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La mujer de Betania

By Pbro. Mario Montes M. / Animación bíblica, Cenacat Abril 07, 2021

El Domingo de Ramos, cuando se proclama el texto de la Pasión del Señor según los diversos Evangelios de San Mateo, San Marcos y San Lucas, en sus ciclos correspondientes, por lo general comienzan contando el episodio de la unción de la mujer de Betania, a quien presentamos como la primera protagonista de la Pasión (Mt 26,6-13; Mc 14,3-9; Jn 12,1-8). Vamos a verla en el relato correspondiente a San Marcos:

Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco lleno de un valioso perfume de nardo puro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. Entonces algunos de los que estaban allí se indignaron y comentaban entre sí: “¿Para qué este derroche de perfume? Se hubiera podido vender por más de trescientos denarios para repartir el dinero entre los pobres”. Y la criticaban.

Pero Jesús dijo: “Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una buena obra conmigo. A los pobres los tendrán siempre con ustedes y podrán hacerles bien cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre. Ella hizo lo que podía; ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura. Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo” (Mc 14,3-9).

 

¿Quién era esta mujer?

 

Los protagonistas de la Pasión del Señor preparan la fiesta de Pascua de manera diferente y contradictoria. Mientras que los responsables del Templo de Jerusalén están más preocupados por inmolar a Jesús que por inmolar el cordero pascual (Mc 14,1-2), una mujer anónima gasta una considerable suma de dinero para perfumar a Jesús y anticipar sus funerales, lo cual Jesús interpreta como anticipación de su entronización mesiánica, como veremos.  

¿Quién era esta mujer? No lo sabemos a ciencia cierta, tampoco San Mateo dice quién era. En Jn 12,1-8 se dice que era María, la hermana de Lázaro y de Marta, tan conocidos por nosotros, como tampoco sabemos quién era Simón el leproso, probablemente una forma de nombrarlo, porque si fue leproso, de seguro que nadie hubiera asistido a esa comida, sabiendo del horror que los judíos sentían por esta enfermedad. Lo único en que los evangelistas coinciden, es que el gesto lo hizo en Betania, aquel pueblito donde Jesús solía ir a descansar y a departir con la familia de Lázaro (ver Lc 10,38-42; Jn 11,1; 12,1-3), de forma que la escena tiene una fuerte carga simbólica.

El gesto se realiza entre dos comidas: entre la primera, aquí, y la segunda (Mc 14,22-25), que sabemos, fue una comida pascual bien preparada por Jesús y sus discípulos (Mc 14,12-16). Una comida en un ambiente de amistad y afecto. La mujer se presenta con un frasco de alabastro, que era una piedra muy fina, dando a entender que aquel perfume de nardo purísimo, era también de un alto valor, produciendo un sugestivo efecto luminoso, aunque ella lo rompe, en señal de regalo para el huésped tan especial…, al derramarlo sobre la cabeza de Jesús (en cambio, en el relato paralelo de Juan, ella lo hace en los pies de Jesús, como en Lc 7,36-38, a cargo de la pecadora anónima).

Ahora bien ¿por qué en la cabeza del Señor? Al mencionarla, nos remite a los poemas del Cantar de los Cantares, en que se nombran a los novios o esposos, con un gran sentido simbólico: “el aroma de tus perfumes es exquisito, tu nombre es un perfume que se derrama” (Cant 1,3); “mientras el rey está en su diván, mi nardo exhala su perfume” (Cant 1,12); “¡Cuán hermosos son tus amores, hermana mía, esposa mía! ¡Cuánto mejores tus amores que el vino y la fragancia de tus ungüentos que todos los bálsamos!” (Cant 4,16).

El óleo que ella derrama sobre la cabeza de Jesús, tiene un sentido de unción real, ya que Jesús había sido proclamado rey, el Domingo de Ramos (Mc 11,9-10) y él no se niega a este homenaje, aunque Jesús agradece el gesto como gesto de unción para su sepultura. De todas formas, los símbolos son polisémicos, es decir, tienen una amplia gama de significados.

Algunos protestan por el despilfarro, en una aparente preocupación por los pobres. Seguramente son discípulos de Jesús. Pero Jesús les enseña que ella ha hecho una buena obra con él, desautorizando el criterio economicista y revelando el sentido profundo del gesto afectuoso de aquella mujer: lo prepara para su entierro, a la vez que anuncia que, allí donde se proclame el Evangelio, se la recordará y su gesto tendrá valor para siempre, siendo como un memorial precioso ante Dios y ante cuya presencia ha de llegar. Por eso, en estos días de Cuaresma y Semana Santa: ¿recordaremos con cariño y agradecimiento a esta mujer, de la que casi nadie habla ni se acuerda? ¿Hablaremos de ella y contaremos lo que hizo con Jesús, antes de su muerte?

 

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