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Las alturas marean

By Lic. Lisandra Chaves Diciembre 23, 2020

El Padre Freddy Chacón, quien ya nos mira desde el cielo, y fue mi acompañante espiritual solía decirme: “tené cuidado de las alturas porque las alturas marean”. Cuando él se refería a las alturas equivalía al poder, el dinero en exceso y la fama. He pensado mucho en estas palabras con el caso de Diego Armando Maradona.

Me gustó la entrevista que le hicieron en canal 7 a mi exprofesor universitario, el sociólogo Carlos Sandoval, cuando indicó que era necesario leer y aprender del caso de Maradona pues es evidente que su situación se salió de control y lo desbordó.

El mundo nos hace creer que “dinero, fama y poder” constituyen la felicidad en esta vida y, sin embargo, vemos como algunos famosos se han suicidado, con dones extraordinarios, con lo que uno pensaría “tienen todo lo material para ser felices” y, sin embargo, ellos se quitaron la vida. En algunos casos se trata además de la adicción a las drogas.

¿Qué es lo que tenemos que aprender de esos casos? En primer lugar, que contrario a lo que indica el mundo, ni el dinero en exceso, ni la fama, ni el poder constituyen la felicidad total para el ser humano. Se trata de alegrías efímeras. Nada de eso permanece y si alguien pierde todo, su riqueza, fama y poder, pareciera que ya no existe como persona, que no vale nada y eso no es cierto, es entonces cuando aparece el Evangelio para abrirnos otra opción de vida, otro camino para ser realmente felices.

Se necesita trabajar para comer y Dios mismo nos da los talentos. La clave está en lo que decía el padre Freddy Chacón, “estar conscientes de que las alturas marean”. Si la vida nos llega a dar dinero, saberlo utilizar y compartir para hacer el bien; si el trabajo requiere una posición de poder verla siempre como un servicio hacia los demás y si la fama tocara la puerta, como le pasó al Papa Francisco, por ejemplo, esforzarse en ser pequeño, humilde, buen ejemplo y dar siempre las gracias y la gloria a Dios.

Maradona tiene un inmenso mérito al surgir desde la pobreza. Un mérito que yo reconozco en muchas personas que se superan en la vida, estudiando y trabajando. Un muchacho como él fue absorbido por los vicios de las alturas que no solo marean, sino que pueden triturar y sofocar hasta la muerte. Pienso mucho en los jóvenes que necesitan ídolos e influencers, es muy importante conversar con ellos sobre los peligros de esa falsa felicidad del mundo. Que tengan éxitos en su vida no es el problema, el problema es donde centran su vida, pues como dije antes, todo es efímero, solo Dios es permanente.

Me duele mucho la ambición desmedida de quienes nunca se sacian de tener y siempre quieren más, y por eso entonces caen en la corrupción. Me duelen los médicos presos por traficar órganos, los abortistas que hacen dinero a costa de sacrificar vidas humanas, me duelen las mujeres que dejan pisotear su dignidad por dinero, porque todas son vidas preciosas que podrían estar haciendo el bien a otros y siendo felices con las pequeñas cosas.

Este año ha sido muy duro y con mucho sufrimiento, pero estamos en Adviento que es tiempo de esperanza. Miremos a Dios que no nació en las alturas de este mundo (pudiendo hacerlo) y más bien se mantuvo pequeño y humilde. Necesitamos machacar el orgullo personal para reconocer que Dios mismo se hizo hombre para enseñarnos cómo ser felices desde la humildad.

La paz de vivir en gracia no se compra en ninguna parte y es gratuidad de Dios. Esa paz es un tesoro invaluable y todos la podemos tener, esa sí que es una felicidad permanente.

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