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Herodes Antipas y Jesús

By Pbro. Mario Montes M. - Animación bíblica, Cenacat Junio 01, 2021

Prosiguiendo con los personajes de la Pasión del Señor, hoy veremos cómo este  gobernador de Galilea, llamado Herodes Antipas, se encontró con Jesús, tal y como nos lo cuenta san Lucas:

Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia. Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada. Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia. Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato. Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos (Lc 23,8-12).

 

¿Quién era Herodes Antipas?

 

Era el hijo menor de Herodes el Grande, bien conocido por nosotros, en relación con los Magos y el niño Jesús, al que intentó matar (Mt 2). A la muerte de su padre Herodes, su hijo heredó, con el título de tetrarca, las provincias de Galilea y Perea (Lc 3,1). Construyó la ciudad de Tiberíades como capital de Galilea, en la ribera occidental del lago de Genesaret o de Tiberíades.

Hizo apresar y ejecutar a Juan el Bautista en el castillo de Maqueronte, según Mc 6,17-29. (De Salomé y Herodías, que estuvieron implicadas en esta muerte, tratábamos en el mes de setiembre del año 2020). En el proceso de Jesús, Herodes mostró gran interés por conocerlo, pero luego lo despreció y se burló de él, como vemos en el texto citado. En su momento Jesús se había referido a él, como “zorro” (Lc 13,31-33) y san Lucas cuenta que Herodes sentía asombro y miedo supersticioso por Jesús y quería conocerlo (Lc 9,7-9). Al final de su gestión como gobernante, cayó en desgracia y el emperador Calígula lo desterró a Lyon (Francia), acompañado de su esposa Herodías.

 

Jesús ante Herodes

 

Probablemente el hecho de que en la acusación que se hizo contra Jesús, se diga que inició su predicación en Galilea (Lc 23,5), hace que Pilato le envíe a Herodes, bajo cuya jurisdicción vivía Jesús (Lc 3,1). Se trata de un signo de cortesía, puesto que el gobernador romano tenía pleno poder sobre todos los judíos. Y más todavía en el caso de Jesús, que había sido acusado por el Consejo de Ancianos, de haberse rebelado contra el emperador. Puede ser que busque en Herodes un consejo, un gesto que le permita salvar a Jesús, vista su inocencia. Ahora bien, sería una forma de “lavarse las manos”, que luego repetiría, ante tan engorroso asunto. Estamos, de todas formas, ante una tradición exclusivamente del Evangelio de San Lucas.

Sabemos que Herodes quería ver a Jesús (Lc 9,9). Quizá su interés era simple curiosidad por conocer al profeta que hacía grandes prodigios (Lc 9,8). Sin embargo, sus múltiples preguntas encuentran como respuesta el silencio de Jesús, señal de su inocencia, como afirma el profeta Isaías: “Como cordero era llevado al matadero, como oveja muda ante sus trasquiladores” (Is 53,7). El rey pide signos por el simple gusto de ver, pero se queda, como decían los abuelos, “con las cajas destempladas” y con las manos vacías (Lc 9,9; Mc 6,14; Mt 14,1-2).

Se estrella contra la indiferencia y el silencio sepulcral de aquel misterioso nazareno de Galilea. Jesús domina la escena y expresa, en su silencio elocuente, su ruptura con la institución judía y la aceptación de su muerte. De allí que, frustrado y herido en su vanidad, Herodes se burla de él haciendo una parodia con un vestido llamativo, como si revistiera a Jesús de ornamentos reales que recuerdan su acusación (Lc 23,2). Así, quiso mofarse de las pretensiones de Jesús a la realeza. Finalmente, se lo remitió a Pilato. San Lucas no recoge el relato de Mc 15,16-20, donde son los soldados de Pilato los que se burlan de Jesús.

Prefiere presentar a un jefe judío y a sus tropas realizando la misma tarea, con lo que el poder romano sale también en este caso bien librado (recordemos que a San Lucas le interesa eximir a Pilato y al Imperio Romano de su responsabilidad de la muerte de Jesús. Para san Lucas, los responsables de la muerte de Cristo son los judíos, no los romanos (ver Lc 23,13-25).

La enemistad que existía entre Herodes y Pilato, y que confirman los historiadores de la época como Flavio Josefo, desapareció a partir de ese momento. El libro de los Hechos de los Apóstoles (Hech 4,23-28) verá en esta reconciliación, el cumplimiento del Salmo 2,2, donde se habla de la conjura de reyes y príncipes contra el Mesías. Sin saberlo, los enemigos de Jesús cumplen el plan salvador de Dios, contenido en las Escrituras: Jesús es realmente el rey Mesías, puesto por Dios para ser fuente de amistad con él y entre los hombres (Lc 23,12).

Pero, a fin de cuentas, el mismo Herodes se da cuenta que Jesús es inocente (Lc 23, 13-15). La sentencia de Pilato se ve confirmada por Herodes y la inculpabilidad política de Jesús, indica que la causa que sostiene no va contra los intereses del Estado. La sentencia era de importancia fundamental para la Iglesia que se iba extendiendo en los territorios del Imperio Romano.

Muchas veces, el silencio vale más que las palabras. Y aquí, ante Herodes, Jesús nos da ejemplo de saberlo hacer (1 Ped 2,22-23).

 

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