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¿Por qué en Costa Rica no hay ningún santo?

By Mons. Vittorino Girardi S. Marzo 16, 2021

“Hola Monseñor, espero que esté bien. Hace días que yo me pregunto, ¿por qué en Costa Rica no hay ningún santo? Sin embargo, sabemos que este pueblo ha sido tan católico o más bien, ha habido muchos católicos. Muchas gracias por la bondad en atender mi pregunta”.

Xiomara Araya – San José

 

Estimada Xiomara, detrás de su pregunta hay un vivo deseo, a saber, que también nuestra Iglesia de Costa Rica, pudiera contar con algún santo o santa que hayan sido “canonizados”, y entonces, reconocidos como tales por la Iglesia universal.

Su deseo es también mío y de muchísimos más católicos de Costa Rica. Un santo o santa coopera en dar una fisonomía propia a la cultura de un pueblo. Es particularmente en los santos en que se “incultura” en admirable comunión el Evangelio y la idiosincrasia o mentalidad propia de un pueblo.

Podemos abundar en ejemplos. El indígena mejicano se refleja a sí mismo, se ve como en un espejo, en San Juan Diego quien se vuelve así en “referencia” para la propia dignidad e igualmente, en inspirador de valores.

San Óscar Arnulfo Romero, desafortunadamente fue “eliminado” de parte de un partido de El Salvador, sin embargo, hoy en día, todo salvadoreño lo considera como propio, y Oscar A. Romero, se constituye hoy en día en fuerza unificadora de todos los salvadoreños. Él es el héroe cristiano que, por la gran familia patria, ha dado su vida.

Si alguien va a Guatemala, y más concretamente a la Ciudad Antigua, rápidamente advierte el “peso” cultural del santo Hno. Pedro de San José Betancourt. No se podría entender la atmósfera característica de las celebraciones navideñas en La Antigua de Guatemala, sin tener presente la extraordinaria personalidad del humilde Hno. Pedro, que lograba mover a toda la Ciudad en torno al Belén… No sin razón, hoy en día tenemos grupos religiosos de origen guatemalteco, que llevan el nombre de Bethlemitas, inspirando su espiritualidad en la contemplación del misterio de Belén.

Además, el lugar en donde vivió o trabajó el santo, se ha ido transformando más y más en un centro de permanente evangelización y de múltiples manifestaciones de religiosidad y espiritualidad populares… Ahora mismo, me viene a la memoria la atmósfera fuertemente religiosa que irradian los lugares en donde vivieron, trabajaron y se santificaron los grandes Santos del Perú, como son Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, Santo Toribio de Mogrovejo, (Patrono de los Obispos de América Latina), San Pedro Solano…

Tenemos algo semejante, salvaguardando las proporciones, acá en nuestra Costa Rica, en la conocida Casa de la Virgen, en San José, en que vivió y trabajó en favor de los más desfavorecidos, santificándose, la Beata M. Sor María Romero Meneses. Es verdad, ella nació y se unió a las Hermanas Salesianas en Nicaragua, pero es más conocida y venerada en nuestra tierra.

De todas formas, estimada Xiomara, no hay que considerar al cristianismo de Costa Rica como “cristianismo de segunda”. ¡En absoluto!

Hay que recordar que, hasta bien entrado el siglo pasado, los habitantes de Costa Rica no eran muchos y esto queda patente por un hecho que está a la vista: hasta hace treinta años, cuando yo llegué a esta Tierra bendita, de las actuales ocho diócesis, encontré sólo cuatro, a las que había que añadir el Vicariato Apostólico de Limón, es decir, considerado aún “tierra de misión”.

No hay que olvidarlo, pues, somos una “Iglesia joven”, aunque estemos viviendo una época particularmente difícil (propia de las “Iglesias viejas” de Europa), que se manifiesta en todos los aspectos, y entonces, también en el ámbito religioso… Nos sorprende y nos duele, por ejemplo, la presencia de tres mil sectas o nuevos grupos religiosos y, a la vez, constatamos un avance rápido del secularismo y de la difusión de antivalores impuestos por lo que llamamos la “cultura adveniente”, apoyada por una educación universitaria y por una política que se manifiestan abiertamente en oposición a las propuestas de nuestra Iglesia.

Sin embargo, mirando atrás, recordamos a cristianos “ticos” que aún no canonizados han marcado muy positivamente el camino cristiano de nuestro pueblo, de nuestra cultura. Entre los demás, recordamos al Obispo Bernardo Augusto Thiel, a Mons. Víctor Manuel Sanabria Martínez, el Hno. Casiano de Madrid, al padre Marco Aurelio Fonseca, misionero salesiano en Angola y allá fue muerto, la simpática Niña Marisa (María Isabel Acuña Arias), de Heredia, al padre Fernando González Saborío, de quien se está pensando en introducir la causa de beatificación… y muchos otros, clérigos, religiosos y fieles laicos. A todos ellos les pedimos que intercedan para que no se entibie nuestra fe y la profunda tradición cristiana de nuestras familias.

 

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