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Judas Iscariote el traidor

By Pbro. Mario Montes M. / Animación bíblica, Cenacat Abril 25, 2021

Una  de las figuras más despreciadas para nosotros es la de Judas Iscariote.  Ha sido tenido como el traidor por antonomasia, el apóstol y discípulo que por haber entregado a Jesús, ha sido el pecador más grande de la historia, digno del mismísimo  infierno. El arte en todas sus formas y la historia se han ensañado con él, hasta el punto que, lamentablemente, se organizan en algunos pueblos las llamadas “quemas de Judas”, representado por un monigote o fantoche y con él han ocurrido actos vandálicos. Ya de él presentábamos una bella catequesis, a cargo del Papa emérito Benedicto XVI, el domingo 30 de junio del año 2019. Pero ¿por qué traicionó a Jesús?

 

Las razones de su traición

 

¿Por qué traicionó a Jesús? Nunca lo sabremos. Los Evangelios no son unánimes al respecto ¿Por ambición? ¿Por plata? Solamente San Mateo presenta la venta de Jesús por dinero (ver Mt 26,14-16). En realidad, lo que pretende el evangelista es enseñar que, en esa venta, se cumplen las Escrituras (Mt 27,3-10). En ellas, se mezclan varios motivos, sin relación entre ellos: la compra de un campo (Jer 32,6-15), de los alfareros  situados en un terreno de Jerusalén (Jer 18,2-3; 19,1-29, pero especialmente Zac 11,12-13, donde Dios es “tasado” por una suma de dinero irrisoria, el precio que se paga por esclavo acorneado por un toro (Éx 21,32).

San Mateo maneja estas citas bíblicas con mucha libertad, para enseñar que Jesús es rebajado a un precio humillante.  En los demás Evangelios (Mc 14,10-11; Lc 22,3-5), Judas “no cobra un cinco” por entregar al Señor.  En Jn 12,6 Judas es acusado de ladrón, lo que podría suponer que su interés fue pecuniario,  al recriminar a María de Betania que ungió a Jesús con un perfume caro, cuando en realidad este apelativo de ladrón se  le dio mucho tiempo después, cuando su figura y papel fue adquiriendo tonos sombríos. Lo cierto es que Judas no se enriqueció con esta venta.

Solamente San Lucas cuenta en Hech 1,16-20.24-25 que él compró una finca con la plata que le dieron y que, por un infortunado accidente, murió en ella (ver Sab 4,19). Una finca llamada Hacéldama (Campo de Sangre), propiedad privada de alguien. Los motivos son teológicos y no históricos, pues por Mt 27,2-10, sabemos que Judas se suicidó y los sacerdotes judíos adquirieron la propiedad. El ideal de vender o adquirir campos y poner el dinero a disposición de los apóstoles, es común en el libro de los Hechos (Hech 2,45; 4,32-35; 5,1-11).

¿Por motivos políticos? Quién sabe si Judas, antes de ser discípulo de Jesús, fue un miembro del movimiento de los zelotas, que propugnaba un mesías guerrero, que vendría a liberar por las armas al pueblo elegido de la opresión romana. Así se explicaría una etimología de su apellido “Iscariote”, una variación del término "sicario", como si aludiera a un guerrillero armado de puñal, llamado en latín "sica”. Y los zelotes más temibles lo utilizaban en sus revueltas contra los romanos. Y al ver que Jesús optó por un mesianismo lejos de la violencia y de las armas, como Judas soñaba, rompió con él y abandonó su ministerio apostólico, decepcionado de Jesús. Pero esto no pasa de ser una probabilidad.

Pues bien, Judas Iscariote fue discípulo de Jesús, destinado a ser apóstol. Compartió con Jesús en los primeros tiempos de su ministerio y con los demás compañeros escuchó las enseñanzas de Jesús, trabajó en las labores de la evangelización (Mc 6,6-13), recibió los secretos del Reino (Mt 13,11), llevaba un nombre glorioso, como Judá, el patriarca fundador de Israel (Gén 29,35), nombre que significa “alabanza”, como también del gran célebre caudillo Judas Macabeo, de siglos atrás (1 Mac 3,1-9). Uno de los parientes de Jesús era su tocayo (Mc 6,3), lo mismo otro discípulo  de Jesús (Lc 6,16). Era un hombre de confianza de Jesús a tal punto que lo puso como administrador de los bienes de los Doce (Jn 12,6).

No sabemos cuáles exactamente fueron las razones por las que se distanció de Jesús y de los demás compañeros. Aun así, fue a Jerusalén con ellos y allí fraguó la entrega de Jesús con los líderes políticos y religiosos de Jerusalén, enemigos de su Maestro, poniéndolo a su disposición. Quién sabe si esperaba que Jesús reaccionara e instaurara por esos días, su Reino del que tanto hablaba, pero no a la manera que Judas pensaba. No lo sabemos ¿Pretendía que Jesús fuera un caudillo político y que aprovechara su poder taumatúrgico para hacerse sentir con fuerza en el pueblo?

Lamentablemente, desde los textos bíblicos, vemos que su vida y figura se fue moviendo entre luces y sombras, a tal punto que, como bien sabemos, se  convirtió en opositor de Jesús, al que llegó a traicionar. Este dato es innegable y naturalmente lo lamentamos. Tampoco hay que culpar a Dios de todo esto, como lo da a entender el actor de la ópera rock de Andrew Lloyd-Webber, Jesucristo Superstar, en 1973, llamado Carl Anderson quien, interpretando a Judas Iscariote, corre hacia su muerte culpando a Dios de un terrible crimen y desesperado se ahorca y el coro lo acompaña cantando: “¡Pobre Judas! “¡Pobre Judas!”. Y ni mucho menos a Jesús, quien, según el Evangelio apócrifo de Judas, es el que obliga a este apóstol a traicionarlo o entregarlo. Amabas formas de pensar, presentan una imagen horrible de Dios e indigna de él o de su Hijo.

Solo Dios sabe por qué y cómo acabaron sus días y su destino final. Que en estos días  de la Semana Santa, no “hagamos más leña” de su figura y recuerdo. Como todo ser humano, merece respeto, pese a su grave equivocación, pero no lástima sino misericordia. Pues ¿no podríamos ensanchar la comprensión y la bondad cristianas, también al caso de Judas, el discípulo y apóstol del Señor, que eligió un camino equivocado, pero que, de seguro, siguió muy dentro de las entrañas misericordiosas de Aquel cuyos días acabaron en la cruz? (Lc 23,34).

 

 

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