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El ciego de nacimiento

By Pbro. Mario Montes M. / Animación bíblica, Cenacat Diciembre 18, 2020

El ciego de nacimiento, otro de los personajes del Evangelio de San Juan, es una figura emblemática de todo aquel que vive en las tinieblas y es iluminado por Cristo- Luz, más que curado de su ceguera. Su historia la encontramos en el Evangelio de Juan (9,1-41), el 4° Domingo de Cuaresma. Por razones de espacio, colocamos acá el texto breve del leccionario, correspondiente al texto de ese domingo:

Al pasar, Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.  Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: “¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?”. Unos opinaban: “Es el mismo”. “O, respondían otros, es uno que se le parece”. Él decía: “Soy realmente yo”.

El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos.  Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. Él les respondió: “Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo”.  Algunos fariseos decían: “Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?”. Y se produjo una división entre ellos.

Entonces dijeron nuevamente al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?”. El hombre respondió: “Es un profeta”. Ellos le respondieron: “Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?”. Y lo echaron.  Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: “¿Crees en el Hijo del hombre?”. Él respondió: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?”. Jesús le dijo: “Tú lo has visto: es el que te está hablando”. Entonces él exclamó: “Creo, Señor”, y se postró ante Jesús… (Jn 9, 1.6b-9.13.15-17.34-38).

 

Sexto signo de Jesús

 

San Juan nos presenta el relato del ciego de nacimiento, que fue curado por Jesús, para demostrar al pueblo que Él es la luz, tema recurrente en los domingos de Navidad, Epifanía del Señor y en los comienzos del Tiempo Ordinario. “Mientras yo estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo”, dice Jesús (Jn 1,5). Este es el mensaje más importante, pues quien sana a un ciego de nacimiento, demuestra que es la luz, de manera que el ciego, más que curado, es un hombre iluminado (podemos leer el texto completo de Jn 9,1-41 en nuestras Biblias)

El signo provoca varias reacciones. Primero la perplejidad de los vecinos y conocidos (Jn 9,8-12), que descubren un cambio en aquella persona, preguntándose si será el mismo, a lo cual este hombre iluminado se presenta, como Jesús, diciendo: “soy yo mismo” (Jn 9,9; 18,5.6.8), refiriéndose al Señor, como “ese hombre que se llama Jesús” (Jn 9,11), pues no conoce su origen divino (Jn 9,12).

En segundo lugar, reaccionan los fariseos, que también se quedan extrañados, pues, según su parecer, todo aquel profeta que realiza prodigios y quiera ser seguido, viola la ley (ver Dt 13,1-6), y crea división (Jn 9,13-17). El iluminado reconoce a Jesús como profeta (Jn 9,17). Los padres de este hombre se desentienden de él, por miedo a los judíos (Jn 9,18-23), el iluminado, por su parte, confiesa la fe en el origen divino de Jesús (Jn 9,24-34), y da razón a los fariseos de su renacimiento, quienes lo expulsan de la comunidad.

Meditando la historia de la curación del ciego, es bueno recordar el contexto histórico de las comunidades cristianas en Asia Menor hacia finales del siglo primero, para las cuáles fue escrito el Evangelio de Juan y que se identificaban con el ciego y con su curación. Ellas mismas, a causa de una visión legalista de la ley de Dios, eran ciegas de nacimiento.

Pero, como sucedió para el ciego, también ellas consiguieron ver la presencia de Dios en la persona de Jesús de Nazaret y se convirtieron. ¡Fue un proceso doloroso! En la descripción de las etapas y de los conflictos de la curación del ciego, el autor del Cuarto Evangelio recuerda el recorrido espiritual de las comunidades, desde la oscuridad hasta la plena luz de la fe. El ciego que ahora, por la acción curativa, liberadora e iluminadora de Jesús, puede ver, no solamente es un curado pasivo, sino que reconoce a Jesús y se vincula a la causa del Reino de Dios, lo declara Señor de su vida y comienza por la propuesta de humanidad que Jesús ofrece al mundo. Hoy, como aquel ciego ¿estamos dispuestos a dejarnos curar por Jesús y entrar en la exigencia radical que él nos pide?

 

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