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El consumismo no está en el pesebre

By Diciembre 15, 2021

Estamos a las puertas de la navidad, una época en la que el amor y la solidaridad deberían de manifestarse en todas partes, pero la realidad es otra y cada año el consumismo va ganando terreno sobre el verdadero sentido de este tiempo breve pero importante, que abre nuestro corazón al nacimiento del Salvador.

La navidad debe volver a ser un tiempo en familia, una oportunidad de encuentros y reencuentros, un espacio de oración, de alegría y de paz. La oración, el gesto, el villancico, la participación en la liturgia; todo debe crear un clima de preparación a la venida del Señor.

Esta es la razón por la que debemos rescatar todos aquellos momentos de unión familiar frente al pesebre, de alegría compartida. Y la mejor manera para preparar un lugar para Jesús en la Navidad es abriendo nuestro corazón a nuestros hermanos, especialmente los más necesitados.

Debemos preguntarnos en esta época ¿qué agrada a Dios? si queremos vivir la Navidad, tenemos que abrir el corazón y estar dispuestos a las sorpresas, es decir, a un cambio de vida inesperado.

“La Navidad es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la simplicidad sobre la abundancia, del silencio sobre el alboroto, de la oración sobre “mi tiempo”, de Dios sobre mi “yo”, insistió, llamando a “hacer como Jesús”, es decir “bajar hacia aquellos que nos necesitan”, recuerda el Papa Francisco.

“Desgraciadamente, nos podemos equivocar de fiesta, y preferir las cosas usuales de la tierra a las novedades del Cielo”, reconoció el Santo Padre, lamentado que, entonces, “la Navidad es solo una buena fiesta tradicional, donde nosotros y no Él estamos en el centro”.

Igualmente, el Pontífice ha pedido que “por favor, ¡no mundanicemos la Navidad! No dejemos de lado al Festejado”, exhortó recientemente, lamentando que “durante estos días se corre, tal vez como nunca durante el año”, y precisamente eso es “lo contrario de lo que Jesús quiere”.

“Será Navidad si encontramos luz en la pobre gruta de Belén”, concluyó el Papa. “No será Navidad si buscamos el resplandor del mundo, si nos llenamos de regalos, comidas y cenas pero no ayudamos al menos a un pobre, que se parece a Dios, porque en Navidad, Dios vino pobre”.

“Hoy necesitamos mucho la ternura, tenemos mucha necesidad de caricias humanas, frente a tantas miserias! Si la pandemia nos ha obligado a estar más distantes, Jesús, en el pesebre, nos muestra el camino de la ternura para estar cerca, para ser humanos. Sigamos este camino”. 

 

Riesgo del consumismo

 

El mismo Papa Francisco recordaba en una catequesis en diciembre pasado que el consumo “ha secuestrado la navidad”.

Exhortaba a que “no nos dejemos arrastrar por el consumismo, por el `debo de comprar regalos, debo hacer esto`, por ese frenesí de hacer cosas. Lo que importa es Jesús. El consumismo, hermanos y hermanas, nos ha secuestrado la Navidad”, aseguró.

Y agregó: “El consumismo no está en el pesebre de Belén. En él está la realidad, la pobreza y el amor”. “Procuremos no mundanizar la Navidad, ni convertirla en una bonita fiesta tradicional pero centrada en nosotros y no en Jesús. Celebraremos la Navidad si sabemos dedicar tiempo al silencio, como hizo José; si le decimos a Dios ‘aquí estoy’, como María; si salimos de nosotros mismos para ir al encuentro de Jesús, como los pastores; si no nos dejamos cegar por el brillo de luces artificiales, de regalos y comidas, y en cambio ayudamos a alguien que pasa necesidad, porque Dios se hizo pobre en Navidad”, dijo.

 

Que todo hable de amor

Una forma de rescatar la navidad en familia es entendiendo el significado de sus signos y tradiciones:

 

El pesebre o Belén. Es la representación del nacimiento de Jesús por medio de figuras vivientes o no. San Francisco de Asís fue el que instituyó esta costumbre hacia el año 1223.

 

La estrella de Belén. Una estrella adorna nuestro belén y, a menudo, la cima del árbol de Navidad. Representa a la estrella de Belén que guió a los Reyes Magos desde Oriente hasta el pesebre donde nació Jesús. Las estrellas simbolizan la esperanza.

 

La comida navideña. El espíritu navideño convoca a familiares y amigos a reunirse en torno a la mesa para celebrar el nacimiento de Jesús. Es así que esta comida fraterna se expresa en un menú variado y vistoso, que se ha ido modificando según las diferentes tradiciones familiares, locales y culturales de cada región o pueblo.

 

Noches de luz. El hábito de adornar los árboles y otros lugares de la casa con luces de colores o blancas, en jardines particulares o lugares públicos, expresan la “iluminación” obtenida por el nacimiento de Jesucristo.

 

El árbol de Navidad. Los orígenes del arbolito, que según la costumbre se arma junto al pesebre cada 8 de diciembre, se remontan a una celebración pre-cristiana de la zona de Alemania. Los antiguos germanos, al finalizar cada año, celebraban la renovación de la vida, eligiendo un árbol y adornándolo con antorchas. San Bonifacio reemplazó el árbol por un pino y lo adornó con manzanas y con velas, que representaban la luz mundo, Jesucristo. Costumbre que rápidamente se extendió por otros países.

 

Laura Ávila Chacón

Periodista, especializada en fotoperiodismo y comunicación de masas, trabaja en el Eco Católico desde el año 2007.

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