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Sagradas Escrituras: Barrabás

By Pbro. Mario Montes M. / Animación bíblica, Cenacat Junio 09, 2021

Hoy conoceremos a Barrabás, una figura controvertida en los relatos de la Pasión del Señor y a quien se le salvó de una “muerte anunciada”, gracias al indulto de Pilatos, pero quien salió “perdiendo” fue Jesús... ¿Quién fue este hombre? Hay varias hipótesis y opiniones acerca de la identidad de este raro personaje. Los Evangelios lo presentan de manera variopinta. San Mateo dice que era “un preso famoso” (Mt 2716); Marcos y Lucas, por su parte, que era uno de los sediciosos que en un motín habían cometido un asesinato (Mc 15,7; Lc  23,199 y Juan, que era un “bandido” o salteador (Jn 18,40).  Hemos de decir, que la costumbre de un indulto a presos en Israel, especialmente en los días de Pascua, no se encuentra en ninguna otra fuente histórica, ni judía ni pagana y esa prerrogativa, si existió, era única y exclusivamente del emperador romano de turno.

Si se presenta esta amnistía de Barrabás en Pascua, es una forma de recordar la liberación de Dios de la esclavitud e Egipto, celebrada en esta fiesta y, por otra parte, está en función de la teología, en la línea del pensamiento vicario o representativo: dejan libre al asesino y carga con la culpa el Hijo de Dios (Jn 18,38-40). Se ha pensado que habría tenido lugar un levantamiento contra Roma, al frente del cual o como uno de sus principales dirigentes o cabecillas, había estado Barrabás. Su caso se hizo famoso y el pueblo lo apoyaba considerándolo como un héroe nacional. Ahora bien ¿tan fácil lo soltó Pilato, siendo un alborotador e instigador contra los romanos? Pues bien sabemos que fue un montaje de Pilato para librarse fácilmente de Jesús y quedar bien con los jefes religiosos de Israel, que pedían su cabeza…

Además, el término griego “stasiastés”, se traduce como sedicioso, faccioso o revolucionario político. Sin embargo, se puede traducir también por perturbador, molesto, es decir, cualquier antisocial privado (como aparece en muchos textos griegos antiguos), y no necesariamente un rebelde de carácter político.  De manera que aquellos “stasiastái” (sediciosos) encarcelados con Barrabás, podrían perfectamente haber sido unos simples alborotadores del orden público, y no unos activistas subversivos contra Roma.

Ante ello y otras cuestiones sobre la figura y papel de Barrabás, el P Ariel Álvarez Valdés, biblista y teólogo, presenta una interesante hipótesis en su artículo llamado “¿Quién fue Barrabás?” (Enigmas de la Pasión de Jesús. Editorial San Pablo. Buenos Aires, pp 81-89): No estaríamos muy errados si dijéramos que Barrabás podría haber sido un auriga, es decir, un conductor de carros de carreras, al que el pueblo admiraba y cuya liberación quería a toda costa. Y los que estaban en prisión con él, eran unos espectadores revoltosos que, por ejemplo, podían haber empujado hacia los caballos o las ruedas del carro de Barrabás a un infeliz aficionado y haberle provocado la muerte, de manera que el pobre Barrabás terminó accidentalmente implicado en un crimen. Si esto es así, entonces se aclaran muchos de los detalles incógnitos y no muy claros, que aparecen en los Evangelios:

 

  • Primero, se comprende la distinción que san Marcos hace de Barrabás y de sus compañeros de cárcel (Mc 15,7).
  • Segundo, que a Barrabás se le conociera por su apodo. En efecto, san Marcos escribe: “Estaba encarcelado un tal Barrabás…” (Mc 15,7ª). También se traduce “un preso llamado Barrabás”, aludiendo a un sobrenombre o apodo, en este caso un sobrenombre deportivo. En Israel, podían haberlo conocido como “el hijo de su padre” (si su padre, por ejemplo, hubiera sido también un hábil corredor ecuestre), y entonces los judíos podrían haber traducido su apodo al arameo por “Barrabás”. Pero también se puede pensar que Barrabás no fuera una palabra judía sino extranjera. Podría estar formada por “bar” (sílaba inicial de “bárbaros” = extranjero), y “Abas” (nombre de un centauro), o sea, que significaría “el centauro extranjero”, apodo apropiado para un jinete o auriga. También podría venir de “bárbaks” (“halcón”), o de alguna otra expresión parecida.
  • Tercero, que san Mateo pudiera decir que era un preso “célebre” (Mt 27,16).
  • Cuarto, que Barrabás tuviera tantos partidarios o adeptos de su actividad deportiva, que pidieran espontáneamente su libertad.
  • Quinto, que Pilatos no tuviera mayor dificultad en concedérsela, puesto que, en definitiva, Barrabás no era propiamente culpable de una falta grave. Barrabás sería, pues, un auriga muy popular (algo así como Ben Hur, muy conocido por la película homónima), famoso por su destreza y aplaudido por las multitudes. En resumen, un ídolo deportivo (como los actuales entre nosotros), un personaje curioso que se cruzó en el proceso de Jesús sin darse cuenta, acaso, de quién era aquel extraño y manso “hijo del hombre”, que lo salvó…

 

La escena de Barrabás se vive todos los días en nuestra vida. A cada instante nos vemos envueltos en numerosos accidentes, peripecias y desgracias, de las que al fin de cuentas salimos sanos y salvos, y respiramos aliviados. Pero no tomamos conciencia de quién estuvo ahí salvándonos. Quién se hallaba presente en ese momento cuidando de nosotros. Si en cada incidente que atravesamos abriéramos los ojos, podríamos ver a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios de pie a nuestro lado, como estuvo al lado de Barrabás, devolviéndonos la vida y regalándonos una nueva oportunidad.

 

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