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Tus dudas: ¿El Covid-19 es obra del diablo?

By Mons. Vittorino Girardi S. Junio 02, 2021

“Monseñor, ¿será una impresión mía o es verdad que, en estos últimos años, en ambientes católicos y, quizá aún más entre los no-católicos, se habla y se comenta más que antes acerca del diablo y de su poder maligno? He llegado a escuchar que no pocos creen que en la misma pandemia del Covid-19, hay intervención de poderes diabólicos. ¡Escucha uno tanta cosa! ¿Qué nos dice, Monseñor?”.

Jaime Rojas V. - Alajuela

 

Estimado don Jaime: empiezo con una sencilla observación con respecto a posibles intervenciones diabólicas, en relación con la pandemia del Covid-19. Se trata de un antiguo dicho latino: “quod gratis affirmatur, gratis negatur”, es decir, ¡Lo que se afirma gratuitamente, gratuitamente se niega!... No hay ninguna prueba, ni ningún argumento que apoyen tal afirmación. Más bien, se trata de una tendencia muy frecuente: Cuando algo muy negativo e inesperado nos sucede, y de lo cual no sabemos la causa, con demasiada facilidad se afirma que se debe a causas diabólicas que, a su vez, han podido actuar porque, han sido “invocadas” por arte de brujería, de magia negra o de supuestos pactos satánicos… Con demasiados casos semejantes me encontré a lo largo de mis años de Presbítero y de Obispo, y cómo me ha costado “convencer” de que no se podía afirmar tan fácilmente que la brujería, la magia y otras prácticas supersticiosas, tuvieran a satanás a su disposición para causar tantos daños, como son las enfermedades, los accidentes de carretera, los divorcios, los fracasos en los negocios, la invasión de insectos dañinos, etc., etc.

Volviendo ahora al primer punto de su pregunta, convengo con usted, estimado don Jaime, cuando afirma que se habla actualmente, más frecuente e insistentemente, del diablo o satanás, y de sus poderes maléficos y tentadores. Es por eso, que en términos de sociología religiosa, se habla de un “retorno de satanás”… Se trata de un fenómeno que se da particularmente en épocas de profundos cambios, marcados por la inseguridad y los miedos de cara a lo que está aconteciendo y de lo que podría acontecer en el futuro: guerras, catástrofes naturales, crisis económicas, epidemias,…

Lo que nos conviene en tales circunstancias, es volver a lo “esencial”. Más allá de todo acontecimiento y de un ambiente de inseguridad y de miedo, hay que tener presente lo que nuestra doctrina cristiana nos enseña al respecto.

Nos lo ha recordado nuestro Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Gaudete et exultate (Alégrense y Regocíjense) sobre el llamado a la santidad, del 19 de marzo del 2018. El combate necesario e indispensable por la santidad, no es sólo lucha en contra de las propias pasiones y malas inclinaciones, afirma el Papa, sino que “es también una lucha constante contra el diablo, que es el príncipe del mal” (159) y continúa: “no aceptaremos la existencia del diablo si nos empeñamos en mirar la vida sólo con criterios empíricos y sin sentido sobrenatural. Precisamente, la convicción de que este poder maligno está entre nosotros es lo que nos permite entender por qué a veces el mal tiene tantas fuerzas destructivas […]. El Maligno indica un ser personal que nos acosa. Jesús nos enseña (con la oración del Padre Nuestro) a pedir cotidianamente esa liberación para que su poder no nos domine” (160).

Todo esto es verdad, pero hay que recordar también lo que nos dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, a saber, “el poder de satanás no es infinito. Él no es más que una creatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre creatura: no puede impedir la edificación del Reino de Dios” (395). Hay que volver a recordar y a tener siempre presente la afirmación de Jesús: “el príncipe de este mundo ha sido echado afuera” (Jn 16, 11), y la otra constatación de la primera carta de San Juan: “El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo” (1Jn 3, 8).

Hay que mirar, pues, la realidad con cristiana confianza y serenidad. Si satanás, “como león rugiente, ronda buscando a quién devorar”, Dios nos ha dado la posibilidad, por el don de la libertad y con su gracia, “de resistirle firmes en la fe” (1Pe 5,8). Y nos debe acompañar la afirmación y la experiencia de San Pablo, a quien Jesús le había dicho: “te basta mi gracia” (2 Cor 12, 9) y, por eso, pudo decir con cristiano optimismo: “todo lo puedo en Aquel que me fortalece” (Flp 4, 13), sabiendo, además, que Dios no permite que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas, las que nos vienen de Dios mismo (cf 1Cor 10, 13).

 

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