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El discípulo amado

By Pbro. Mario Montes M. / Animación Bíblica, Cenacat Febrero 15, 2021

En el Evangelio de San Juan, aparece un discípulo a quién Jesús amaba. La primera vez que lo vemos aparecer es en la última cena (Jn 13, 23-26), cuando reclina su cabeza sobre el pecho de Jesús, y éste le revela en privado quién lo estaba por traicionar.  Luego se lo vuelve a mencionar cuando Jesús está agonizando en la cruz (Jn 19,25-27). Allí el discípulo amado es el único de los apóstoles, que se encuentra a su lado, y recibe de Jesús el encargo de tomar a la madre del Señor, como su propia madre. La tercera vez que aparece es el domingo de Pascua, cuando se difundió la noticia de que había desaparecido el cadáver de Jesús. El discípulo amado, entonces, corre hasta el sepulcro, y al verlo vacío cree en la resurrección del Señor (Jn 20,2-10).

Al final ya del Evangelio (Jn 21,7), el discípulo al que Jesús amaba se encuentra pescando en una barca junto con Simón Pedro y los otros discípulos. Cuando aparece Jesús resucitado de pie en la orilla, es el único que lo reconoce y se lo dice a Pedro. El quinto episodio lo muestra siguiendo muy cerca a Pedro y Jesús, y el Señor le dice que es capaz de hacerlo permanecer en este mundo, hasta su segunda venida (Jn 21, 20-23). El último dato que tenemos sobre su persona, es que el constituye la fuente de información de las cosas que han sido narradas en el Evangelio (Jn 21, 24).

En total se cuentan seis apariciones de este extraño personaje, de quien no se nos da absolutamente ninguna información, ni cómo fue llamado, ni su patria, ni su familia, ni su profesión, ni su temperamento, sino únicamente que contaba con el particular privilegio de ser especialmente amado por Jesús.

 

Varios candidatos...  ¿El apóstol Juan?

 

Muchos, al no saber de quién se trata, lo han tratado de identificar, por ejemplo, con el joven rico (Mc 10,21), de Natanael (Jn 1,47-49) y hasta del mismo Lázaro que, como vimos, era también amado por Jesús (Jn 11,3.5). La hipótesis que más peso parece tener, en la aceptación popular, es la que sostiene que el discípulo amado es el apóstol Juan y está avalada por una antiquísima tradición de la Iglesia. Ya en el siglo II San Ireneo afirmaba que Juan, el discípulo del Señor que se reclinó sobre el pecho, escribió el Cuarto Evangelio. Ninguna otra hipótesis cuenta con una tradición de tanta antigüedad. Esta hipótesis parece corroborada por un detalle curioso del Cuarto Evangelio: es el único que no nombra nunca al apóstol Juan.

Esto ha sido interpretado como que el mismo autor, Juan, el discípulo amado, por modestia y humildad ha querido callar su nombre, a fin de no poner en evidencia ante los demás esta predilección especial del Maestro por él. Además, nos consta que Juan pertenecía al grupo de los tres preferidos de Jesús (junto con Pedro y Santiago), no es extraño que de entre ellos Jesús hubiera privilegiado a uno: Juan.

Sin embargo, a estas afirmaciones e indicios, se oponen algunos argumentos que llevan a cuestionar la figura del apóstol Juan. En primer lugar, si Juan, el mismo autor del Evangelio, es el discípulo amado ¿habría sido tan orgulloso de llamarse a sí mismo “el amado” de Jesús? Pero lo que más desaconseja identificar al apóstol Juan con el discípulo amado, es la diferencia de carácter que encontramos entre ambos personajes. En efecto, Juan el apóstol aparece en los Evangelios como un hombre ambicioso, de temperamento explosivo y con un corazón intolerante. Tan violento, que estaba dispuesto a hacer desaparecer una aldea samaritana con fuego del cielo, porque no los quisieron recibir cuando iban camino a Jerusalén (Lc 9,54). Tan ambicioso, que pidió ocupar junto con su hermano Santiago los primeros puestos en el reino que Jesús estaba por fundar (Mc 10,35-37). Tan exclusivista, que una vez prohibió a alguien curar a un enfermo en el nombre de Jesús, porque no pertenecía a su grupo, lo que le valió una reprensión de Jesús (Mc 9,38-41).

En cambio, en los relatos del Evangelio de San Juan, la figura del discípulo amado aparece como la figura ideal, perfecta, ubicada, modelo de discípulo. Es el único de los seguidores del Señor que nunca aparece fuera de lugar, ni es reprendido por Jesús. Esto último es lo que nos termina de convencer de que no puede ser el apóstol Juan. Y tampoco de ninguno de los demás discípulos conocidos. Es demasiado perfecto y demasiado brillante. Cumple siempre una actuación tan correcta y virtuosa, que no parece ser alguien del círculo de los doce apóstoles de Jesús.

El discípulo amado, así como está relatado en el IV Evangelio, se nos ofrece como un símbolo de lo que debería ser todo discípulo, todo seguidor de Jesús, como una persona que resume a todos aquellos que, a lo largo de la historia, se esfuerzan por vivir como el Maestro ordenó. Ellos son los “amados de Jesús”. San Juan nos ofrece, en la presentación de este excepcional discípulo, un personaje sin rostro y anónimo, en el cual nos podemos identificar y sentirnos, como él, muy queridos por Jesús.

 

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