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Tus dudas: ¿Qué es el Sínodo de los Obispos?

By Mons. Vittorino Girardi S. Noviembre 12, 2021

“Monseñor: veo que usted sigue dando su aporte al Eco Católico, aunque ya no encontremos esa publicación a las entradas de los templos, como antes del estallar de la pandemia. Se lo agradecemos.

Intento seguir el caminar de nuestra Iglesia y sé que en Roma se está celebrando el Sínodo de los Obispos, que tiene como tema la Sinodalidad en la Iglesia. Monseñor, quisiera conocer con mayor precisión qué debemos entender por Sínodo de los Obispos, y entonces, también por Sinodalidad.

Le reitero, Monseñor, mi agradecimiento y que Dios le pague su atento servicio”.

Adrián Cascante Q. - Moravia

 

La palabra Sínodo, es de origen griego y significa propiamente “caminar juntos”, pero de hecho, para nosotros, en español, indica una Asamblea o Convocatoria y en su sentido originario, es sinónimo de Concilio.

En la tradición de la Iglesia Oriental (incluyendo, claro está, la Católica), el término Sínodo indica la Asamblea de Obispos de una Iglesia Particular (por ejemplo, la de Siria), que ejercen colegialmente la función de gobierno.

Podemos, además, hablar de Sínodo Diocesano, cuando queremos indicar una Asamblea integrada por representantes de una entera Diócesis, bajo la presidencia de su Obispo, en que se revisa y se reprograma el camino pastoral de la entera Diócesis. Son varias las circunstancias que determinan la frecuencia de su celebración.

Una realidad bien distinta es el Sínodo de los Obispos; él fue instituido por el Papa San Pablo VI, con fecha del 15 de setiembre de 1965. De acuerdo con sus normas, el Sínodo de los Obispos depende directa e inmediatamente del Papa, a quien corresponde convocarlo. Representa a todo el episcopado católico y desarrolla su trabajo en ocasiones y momentos determinados, una vez que el Santo Padre lo convoca. Su finalidad consiste en fomentar la unión estrecha y la colaboración entre el Romano Pontífice y los Obispos de todo el mundo, informar sobre lo que se refiere a la vida de la entera Iglesia y a su actividad, y animar un sentir común en lo que se refiere a la doctrina y al modo general de presentarla y de actuarla.

Por eso, la función del Sínodo de Obispos es eminentemente consultiva y le corresponde dar su propio parecer al Papa acerca de los temas doctrinales y asuntos pastorales que sean sometidos a su estudio. Esto no impide que el Papa pueda otorgarle al Sínodo de los Obispos la posibilidad de “voto deliberativo” o de decisión, sobre cuestiones determinadas, aunque siempre le corresponda al Papa, ratificar las decisiones del Sínodo.

Lo que el Sínodo haya elaborado, redactado en un Documento Final es entregado al Papa, que se servirá de él, de la manera que estime más oportuna, empleándolo como material de trabajo para futuros documentos y para su actividad de gobierno de la Iglesia.

Normalmente, el Santo Padre, se hace “eco”, para decirlo de alguna manera, de cuanto ha sido examinado, discutido e iluminado en cada Sínodo, con un Documento propio que lleva el título de Exhortación postsinodal, en que trata el mismo tema que ha sido el del Sínodo.

Si la principal finalidad del Sínodo consiste en expresar y fomentar la unidad de la Iglesia en su catolicidad o universalidad, nuestro Papa Francisco ha querido que los trabajos de este último Sínodo, tuvieran como tema, la Sinodalidad.

Sabemos que el Sínodo de los Obispos, aunque sea una estructura eclesial relativamente reciente (1965), tiene su fundamento en la Palabra de Dios. Tenemos, en efecto, presente que la Iglesia es llamada en el Nuevo Testamento, “Pueblo de Dios” (2Pe), en que entonces, todos somos responsables de todo y, que los Hechos de los Apóstoles nos relatan aquella Primera Asamblea de los Apóstoles (Hch 15, 4-29) en que todo fue decidido, en diálogo, y de común acuerdo.

Ahora bien, nuestro Papa Francisco, nos invita a que el “Espíritu” del Sínodo de los Obispos y de aquella primera Asamblea Apostólica de Jerusalén, sea transmitido y asimilado por todos los cristianos, a fin de que cada uno, según sus carismas y según el lugar que ocupa en la Iglesia, se sienta y se haga más responsable del “caminar” de la propia Iglesia .

Es la primera vez que el tema de la Sinodalidad sea el tema de un Sínodo de los Obispos, y de él nos vendrán, sin duda, nuevas luces para una más clara y más definida visión de la misma Sinodalidad y de fomentar así la conciencia y el consecuente compromiso de vivir en aquella unidad por la cual Cristo pidió, “Padre que todos sean Uno, para que el mundo crea” (Jn 17, 21).

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