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Una Iglesia solidaria y fraterna

By Raymond Sánchez Mena / Acólito, Diócesis de Cartago Agosto 17, 2020

El 25 de enero pasado, concluida mi formación inicial en el Seminario, llegué a la Parroquia de Santa Lucía en Paraíso de Cartago, pues ahí fui designado por mi obispo para realizar mi labor pastoral antes de la ordenación diaconal.

Vino entonces la situación pandémica que estamos viviendo, se cerraron los templos y se hizo un cambio en el caminar pastoral de la parroquia. Días después, Monseñor Mario Quirós me pidió colaborar con la Pastoral Social Diocesana; acepté con gusto porque como seminarista en formación, realicé mi servicio pastoral en la Rectoría Santa Teresa de Calcuta.

Es increíble ver cómo instituciones o empresas se unen para ayudar a los más necesitados, cómo mediante la ayuda material tratan de colaborar con aquellos que la están pasando mal. He comprendido que la ayuda solidaria de la Iglesia no debe cesar, más bien exige compromiso, que los sacerdotes y -me atrevo a decir- todos los bautizados “se pongan la camiseta” para juntos salir adelante. Ver que familias, grupos apostólicos, parroquias, sacerdotes y nuestro obispo, se comprometan a brindar su apoyo a distintas tareas en favor de los necesitados, es de admirar.

Nuestra Diócesis de Cartago está caracterizada porque gran parte de su población se dedica a la agricultura, labor que está siendo muy afectada por la pandemia. Desde la Pastoral Social se mostró preocupación por esta población -cuántas veces nuestros agricultores ayudan generosamente a nuestras parroquias-, hoy es la Iglesia la que se acerca a ellos para que puedan colocar sus productos y ayudarles a que su trabajo no se pierda.

Me ha correspondido colaborar en el proyecto de la “Feria Parroquial”, una plataforma virtual de la Pastoral Social Diocesana, por medio de la cual los agricultores venden sus productos. Este proyecto lleva toda una logística y un gran trabajo. Contactar a los agricultores, explicarles el proyecto, recibirles el producto, abrir la plataforma, hacer pedidos, contestar llamadas, contestar mensajes, la entrega de los productos… En fin, tantas cosas que un proyecto de estos conlleva y que solo ha podido salir adelante por el compromiso de aquellos que han creído y puesto lo mejor de sí.

Es increíble ver la labor que el Padre Federico Montenegro ha estado llevando en el campo social de la diócesis y no puedo dejar de agradecer su servicio y ç testimonio; la entrega que hacen las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y Santa María de Guadalupe, presentes en la Urbanización Manuel de Jesús Jiménez; tantos laicos que de manera desinteresada buscan ayudar en este campo; a los sacerdotes y diáconos, que también están brindando su servicio; y también es necesario agradecer la vinculación de los seminaristas en este proyecto.

Hoy, gracias a todas a estas acciones puedo decir que, aunque los templos hayan permanecido cerrados, la Iglesia siempre ha buscado la unidad y el bienestar de todos. Debemos abogar por una Iglesia solidaria, fraterna, que no busca enriquecerse a sí misma, pobre para los pobres, que a pesar de la circunstancia no puede quedarse de “brazos cruzados”, sino que intenta siempre dar apoyo a quienes lo necesitan.

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