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Lázaro de Betania

By Pbro. Mario Montes M. / Animación bíblica, Cenacat Diciembre 23, 2020

Muchos de nosotros hemos escuchado el bello relato de la resurrección de Lázaro, en el texto del Evangelio de San Juan, que la Iglesia nos presenta en el 5° Domingo de Cuaresma, del ciclo A de la liturgia (Jn 11,1-45), que demuestra el poder de Jesús sobre la muerte. Dejamos la lectura en casa de este pasaje y transcribimos parte de la presentación que Monseñor Vittorino Girardi, obispo emérito de la diócesis de Tilarán, hizo de este personaje, en la página del Eco Católico del 11 de setiembre de este año, ante el deseo del señor Edgar Allan Solís, de saber si Lázaro era santo como sus hermanas Marta y María:

 

¿Quién era Lázaro de Betania?

 

“La Iglesia, recuerda a San Lázaro de Betania el 17 de diciembre. Lo ha honrado como Santo a lo largo de los siglos, aunque con el pasar del tiempo, su culto fue perdiendo popularidad. Una de las expresiones muy antiguas de su culto, era la procesión que los cristianos de Jerusalén, el sábado anterior al domingo de Ramos, realizaban camino a Betania y sobre la tumba de Lázaro (¡obviamente vacía!), el diácono proclamaba el Evangelio de Juan, que narra con detalles la resurrección de aquel gran amigo de Jesús.

Creemos que la poca atención que, a lo largo de la historia de la Iglesia, se le ha concedido a Lázaro, se debe también a los evangelistas. De Lázaro no nos dicen casi nada: no sabemos quién era, qué trabajo tenía, ni por qué lograra una amistad tan profunda con Jesús, ni cómo manifestara su cercanía hacia el Maestro… El evangelista San Juan sólo dice de él que era el “amigo”. Se piensa justamente que San Juan tiene una clara intención en ser tan escueto: él quiere hacernos comprender que lo único realmente importante en nuestra vida es ser “amigo” de Jesús.

Se trata de la misma intención por la cual San Juan termina su Evangelio, con aquella conocida pregunta a San Pedro: “¿me amas tú más que estos?” Y se lo pregunta tres veces, es decir con insistencia… Esa pregunta está dirigida a nosotros: ¿Le amamos o no le amamos a Jesús, a El que nos amó primero y que nos amó hasta el extremo? (cfr. Jn13, 1). Distintas y mucho más abundantes, son las informaciones que los evangelistas nos dan de Marta y María, las hermanas de Lázaro y de Santa María Magdalena. Esto justifica, al menos en parte, que la piedad popular les conceda más atención...”

 

El amor de Jesús por estos hermanos

 

Juan el evangelista destaca el amor de Jesús por esta singular familia de Betania. Sabemos, por un texto del Evangelio de San Lucas, que Jesús la visitaba, aunque no se menciona a Lázaro, sino a sus dos hermanas, Marta y María, que le dieron posada a Jesús (Lc 10,38-42). A lo largo de esta historia, la amistad de Jesús se seguirá destacando  en sus afectos” por ellos. En Jn 11,3 las hermanas le recuerdan a Jesús que Lázaro es “aquel a quien tú quieres”. En 11,5 el evangelista nos pone al tanto que Jesús los “amaba” a los tres. En Jn 11,11 Jesús llama a Lázaro “nuestro amigo”. Y finalmente, en Jn 11,36 es el pueblo quien lo nota: “Miren cómo lo amaba”.

Jesús manda “salir” a Lázaro

 

Finalmente, en todo este bello relato de Jn 11,1-45, y después de proclamar al mundo su unidad perfecta con el Padre, Jesús pronuncia con solemnidad el imperativo: “¡Lázaro, sal fuera!” (v. 43).  “Y salió el muerto con los pies y las manos vendados y la cara envuelta en un sudario” (v.44). Luego, dos imperativos más se escuchan finalmente en labios de Jesús, dirigidos a la gente que está viendo la escena: “Desátenlo para que pueda caminar”. También los espectadores judíos participan mediante un gesto de liberación, de aquello que no deja a Lázaro salir de su situación de muerte (las vendas) y emprender su camino (“andar” o “caminar” es signo de vitalidad).

Las últimas noticias que tenemos de Lázaro, es el relato de la cena de Betania de Jn  12,1-7, donde su familia le ofrece a Jesús una cena en su honor, en la cual Marta servía y Lázaro estaba sentado a la mesa, como comensal, mientras que María ungía los pies de Jesús. Luego, la conspiración contra él, de parte de los jefes de los sacerdotes en Jn 12,9-11, cosa que no sabemos a ciencia cierta si lo lograron…

Como sabemos, Jesús va al encuentro de la muerte, pero no sólo la de Lázaro sino también de la suya. La resurrección de Lázaro es un anuncio de la muerte de Jesús quien, para dar la vida arriesga la propia. Este hombre que, en todo este relato no dice nada, del que nos conocemos de sus reacciones ante la enfermedad y la muerte, ni del cómo vivió después de ser resucitado, pero al que Jesús amó, lo buscó en su sepulcro, lloró por él y le devolvió la vida, es un símbolo dramático de la humanidad abocada a la muerte, pero especialmente destinada a la vida plena, gracias al poder de Jesús, el Resucitado, vencedor de la muerte.

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