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Sagradas Escrituras: Judas Iscariote en Hechos

By Pbro. Mario Montes M. Noviembre 05, 2021

Varias veces hemos presentado a Judas Iscariote en nuestros artículos de los protagonistas de la Biblia (el 30 de junio 2019, de la mano del Papa emérito Benedicto XVI y el pasado 28 de marzo 2021, Domingo de Ramos). ¿Por qué volver a su figura? Porque en el libro de los Hechos de los Apóstoles, se le menciona de nuevo con motivo de su muerte, diferente a como la hemos sabido por Mt 26, 3-10 (suicidio). ¿Sucedió así? No lo dudaríamos si no fuera porque el libro de los Hechos de los Apóstoles, nos dan una información totalmente distinta. Cuenta este libro que cuando los apóstoles quisieron buscar un sucesor de Judas, a fin de volver a completar el número de los Doce, Pedro pronunció el siguiente discurso:

Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, habla de Judas, que fue el jefe de los que apresaron a Jesús. Él era uno de los nuestros y había recibido su parte en nuestro ministerio. Pero después de haber comprado un campo con el precio de su crimen, cayó de cabeza, y su cuerpo se abrió, dispersándose sus entrañas. El hecho fue tan conocido por todos los habitantes de Jerusalén, que ese campo fue llamado en su idioma Hacéldama, que quiere decir: ‘Campo de sangre’…” (Hech 1, 16-19).

Mientras San Mateo habla de un suicidio, San Lucas dice que se trató de un accidente: se despeñó y su cuerpo se reventó contra el suelo. San Mateo cuenta que Judas se arrepintió de su traición y fue a devolver las 30 monedas a los sacerdotes. En los Hechos, en cambio, no hubo arrepentimiento ni devolución del dinero. Según San Mateo, con las monedas devueltas por Judas, los sacerdotes adquirieron el campo de un alfarero, y lo usaron como cementerio para los judíos extranjeros. En Hechos, en cambio, afirma que quien compró el campo fue el mismo Judas.

San Mateo puntualiza que el campo adquirido por los sacerdotes, era un terreno desértico (en griego = agrón). Mientras que en los Hechos aclara que era una finca (en griego = jorión), en la que Judas encontró una espantosa muerte, precipitándose (¿de su casa o un terreno alto?). Para San Mateo el misterioso nombre de “Campo de Sangre” alude a la muerte de Jesucristo (ya que fue comprado con el dinero de su venta). Para el libro de los Hechos, el nombre alude a la muerte de Judas, por su desafortunado accidente.

Para comprender la versión contada en los Hechos de los Apóstoles, por lo demás truculenta y repugnante, es necesario tener en cuenta, ante todo, que los primeros cristianos no olvidaron jamás la deplorable actitud de Judas. ¿Cómo pudo entregar al Maestro? ¿Por qué desencadenó, con su beso traidor, la sangrienta pasión que lo llevó a la cruz? Semejante infamia, pensaban todos, merecía un castigo ejemplar de Dios. Ahora bien, en el Antiguo Testamento existía un género literario especial, llamado “relato de muertes infamantes”, que se usaba para contar la muerte de aquellos pecadores, enemigos de Dios, que durante su vida se oponían a los proyectos divinos. Algunos se leen, por ejemplo, en los Salmos 69, 23-29, 109, 6-19, y en el libro de la Sabiduría 4,18-19. En este último, precisamente, leemos lo siguiente:

Lo verán y sentirán desprecio, pero el Señor se reirá de ellos. Después se convertirán en un cadáver infame, objeto del oprobio eterno entre los muertos. El Señor los precipitará de cabeza, sin que puedan hablar, los arrancará de sus cimientos, y serán completamente exterminados: quedarán sumidos en el dolor y desaparecerá hasta su recuerdo”.

Esta descripción nos da un pavoroso cuadro de la muerte del pecador. Recordemos que en la antigüedad, era muy importante tener una sepultura digna, y no había peor maldición que la dirigida contra un cadáver. Si ahora analizamos detenidamente este párrafo y lo comparamos con lo que San Pedro cuenta en el libro de los Hechos, vemos que, en realidad, éste cuenta la muerte de Judas siguiendo esta cita del libro de la Sabiduría.

En efecto, Judas “se convirtió en un cadáver infame” (ya que no pudo ser dignamente enterrado); “objeto del oprobio eterno” (pues la noticia se extendió por todas partes); “cayó de cabeza” (como Pedro afirma); “sin que pueda hablar” (por eso, para Pedro, Judas Iscariote no se arrepiente ni devuelve las monedas como dice San Mateo). Pero Pedro agrega lo de una finca, llamada “Campo de Sangre”, que el libro de la Sabiduría no menciona. ¿De dónde, pues, sacó este dato?

La respuesta se halla en un terreno que en tiempos de Jesús existía (y aún hoy existe), al sureste de Jerusalén. La tradición popular lo llamaba “Campo de Sangre”, no sabemos por qué. No es raro que un nombre tan llamativo, alborotara la imaginación de la gente, y con el tiempo la tradición terminó ubicando allí el supuesto accidente aterrador de Judas, que la creencia popular le atribuía. ¿De dónde había sacado dinero Judas para comprar ese terreno? Sencillo: de las 30 monedas de la traición.

Podemos concluir, pues, que la versión de la muerte de Judas dada por San Lucas en Hechos, no era sino una historia transmitida por los primeros cristianos, elaborada sobre la base de una cita bíblica del libro de la Sabiduría, y completada con la creencia popular de un terreno llamado Campo de Sangre. Con ella querían resaltar cómo los proyectos de Dios se cumplirán siempre, por encima de los proyectos malos.

Judas Iscariote fue un hombre equivocado, como tantos otros de la historia. El Nuevo Testamento baja el telón sobre él cuando san Pedro, en su mencionado discurso, dijo que Judas desertó “y se fue al lugar que le correspondía” (Hech 1,25).

No es de nuestra incumbencia decir cuál es ese lugar. No es tarea de la Iglesia condenar a nadie, sino salvar. Cuando nos veamos tentados de condenar sin compasión, a alguna persona equivocada, incluyendo a Judas Iscariote, recordemos lo que el Nuevo Testamento hizo con él. En vez de condenarlo, utilizó su historia para resaltar dos lecciones positivas: en la versión lucana de los Hechos de los Apóstoles, que Dios triunfa siempre; y en la versión de San Mateo, que Jesús es el Mesías verdadero, pese a las deserciones de cuantos lo rodeamos.

 

(Ver el artículo completo del P Ariel Álvarez Valdés, sobre la muerte de Judas Iscariote, en https://www.monografias.com/trabajos96/muerte-judas-iscariote/muerte-judas-iscariote.shtml)

 

 

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