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El peso de nuestras decisiones

By Enero 03, 2022

La vida está llena de decisiones. Todos los días elegimos y descartamos, tomamos y dejamos, muchas veces sin darnos cuenta por la costumbre, pero es necesario tomar conciencia del peso que tienen nuestras decisiones.

Tomar decisiones no es fácil. Nadie dijo que lo fuera. Es fácil encontrarnos preguntándonos a nosotros mismos “¿y si lo hago? ¿y si no?”, colocándonos siempre en el peor escenario posible. En esos momentos está hablando nuestro miedo: el miedo a equivocarnos, a hacer daño, a perder  algo o alguien, el miedo a fallar, a decepcionar.

En la vida es importante, diferenciar entre aquellas decisiones que tendrán un peso importante en nuestra vida y las que no.

Una técnica que puede ayudar a darnos cuenta cuáles son esas decisiones relevantes y que nos permitirá  aligerar el peso ante decisiones no tan importantes y reducir la ansiedad ante aquellas decisiones más significativas es la siguiente.

Según la escritora Suzy Welch, se trata de la fórmula “10-10-10” para ello se debe coger papel y lápiz y reflexionar por escrito. En momentos de calma se debe tratar de responder desde la más absoluta honestidad a algunas preguntas.

Ella dice que “cada vez que me veo en una situación donde no hay una solución a la vista que satisfaga a todos, me hago a mí misma estas tres preguntas: ¿cuáles serán las consecuencias de mi decisión dentro de 10 minutos?, ¿y dentro de 10 meses?, ¿y en 10 años?”.

Imaginemos, la posibilidad de cambiar de trabajo o emprender por sí solo, entonces uno se plantea  las siguientes preguntas que son válidas hacerse en la vida.

¿Cómo te sentirás respecto a una decisión 10 minutos después? ¿Cuáles son las consecuencias de mi decisión? ¿Y si me despiden? ¿Qué pasará dentro de 10 meses?

Tal vez te sentirás orgulloso dentro de unos años de haber llevado adelante tu sueño, o bien te sentirás frustrado dentro de 5 meses.

Igual no lo sabremos si no lo intentamos, las oportunidades llegan una sola vez en la vida, depende de uno mismo tomarlas, o que alguien más lo haga y pase la oportunidad. Muy cierto es quien afirma que tomar decisiones implica renunciar a ciertas cosas a favor de nosotros, implica priorizar en lo que me hace sentir bien y en paz y por eso, en ocasiones se debe pensar con la razón y no con el corazón. Debemos elegir lo que para nosotros es más valioso y afrontar lo que esa decisión conlleve.

En ocasiones debemos imaginarnos el yo del futuro ¿Qué nos diría? ¿Qué nos gustaría hacer? Esa plenitud solo la encontraremos con esa paz que Dios nos da. Tomar decisiones sin él, es lo peor que podemos hacer en la vida, pues la sabiduría divina nos enseña a tomar buenas decisiones. Dios nos enseña a vivir cada proceso, y los procesos en esta vida no durarán para siempre.

Las decisiones que debemos tomar surgirán de pensar con el Espíritu correcto, con la mente en Cristo y conforme al propósito de Dios.

El libro de Proverbios nos dice “Confía en todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y Él te llevará por el camino recto”. Por eso, El principio básico de un cristiano es que toda decisión que tome en su vida sea conforme a la voluntad de Dios.

Conviene meditar en oración y por ejemplo, cuando la duda nos invada, digamos: “Señor, enséñame a vivir a tu manera. Muéstrame el camino que tú seguirías. Guíame y enséñame tu verdad, porque tú eres mi Dios y Salvador, y en ti pongo siempre toda mi esperanza”.

Laura Ávila Chacón

Periodista, especializada en fotoperiodismo y comunicación de masas, trabaja en el Eco Católico desde el año 2007.

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