzar.

Todo lo contrario, la santidad es una llamada para todos, y debe de convertirse en la más importante meta en la vida.

El Papa Benedicto XVI recordaba al respecto que es cierto que la santidad exige un esfuerzo constante, pero es posible para todos porque no es una obra del hombre, sino que ante todo es un don de Dios.

“Contemplar el luminoso ejemplo de los santos, suscita en nosotros el gran deseo de ser como los santos, felices por vivir cerca de Dios, en su luz, en la gran familia de los amigos de Dios. Ser santo significa vivir cerca de Dios, vivir en su familia”, explicaba el Papa emérito.

Pero, ¿cómo podemos llegar a ser santos, es decir, amigos de Dios? Lo primero es que no es preciso realizar acciones y obras extraordinarias, ni poseer carismas excepcionales. Es necesario, ante todo, escuchar a Jesús y seguirlo sin desalentarse ante las dificultades.

A propósito de ello, las biografías de los santos presentan hombres y mujeres que, dóciles a los designios divinos, han afrontado a veces pruebas y sufrimientos indescriptibles, persecuciones y martirio. Han perseverado en su entrega, “han pasado por la gran tribulación y han lavado y blanqueado sus vestiduras con la sangre del Cordero” (Ap 7, 14).

“El ejemplo de los santos es para nosotros un estímulo a seguir el mismo camino, a experimentar la alegría de quien se fía de Dios, porque la única verdadera causa de tristeza e infelicidad para el hombre es vivir lejos de él”, agregaba entonces el Santo Padre.

Precisamente, este espíritu anima la presente edición especial, dedicada a los “santos nuestros de cada día”, una selección de biografías organizadas en categorías para que la historia de sus vida, entrelazadas por el amor de Dios, nos confirmen en la vocación a la Dios nos llama independientemente de nuestra edad, sexo, ocupación o servicio en la Iglesia.

 

Al encuentro con Jesús

 

En su Exhortación Apostólica “Gaudete et Exsultate”, sobre la llamada a la santidad en el mundo contemporáneo, el Papa Francisco insiste en la necesidad de caminar por el camino de la santidad, que es el camino cristiano hacia el encuentro con Jesús.

La Iglesia, observa el Papa, “no rechaza a los pecadores”, los acoge y los invita a dejarse “contagiar por la santidad de Dios”.

Al respecto, Francisco cita a menudo al escritor francés Léon Bloy quien declaró, en los últimos días de su vida, que “sólo hay una tristeza en la vida, la de no ser santos”.

Los santos, subraya el Papa, son “los amigos de Dios”, porque en su vida “vivieron en profunda comunión con Dios”. Francisco traza un retrato de los santos que, advierte inmediatamente, “no son superhéroes, ni nacieron perfectos”.

Los santos, reitera, “son como nosotros, como todos nosotros”, han vivido “una vida normal”, pero han “conocido el amor de Dios” y “lo han seguido incondicionalmente, sin límites ni hipocresías”. ¿De qué manera se reconoce entonces esta santidad? “Los santos -responde- son hombres y mujeres que tienen alegría en sus corazones y la transmiten a los demás”.

La alegría, por lo tanto, es un sello distintivo de los santos, a diferencia de esa “cara de funeral” que, como dice el Obispo de Roma muchas veces, tienen algunos cristianos que no viven bien su fe.

 

Nadie está excluido

 

Otra característica de los santos es la humildad. En su homilía matutina en Casa Santa Marta, el 9 de mayo de 2014, Francisco se enfocaba en la figura de San Juan Pablo II, observando como “el gran atleta de Dios” termina “aniquilado por la enfermedad. Humillado como Jesús”. El testimonio de Karol Wojtyla, recuerda Francisco, muestra que la regla de santidad “es disminuir para que el Señor crezca”, y para esto necesitamos “nuestra humillación”.

Nada más lejos de la imagen de personas con “superpoderes”. “La diferencia entre los héroes y los santos - explica nuevamente- es el testimonio, la imitación de Jesucristo: seguir el camino de Jesús”. Incluso los santos tienen sus pecados, pero saben cómo arrepentirse y pedir perdón.

Por otra parte, Francisco pone en guardia sobre la idea de que ser santo no es poner “cara de estampita”. Es algo mucho más profundo y está alimentado por gestos, “muchos pequeños pasos”, que todos pueden hacer donde vive y trabaja. “Cada fase de la vida, es su exhortación, conduce a la santidad, ¡siempre!”.

Martín Rodríguez González

Periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación Colectiva y egresado de la maestría en Doctrina Social de la Iglesia. Trabaja en el Eco Católico desde el año 2002 y desde el 2009 es su director.

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